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24 octubre, 2012

Impacto de alimentos transgénicos aún desconocido

Julia Kallas entrevista a RENE SHARP, investigadora sobre transgénicos

NUEVA YORK, oct (IPS) - Los alimentos genéticamente modificados aparecieron por primera vez en los comercios de Estados Unidos en 1994. Desde entonces, su consumo se ha vuelto habitual. Pero como el fenómeno es tan reciente, los efectos a largo plazo de su ingesta son todavía inciertos.

Una amplia gama de temas en torno a los transgénicos preocupan a Estados Unidos, incluyendo su consumo excesivo, las débiles leyes sobre etiquetado y la falta de estudios a largo plazo sobre sus efectos en la salud y respecto de cuál debe ser la intervención del gobierno.

Sobre estos aspectos dialogó con IPS la científica Renee Sharp, directora para el occidental estado estadounidense de California del independiente Environmental Working Group y autora del estudio "Americans Eat Their Weight in Genetically Engineered Food" ("Los estadounidenses comen su peso en comida genéticamente manipulada").

En la investigación, el Environmental Working Group analizó información del Departamento de Agricultura y concluyó que cada estadounidense come unos 87 kilogramos de alimentos genéticamente modificados al año.

Por comparación, el adulto típico en Estados Unidos pesa 81 kilogramos.

IPS: Ahora que el informe ha sido divulgado, ¿qué espera que haga el gobierno?

RENE SHARP: Los estadounidenses comen su peso cada año en productos genéticamente modificados. Los cálculos de Environmental Working Group muestran que, en promedio, las personas ingieren al año unos 87 kilogramos estimados de comida transgénica. Sin embargo, el adulto típico pesa 81 kilogramos.

Estas cifras nos llevan a hacer la pregunta: si uno pretende comer su peso en determinados alimentos, ¿no quisiera asegurarse de que lo que consume es seguro?

Sorprendentemente, casi no se han realizado estudios a largo plazo sobre el consumo de alimentos genéticamente modificados.

Queremos ver que el gobierno realice esos estudios, y que permita a científicos independientes tener el poder para hacer lo mismo, poder que no tienen ahora porque las empresas que hacen las semillas transgénicas deciden cuáles son los estudios que se pueden hacer.

Entonces, ¿qué pueden hacer los consumidores mientras tanto? No mucho, a menos que exijan el etiquetado de los transgénicos. Al menos allí los consumidores sabrán si su alimento contiene o no ingredientes manipulados y podrán decidir por ellos mismos si eso es lo que quieren para ellos y sus familias.

El derecho básico a saber será más importante en el futuro, ya que se espera que el consumo de alimentos transgénicos crezca sustancialmente.

Estamos instando a los californianos a que voten Sí a la Propuesta 37: la Iniciativa para el Etiquetado Obligatorio de los Alimentos Genéticamente Modificados. De esa forma pueden decidir si quieren comprarlos o no.

IPS: ¿Por qué Estados Unidos está tan rezagado respecto del resto del mundo sobre el tema del etiquetado? ¿Y qué acciones deben hacer el gobierno y los líderes políticos para cambiar esto?

RS: Monsanto, Dow y otras compañías que fabrican y venden semillas transgénicas tienen un increíble poder e influencia sobre el gobierno de Estados Unidos.

El gobierno y los políticos deben escuchar a los millones de ciudadanos que han pedido que se etiqueten los alimentos genéticamente modificados y que se le dé al pueblo el derecho saber qué están comiendo.

IPS: ¿Por qué la industria de los alimentos transgénicos emergió tan rápidamente en la última década?

RS: Los fabricantes de semillas modificadas genéticamente han hecho muchas promesas falsas: alimentar al mundo, disminuir el uso de pesticidas y salvar el dinero de los agricultores, pero no han hecho nada de esto.

La cantidad de alimentos no ha aumentado, el uso de pesticidas incrementó y los pequeños productores se están arruinando, mientras crecen enormes "súper malezas" que hacen imposibles las prácticas agrícolas tradicionales.

Como no hay obligatoriedad de hacer estudios, las semillas ingresaron relativamente rápido al mercado.

IPS: ¿Podría brevemente hablar sobre la Propuesta 37 en California, que será votada en noviembre? ¿Qué significará para el resto del país si es aprobada?

RS: Significará que las personas en California tendrán el derecho a saber qué hay en sus alimentos y podrán elegir si quieren darles a sus familias comida que tiene ingredientes genéticamente modificados.

