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27 enero, 2007

Miami: refugio de terroristas

Gloria La Riva
 
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

¿Desde cuándo sirve la entrega de inmensos arsenales de armas para aliviar la condena de un culpable?

Pero es lo que sucede en el caso Santiago Álvarez y Osvaldo Mitat, que según toda definición en un diccionario, son terroristas. ¿Cuál es la evidencia en su contra? Ametralladoras, explosivos C-4, dinamita, lanzadores de granadas, declaraciones grabadas que llaman a atentar contra un club nocturno repleto de gente, la admisión de complots para asesinar al presidente de Cuba, y suma y sigue.

A pesar de todo, ahora la oficina del fiscal de USA en Miami ha organizado la entrega de los arsenales de armas de Álvarez para reducir su condena a prisión. La condena ya es un ridículo tirón de orejas: cuatro años para Álvarez, tres para Mitat, por la única acusación relacionada con las armas por la que se permitió que se declararan culpables en noviembre.

Que yo sepa, Miami solía ser una ciudad en USA. Que yo sepa, hay leyes en USA contra el lanzamiento de acciones armadas contra un país con el que USA no está en guerra. Sin embargo, los abogados de Álvarez y Mitat declaran abiertamente que el objetivo de sus clientes "siempre" fue derrocar a Fidel Castro.

La situación en Miami se hace más y más extravagante, pero no es una extravagancia divertida. Estamos hablando de terrorismo.

Álvarez recibirá una condena inferior a la de los "Cinco Cubanos," hombres que trabajaron en Miami tratando de detener a los terroristas, que están sirviendo entre 15 años y doble condena perpetua en una prisión federal de USA.

Las actuales revelaciones sobre las actividades de los terroristas en Miami – y la influencia que tienen sobre las instituciones de la ciudad – prueban cada vez más que los Cinco Cubanos nunca podrían haber esperado un juicio justo en Miami. Desde el primer día, cada aspecto del procesamiento del gobierno de estos cinco hombres, su arresto, juicio y condena por el gobierno de USA, fue políticamente motivado.

Es evidente que el objetivo del gobierno de USA en el procesamiento de los Cinco Cubanos fue atar las manos de estos antiterroristas. Al mismo tiempo, hizo la vista gorda mientras terroristas como Álvarez y Mitat acumulaban armas y tramaban complots de asesinato.

Las bandas terroristas deben pensar que Miami es el refugio perfecto para su calaña. Después de todo, es por donde Álvarez y su equipo entraron ilegalmente al país a Posada. No hay que olvidar a los tres cómplices de Posada en el complot terrorista de Panamá. Volaron a Miami horas después de su ignominioso perdón en agosto de 2004.

¿Ha considerado alguna vez el FBI o la oficina del Fiscal de USA el procesamiento de esos tres terroristas? Hay ciertamente suficiente evidencia contra Guillermo Novo Sampol, Pedro Remón y Gaspar Jiménez por sus crímenes terroristas cometidos en suelo USamericano. Y su complot para tratar de asesinar a Fidel Castro en Panamá, se cualifica definitivamente como una violación de la Ley de Neutralidad.

Pero el FBI entrevistó a los terroristas a su llegada a Miami y los dejó en libertad.

El 15 de enero, Álvarez y Mitat fueron acusados por negarse a atestiguar ante un jurado de acusación en El Paso sobre su papel en la entrada ilegal de Posada a USA en marzo de 2005. ¿Y el Fiscal Federal de USA va a reducir sus sentencias? ¿Qué pasa?

Es obvio que la orientación de los funcionarios de USA al mimar a los terroristas de Miami proviene directamente de la Casa Blanca. George Bush no ha articulado una sola palabra para denunciar o reconocer la presencia de Luis Posada Carriles en USA o su historial de terrorista.

El Secretario de Justicia, Alberto Gonzales, aún no ha declarado que Posada es un terrorista. Por su inacción Gonzales puede estar dando la máxima luz verde a Posada. El juez de inmigración ha fijado el 1 de febrero para que el gobierno de USA declare que Posada es el terrorista que es, o podría suceder que sea liberado.

