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04 febrero, 2007

Síndrome del corta y pega (I)

Las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación, en especial Internet, han significado un salto increíble en la producción y socialización de conocimientos. Sin embargo, algunos las usan como pretexto para plagios y fraudes

Cada vez con más frecuencia es habitual recibir en mi correo electrónico, o personalmente, al menos cinco o seis pedidos de información al día relacionadas con diversos temas de Informática. Mantener una página sobre este tópico por más de cinco años, que sale en un periódico de circulación nacional y se envía gratuitamente en un boletín electrónico a casi 5 000 suscriptores, pudiera explicar la vorágine de solicitudes.

Sin embargo, muchos de estos requerimientos rebasan la mera necesidad de un artículo o la de buscar información determinada sobre un tema, para pedir abiertamente materiales con los cuales cumplir tareas de clase de cualquier nivel.

De hecho, hace apenas unos días alguien me escribía por correo, buscando mi complicidad: «Mándeme cualquier "cosita" rápida que baje de Internet. No importa lo que sea, estoy apurado, yo lo arreglo y lo entrego... usted sabe cómo es eso».

Y sí, realmente por mi función alterna de profesor me ha tocado encontrarme en más de una ocasión con alumnos que han intentado «venderme» trabajos ajenos como propios, y con más de un colega que se ha visto en semejante apuro, y en la disyuntiva de no saber qué hacer con el informe del estudiante, al no tener cómo probarle, aun sospechando que es así, que se trata de un plagio de un material «bajado» de Internet.

FRANKESTEIN DIGITALES

El uso de Internet, de enciclopedias digitales y de otros recursos derivados de las nuevas tecnologías, está cada vez más extendido en los diferentes niveles educativos en todo el mundo y también en Cuba. Pero es hora de reflexionar si este «corta y pega» es verdaderamente educativo, y si el alumno aprende o meramente reproduce, sin siquiera leer en ocasiones, lo que está empastando y santificando con su firma.

El debate, por supuesto, es internacional. Las modalidades del fraude son múltiples y van desde la Primaria, pasando por la Secundaria, Preuniversitario, para instalarse cómodamente en las aulas universitarias. Solo la habilidad y experiencia del profesor pueden detectarlo y frenarlo.

Hay múltiples formas de expresión del llamado por muchos Síndrome del corta y pega. Están los que plagian trabajos completos o fracciones de este, hechos por alumnos en períodos anteriores, o los descargan de Internet e incluso los toman de una enciclopedia, casi siempre la Encarta —la más difundida— aunque no la única.

Otros encargan trabajos a terceros o les piden información para que se los hagan, algo muy recurrente en la Primaria, donde los padres elaboran trabajos para los hijos que en ocasiones semejan tesis de doctorado. Y no faltan quienes plagian secciones de texto de diversas fuentes anónimas, que van armando cual ladrillos, y que con un poco de maquillaje de redacción presentan como si fueran ideas propias.

Esta última modalidad, según nuestras pesquisas la más extendida, es la más difícil de detectar por los docentes, pues si bien es lícito buscar diversas fuentes de información para elaborar un material de clases, no consignar las fuentes de este, «olvidar» entrecomillar y citar frases ajenas, constituye un fraude.

¿APRENDEN?

El debate internacional sobre el «corta y pega» en las aulas —aunque también sucede fuera de estas— sitúa la mayor responsabilidad de que esto ocurra en los docentes y la escuela, encargados no solo de evitarlo, sino de formar, junto con la familia, valores de honestidad en los alumnos, para que sean ellos mismos sus propios autorreguladores ante la disyuntiva del fraude.

Como aseguraba el profesor mexicano Carlos Dreves en su trabajo publicado el 10 de septiembre de 2002, «Copiar y pegar: Los trabajos escolares e Internet», es evidente que con estas acciones «los estudiantes efectivamente cumplen con sus tareas académicas, utilizan estas nuevas competencias para la sociedad de la información, pero ¿aprenden?». Pregunta ante la cual el docente reconocía que es necesario incorporar nuevos elementos educativos en el trabajo con las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs).

Comentando el artículo de Dreves, el también mexicano Arturo León Romanos acotaba que «antes y ahora el problema no está en los recursos con los que cuenta el alumno, sino en la incapacidad (prevista y controlada) para crear o imbuir en los estudiantes el sentido auténtico y el valor de aprender para sí mismos»; mientras que Mariela Amorena Guzmán, de Uruguay, llamaba a los docentes a «no dejarse deslumbrar por las nuevas tecnologías y ser capaces de distinguir la producción del alumno de la de una fuente».