Si la Propuesta 37 es aprobada, ayudará al resto del país, porque California representa alrededor de 12 por ciento del mercado de alimentos en Estados Unidos y es poco probable que las compañías creen una etiqueta para California y otra diferente para el resto del país.(FIN/2012)

10 febrero, 2007

Los benefactores de la biotecnología y el biocombustible de la U. de California: El poder de las grandes finanzas y las malas ideas

- - - Servicio Informativo "Alai-amlatina" - - -

Miguel A. Altieri
Eric Holt-Gimenez

Con gran alarde, la British Petroleum (BP) acaba de donar una enorme suma para fondos de investigación de la Universidad de California en Berkeley, los Laboratorios Lawrence Livermore y la Universidad de Illinois, a fin de que puedan desarrollar nuevas fuentes de energía: básicamente biotecnología para desarrollar plantaciones que generen biocombustible.

La donación se produce en el aniversario del infeliz negocio de Berkeley con la gigante de semillas Novartis para investigación, hace diez años. Sin embargo, con 500 millones de dólares, la donación de la BP representa diez veces más la inversión de Novartis. La presentación visual del anuncio fue inconfundible: el logotipo de la corporación BP está perfectamente alineado con las banderas de la Nación, del Estado y de la Universidad.

El director ejecutivo y presidente Robert A. Malone dijo que la BP se estaba "uniendo a algunos de los mejores talentos mundiales en ciencias e ingeniería para responder a la demanda por energías de bajo contenido de carbono, que estaremos trabajando para mejorar y expandir la producción de energía limpia, renovable, a través del desarrollo de mejores plantaciones".

Esta asociación refleja un alineamiento global corporativo rápido, sin fiscalización, y sin precedentes de las más grandes empresas del mundo en el agro-negocio (ADM, Cargill y Bunge), la biotecnología (Monsanto, Syngenta, Bayer, Dupont), el petróleo (BP, TOTAL, Shell) y las industrias automotrices (Volkswagen, Peugeot, Citroen, Renault, SAAB). Para ellas es una inversión relativamente pequeña, ya que estas empresas se van a apropiar de la pericia académica construida a través de décadas de apoyo gubernamental, lo que se traduce en billones de ganancias para esos socios globales.

¿Esta sería una programación que sólo trae ganancias a la Universidad, al público, al medioambiente y la industria? Difícilmente. Además de sobrecargar la programación de las investigaciones de la Universidad, lo que los científicos que están detrás de este evidente negocio privado omiten mencionar es que la aparente "boca-libre" de combustible basado en plantaciones no puede satisfacer nuestra hambre de energía y que no será gratis, ni saludable desde el punto de vista ambiental.

Destinar toda la producción actual de maíz y soja de EE UU para la producción de biocombustibles sólo satisfaría el 12% de nuestra demanda de gasolina y el 6% de diesel. El total del área de EE UU para plantaciones alcanza 625.000 millas cuadradas. Para sustituir el consumo de petróleo de EE UU por biocombustible serían necesarias 1.4 millones de millas cuadradas para etanol de maíz y 8.8 millones de millas cuadradas de soja para biodiesel. Se estima que los biocombustibles van a transformar los estados de Iowa y Dakota del Sur en importadores de maíz hacia el 2008.

El equilibrio energético del biocombustible –la cantidad de energía fósil usada para producir las plantaciones de biomasa comparada con la que será producida– no es nada prometedor. Los investigadores Patzek y Pimentel identifican graves equilibrios negativos de la energía proveniente de biocombustibles. Otros investigadores encuentran un retorno de sólo 1.2 a 1.8 veces para el etanol, en el mejor de los casos, con dudas en relación a biocombustibles basados en celulosa.

Los métodos industriales de producción de maíz y granos de soja dependen de los monocultivos en gran escala. El maíz industrial exige altos niveles de fertilizante químico de nitrógeno (responsable en gran parte de la zona muerta en el Golfo de México) y el herbicida atrazine, un fragmentador endocrino. La soja exige cantidades masivas de herbicida no-selectivo Roundup, que desequilibra la ecología del suelo y produce "súper malezas dañinas". Ambos monocultivos producen una masiva erosión de la capa superficial del suelo y contaminación del agua superficial y subterránea debido a la evacuación de pesticidas y fertilizantes. Cada galón de etanol absorbe de 3 a 4 galones de agua en la producción de biomasa. La expansión de combustible "en espiga" para áreas más secas en el Centro-Oeste va a reducir el ya perjudicado acuífero Ogallala.