La Secretaria de Estado Condoleezza Rice sigue ignorando la solicitud de extradición venezolana de Posada por su papel dirigente en el atentado contra el avión de Cubana de Aviación en 1976 y el asesinato de 73 personas.

La absoluta impunidad con la que operan los terroristas anticubanos de Miami, y la complicidad del gobierno de USA en su protección, exigen una investigación externa independiente. Lo que se necesita es la investigación y el procesamiento de los terroristas, no condenas simbólicas.

Mientras tanto, partidarios de los Cinco Cubanos siguen luchando por su libertad. Para saber más sobre la campaña y sus llamados, abra freethefive.org

03 octubre, 2006

EL EXILIO COMO PEDESTAL

 

Alejandro Armengol

HAY EN MIAMI un grupo de individuos empeñados en mostrar, a los cubanos y al mundo, un exilio envenenado en el revanchismo, la estupidez y la intransigencia. Al frente de organizaciones con nombres pomposos —como Unidad Cubana y Foro Patriótico Cubano— se autoproclaman los líderes de una oposición “total y vertical” al régimen de La Habana.

No sólo resultan inofensivos al gobierno que pretenden combatir, sino que sirven de alimento fácil y diario para las críticas a la comunidad cubana por parte de La Habana. Su ineptitud para influir en algún tipo de cambio en la Isla es superada con creces por el daño que le hacen a la imagen del exilio.

Personas que no admiten una opinión en contra —basta escucharlos en la radio de Miami—, pretenden impulsar la creación de una sociedad democrática en Cuba.

Más allá del saludable fin terapéutico y de entretenimiento que proporcionan a sus seguidores y oyentes —quienes sin gastar un centavo encuentran un foro en que expresar desde las frustraciones y las viejas rencillas a los justos deseos de regresar a la patria, acumulados durante décadas— poco logran, salvo alimentar sueños.

En este sentido cumplen la función social —y hasta humanitaria— de brindar satisfacción y consuelo a una parte del exilio que se aferra al pasado. Pero sus intenciones van más allá de la tertulia, la reunión en el café y la conversación de esquina. Los principales dirigentes de estas organizaciones aspiran, de una manera o de otra, a influir en el futuro de Cuba.

Este último objetivo no lo han logrado nunca y ahora cuentan con menos esperanzas que antes para alcanzarlo. Sin embargo, su influencia negativa se ha hecho sentir en la política local y en la aprobación de medidas —especialmente desde la llegada del presidente George W. Bush al poder— que en nada han contribuido al avance de las condiciones para un cambio en la Isla.

Con una obstinación invulnerable al paso del tiempo, quienes pretenden representar al exilio apelando a fórmulas gastadas y alimentando rencores no se cansan de repetir que ha llegado el momento de la unidad y que está cerca el día en que ellos puedan regresar a Cuba para jugar un papel fundamental en los destinos de la nación. Día a día ajustan su discurso para obviar las señales en contra, pasar por alto los llamados a la discreción de sus propios aliados en Washington y olvidar hoy lo que ayer indicaron era una prueba irrebatible de la certeza de sus opiniones.

Nada detiene a estos “líderes del exilio”: ni las declaraciones de la Casa Blanca de que son los residentes de la Isla quienes deben decidir sobre su futuro, ni la situación internacional favorable al régimen y mucho menos la pasividad actual existente en Cuba.

Proclaman que su victoria está cerca sin detenerse en las noticias, aferrados a un plan inútil y una visión cada vez más alejada de la realidad cubana.
Esclavos de lo que vienen repitiendo año tras año, no tratan de ajustar su estrategia a las condiciones actuales, desprecian cualquier táctica que se aparte de su discurso aburrido y rechazan los puntos de vista ajenos con el fervor de los iluminados.

Sin embargo, tanta supuesta pasión por la “causa cubana” no les impide mantener su estilo de vida acomodada, alejada de los sacrificios a que se ve sometido un exiliado cualquiera, en los más diversos lugares del mundo, que sólo piensa en su país. La referencia constante a José Martí no ha significado nunca —para estos señores de la guerra contra Castro— el imitar su ejemplo.

El exilio como un pedestal desde donde alcanzar los mayores beneficios personales.