Ana Beatriz de Marín, de El Salvador, explicaba que «es bueno que aprendan y conozcan las nuevas técnicas, pero antes tenemos que fomentar valores morales y espirituales, para que sepan hacer buen uso de Internet»; y Mario Rubén Brun, de Argentina, enfatizaba en que «este tema del "copiar y pegar", es un campo propicio para comprender que las escuelas —por medio de sus docentes— tienen la indelegable misión de enseñar a sus alumnos no solo los contenidos curriculares habituales, sino también a ser decentes y honestos».

El debate, sin duda, es muy amplio, y como apuntaba Yoe F. Santos, profesor de República Dominicana, «una cosa es crear las bases para evitar que se cite de forma inapropiada, se mutile o piratee material virtual, y otra es la adopción de una suerte de excomunión por el uso de tales tipos de recursos, en favor del ábaco vs. la computadora personal».

NENÉS FILÓSOFOS

A simple vista, parece que el tiempo de los libros prestados, las horas en biblioteca y los trabajos de clases realizados tras horas de lectura y reflexión, parecen haber quedado atrás para quienes creen que con un par de clics se resuelve una nota o se obtiene un título.

No faltan tampoco los profesores que pretenden que un alumno de Primaria o Secundaria elabore una disertación casi filosófica o enciclopédica sobre un tema, que evidentemente termina haciendo papá, mamá o un tío, quienes en no pocas ocasiones descargan la información de Internet para salir del apuro.

Lo más preocupante es que el docente, deslumbrado por la evidente exquisitez de colores, información y páginas del trabajo práctico, en muchas ocasiones «premia» con la mejor nota ese plagio, en detrimento de otros materiales que en ocasiones son el resultado del esfuerzo propio de niños y adolescentes.

Peor aun resulta ver a padres molestos y reclamando a voz en cuello una nota para su «nene» pues no entienden por qué el maestro no da la máxima calificación al «tratado», cuando ellos son responsables del fraude que ayudaron a gestar, y distorsionando ante su propio hijo el valor del esfuerzo propio.

Las pesquisas que ha hecho y hace JR sobre este tema demuestran que hay mucha tela por donde cortar. No se trata de satanizar o excomulgar a Internet y otras tecnologías, que han significado un salto inmenso en el saber de la Humanidad y su difusión. Pero tampoco ese cúmulo de conocimientos a la distancia de un clic puede ser justificación para el plagio, el fraude y la mentira.

Juventud Rebelde


21 diciembre, 2006

Intervención de Raúl Castro en el Congreso de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) : Extracto

Un congreso para hacer historia

Exhorta Raúl a los universitarios a continuar en la primera fila de la defensa de la Revolución

María Julia Mayoral y Katia Siberia García
ma.julia@granma.cip.cu

Foto:RICARDO LÓPEZ HEVIA Este es un Congreso como para hacer historia, si somos capaces de darle continuidad y cumplir lo que hemos acordado, aseguró ayer el general de ejército Raúl Castro Ruz, Segundo Secretario del Partido, al evaluar el VII Congreso de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), finalizado ayer en el Palacio de las Convenciones.

El Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros consideró igualmente que el foro estudiantil puede catalogarse como el mejor de los celebrados hasta el momento, por el contenido y la profundidad de sus debates, y el momento histórico en que se ha realizado.

Digo histórico, comentó Raúl, porque nosotros (la generación que logró el triunfo de la Revolución) estamos terminando el cumplimiento de nuestro deber y hay que seguir abriéndole paso a las nuevas generaciones paulatinamente. Es histórico, recalcó, porque el Congreso tuvo como plataforma de discusión el discurso del Comandante en Jefe, pronunciado el 17 de noviembre del 2005 en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, en el cual Fidel dio un campanazo de alerta sobre el futuro de la Revolución en un mundo tan convulso y complejo como el actual.

Raúl exhortó a los universitarios a desarrollar sin temores el ejercicio del debate, el análisis y la discrepancia, pues de la discusión oportuna, en el lugar adecuado y con formas correctas, siempre saldrán las mejores decisiones.

El Ministro de las FAR contó que por su experiencia personal puede dar fe de la importancia de promover esa actitud ante la vida. El primer principio de la construcción de unas fuerzas armadas, dijo, es el mando único; pero eso no significa que no se pueda discutir. Siempre digo, discutan hasta la saciedad y después tráiganme las discrepancias; así es que vamos conformando las decisiones, y estoy hablando de grandes decisiones, indicó.

Con su habitual jovialidad, Raúl también compartió con los jóvenes anécdotas de la infancia junto a sus hermanos Ramón y Fidel, y prometió a los reunidos que no haría ni un discurso ni una extensa intervención como los que suele hacer el Comandante en Jefe, pues Fidel es insustituible. Salvo que lo sustituyamos todos juntos, cada uno en su lugar, cumpliendo su tarea concreta. El sustituto de Fidel, sentenció, solo lo puede ser el Partido Comunista de Cuba.