Uno de los motivos industriales más subrepticios del proyecto de los biocombustibles –y el motivo por el que Monsanto y compañía son actores clave– es la oportunidad de transformar irreversiblemente la agricultura en plantaciones genéticamente modificadas (GMOs en inglés). Actualmente, el 52% del maíz, el 89% de la soja y el 50% de la colza en EE UU son GMOs. La expansión de biocombustibles a través de "maíz programado", genéticamente adaptado para plantas especiales para el procesamiento de etanol, va a remover todas las barreras prácticas para la permanente contaminación de todas las plantaciones no genéticamente modificadas.

Obviamente, EE UU no puede satisfacer su apetito de energía con biocombustibles. En su reemplazo, los cultivos para combustibles estarán ubicados en los países en vías de desarrollo, sean estas plantaciones en gran escala de caña de azúcar, palmeras que producen aceite y granos de soja, que ya están sustituyendo bosques tropicales primarios y secundarios y pastos en Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador y Malasia.

La soja ya causó la destrucción de más de 91 millones de acres de bosques y pastos en Brasil, Argentina, Paraguay y Bolivia. Para satisfacer la demanda del mercado mundial, sólo Brasil tendrá que talar 148 millones más de acres de bosque. La reducción de gases que producen el efecto invernadero se pierde, cuando los bosques que captan carbono son talados para dar paso a las plantaciones que producen biocombustibles.

A más de esto, centenas de miles de pequeños productores campesinos están siendo desplazados por la expansión de la soja. Muchos más perderán sus tierras debido a los biocombustibles. La expansión de tierras cultivables con plantaciones de maíz amarillo para etanol ya redujo el suplemento del maíz blanco para tortillas en México, provocando un aumento de los precios en un 400%. Eso hizo que los líderes campesinos presentes en el reciente Foro Social Mundial en Nairobi exigieran: ¡"Nada de tanques llenos cuando todavía hay estómagos vacíos!".

Con la promoción en gran escala de monocultivos mecanizados, que exigen la introducción de agro-químicos y máquinas, y conforme los bosques que captan carbono sean destruidos para dar paso a las plantaciones para biocombustibles, las emisiones de CO2 aumentarán y no disminuirán. La única manera de parar el calentamiento global es promover la agricultura orgánica en pequeña escala y reducir el uso de todos los combustibles, lo que implica disminuir los patrones de consumo y el desarrollo de sistemas masivos de transporte público, áreas que la Universidad de California debería estar activamente investigando y en las cuales la BP y los otros asociados en función de los biocombustibles nunca invertirán uno solo centavo.

Las consecuencias potenciales para el medioambiente y la sociedad del financiamiento de la BP son profundamente perturbadoras. Después del informe de la revisión externa del acuerdo entre la Universidad de California y Novartis, que recomendó que la Universidad no realizase tales acuerdos en el futuro, ¿como se pudo anunciar un negocio tan grande sin un amplia consulta al cuerpo docente de la Universidad?

La universidad ha sido conducida a una asociación corporativa que puede transformar irreversiblemente los sistemas de alimentos y combustibles del planeta y concentrar un enorme poder en las manos de unos pocos socios corporativos.

Cabe a los ciudadanos de California exigir a la Universidad se responsabilice de investigaciones que verdaderamente apoyen alternativas sostenibles para la presente crisis energética. Un debate público serio sobre este nuevo programa ya debió haberse realizado hace tiempo.

(Traducción ALAI)

- Miguel A. Altieri, Profesor de la Universidad de California en Berkeley
- Eric Holt-Gimenez, Director Ejecutivo, "Food First", Oakland


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28 diciembre, 2006

Algodón transgénico en surco legislativo


Por Mario Osava

RÍO DE JANEIRO, 23 dic (IPS) - El algodón sigue en Brasil los pasos de la soja. Sus variedades transgénicas, introducidas de contrabando en el país en los últimos años, pueden ahora ser legalizadas por medio de un proyecto ya aprobado de forma subrepticia en la Cámara de Diputados.

La iniciativa pasa ahora al Senado, donde su aprobación es segura, porque existe una mayoría aún más abrumadora favorable a los cultivos genéticamente modificados, según Jean Marc von der Weid, coordinador de la Asesoría y Servicios a Proyectos de Agricultura Alternativa (AS-PTA), una organización no gubernamental activa "Por un Brasil libre de transgénicos".

Los diputados, en realidad, debían tratar la conversión en norma de una Medida Provisional, que son decretos presidenciales con fuerza de ley que dependen de aprobación parlamentaria para seguir vigente después de tres meses de aplicados.

La Medida estaba destinaba a establecer reglas para proteger las áreas de conservación natural de amenazas de contaminación transgénica. Pero en concreto lo que hizo fue reducir de 10.000 metros a 500 metros la zona de amortiguamiento, es decir la distancia entre las siembras modificadas y las reservas de bosques y biodiversidad.

En la tramitación del proyecto, además, el relator Paulo Pimenta, diputado del gobernante Partido de los Trabajadores (PT), le agregó dos nuevas disposiciones.

Una de ellas legaliza el algodón transgénico sembrado y producido ilegalmente en Brasil, una parte incluso bajo atención del Ministerio de Agricultura.

Otro punto adicionado facilita la liberación de cultivos genéticamente modificados en el país, que necesita la aprobación de 18 de los 27 miembros de la Comisión Técnica Nacional de Bioseguridad (CTNBio). La propuesta reduce la exigencia a una mayoría simple, es decir 14 votos.

El cambio responde a presiones de investigadores y organizaciones de grandes agricultores, que se intensificaron hace un mes, después de que una reunión de la CTNBio no logró autorizar la importación y comercialización de una vacuna transgénica contra la enfermedad de Aujeszky, que afecta el ganado porcino, pese a la mayoría de 17 votos favorables y sólo cuatro en contra.

La modificación presentada por Pimenta fue aprobada el miércoles por 247 diputados. Votaron en contra 103, la mayoría del propio PT, acompañado de pequeños partidos de izquierda. El Senado podrá examinar este asunto materia a partir febrero, después del receso de dos meses.

La reducción de la mayoría necesaria en la CTNBio forma parte de "un proceso de intimidación" de los operadores que se oponen a los transgénicos en favor de una política de bioseguridad, dijo Von der Weid a IPS. "Quieren expulsarlos de la Comisión", acotó.

En su opinión, la alteración tendrá poco efecto práctico, ya que la CTNBio tiene mayoría de científicos interesados en investigaciones sobre modificaciones genéticas, que son aprobadas sin problemas.

Pero antes de aprobar cultivos comerciales de variedades transgénicas, la Comisión tendrá que definir criterios de evaluación de riesgos, y eso retarda las autorizaciones, más que las dificultades para obtener la mayoría de dos tercios.

Además, esta nueva regla de la CTNBio se transforma en "irrelevante" ante la política de "hecho consumado", de introducir variedades transgénicas ilegalmente al país, para luego legalizarlas por medidas parlamentarias, sostuvo Von der Weid.

Algo similar ocurrió con la soja desarrollada por la empresa estadounidense Monsanto para resistir al herbicida Roundup Ready (RR) producido por la misma firma. Hace unos 10 años, sus semillas se introdujeron de contrabando en el sur de Brasil procedente de Argentina, pasando a dominar ahora la producción en el estado de Río Grande del Sur, limítrofe con ese país.

Ante el hecho consumado, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva decidió legalizar su cultivo a través de sucesivas Medidas Provisionales desde 2003, hasta que el parlamento aprobó finalmente una nueva Ley de Bioseguridad en 2005. Buena parte de la soja producida en el centro, oeste y sur de Brasil es genéticamente modificada.

Los opositores destacan que el algodón y el maíz transgénicos presentan mayores riesgos de contaminación porque en el país hay especies nativas de esas plantas, al contrario de la soja. Se estima en 150.000 hectáreas la siembra de algodón con semillas transgénicas.

La decisión de la Cámara de Diputados constituye "un retroceso" en la política de bioseguridad y "emite una señal muy negativa", indicando que se puede violar las leyes que "no pasará nada", para luego adoptar una medida que borrará el delito, destacó el activista.

El movimiento "por un Brasil libre de transgénicos" intentará trabar en el Senado este proyecto, pero se sabe que la correlación de fuerzas es más desfavorable aún, ante la fuerte presencia de senadores vinculados al negocio agropecuario.

Pero se intentará también una acción judicial "contra la decisión ilegal" de la Cámara, que "legisló violando leyes" que aprobó anteriormente, así como contra el gobierno, más precisamente con la mira en el Ministerio de Agricultura, anunció Von der Weid.

Esa cartera ministerial fue "cómplice" de los agricultores, al no destruir el algodón transgénico producido ilegalmente y no actuar debidamente en la inspección de la siembras, arguyó. (FIN/2006)