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27 mayo, 2007

Marge, la vaca de la leche desnatada

EFE. 27.05.2007 - 15:55h 20minutos.es
  • Tiene una mutación genética particular, en la que los investigadores no han participado, es algo natural.
  • La primera de estas vacas fue descubierta por los investigadores de la empresa biotecnológica, Vía Láctea.
  • Los primeros rebaños de este tipo de vacas empezaran a comercializarse en 2001.
  • Aún no han logrado identificar los genes especiales de Marge

Científicos neozelandeses han logrado criar vacas que producen leche con menos grasa que la normal y con un contenido elevado de aceites omega-3 y grasas poli-insaturadas, según informa el dominical "The Sunday Times" .

Las vacas, que tienen una mutación genética particular, proceden de una hembra descubierta por los expertos entre millones de animales estudiados en Nueva Zelanda.

Se compro por 175 euros y fue trasladada a un lugar secreto
Los científicos de ViaLactia, la empresa biotecnológica neozelandesa que ha hecho ese descubrimiento, han bautizado a esa vaca extraordinaria con el nombre de Marge.

Lo que las diferencia
Según el director científico de ese laboratorio, Russell Snell, "Marge tiene el aspecto de una vaca frisia normal, pero difiere en tres aspectos cruciales".

"Produce un nivel normal de proteínas en su leche pero mucha menos grasa, la que produce contiene mucha más grasa insaturada, y la leche se caracteriza por niveles elevados de omega-3".

Un beneficioso descubrimiento 
Marge fue descubierta en 2001 por los investigadores de ViaLactia, que pagaron el equivalente de 175 euros a su propietario antes de trasladarla a un lugar secreto.

La pregunta que se hicieron los científicos es si las terneras que naciesen de esa vaca heredarían la capacidad de producir ese tipo de leche, como así ocurrió.

La empresa neozelandesa, que tiene su sede en Aucklan, afirma que los primeros rebaños de ese tipo de vacas comenzarán a explotarse comercialmente a partir de 2011.

ViaLactia confía en que los machos que nazcan de esa vaca sean portadores también de los mismos genes que las hembras porque de esa forma podrían obtenerse "cientos de miles de vacas como Marge".

Los científicos de esa compañía no han logrado todavía identificar los genes especiales de Marge, pero confían en hacerlo pronto.

Una descripción breve de la investigación de ViaLactia se publicará esta semana en el boletín Chemistry & Industry, de la Sociedad de la Industria Química.

18 abril, 2007

Crean vacas capaces de producir insulina

Son únicas en el mundo; permitirán bajar costos

La Argentina acaba de convertirse en el único país del mundo capaz de producir insulina humana con vacas transgénicas. El logro científico-tecnológico la coloca a la vanguardia del reducido grupo de naciones –no más de cuatro o cinco– que están desarrollando moléculas de uso medicinal en animales modificados genéticamente.

A lo largo del mes pasado nacieron cuatro terneras sin parangón: todas ellas tienen en sus células –bovinas– el gen que les permite producir en su leche esta hormona –humana– que se utiliza para tratar la diabetes.

La dinastía Patagonia, cuyos primeros exponentes pastan rigurosamente vigilados en los terrenos que la empresa BioSidus tiene en el norte de la provincia de Buenos Aires, representa un nuevo hito en el desarrollo de una plataforma tecnológica para la producción de medicamentos: el llamado tambo farmacéutico.

"Sólo en la Argentina se consumen anualmente alrededor de 200 kilos de insulina; la mayor parte, importada. La demanda mundial asciende a 20 toneladas... Por eso, tal como ocurrió con la hormona de crecimiento [la primera molécula que la empresa local produjo en bovinos transgénicos], en el caso de la insulina se hace necesaria una alternativa tecnológica de alta productividad y bajo costo para abastecer esta enorme y creciente demanda", explicó el doctor Marcelo Criscuolo, director ejecutivo de BioSidus. La técnica a que hace referencia el científico es la recombinación genética, que permite manipular el ADN y crear organismos específicamente diseñados para sintetizar proteínas de interés. En el caso de los bovinos, permite convertirlos en verdaderas fábricas ambulantes capaces de transformar pasto en medicamentos.

Pero aunque la idea es sencilla, la realización es un desafío nada desdeñable, porque si bien la insulina es una molécula muy conocida (y la primera que se produjo por recombinación genética, pero con bacterias), planteaba una serie de incógnitas.

Algo que inquietó particularmente a los científicos fue que existía la posibilidad de que su producción por parte de la vaca podía, en principio, ser tóxica para el propio animal.

Para sortear este obstáculo, fue necesario hacer dos desarrollos al mismo tiempo: por un lado, "armar" el gen del precursor de la insulina de forma que fuera inactivo en las vacas, y por el otro, insertarlo en el genoma bovino y lograr que se expresara solamente en el tejido mamario.

"Tuvimos que formular una estrategia, porque habíamos visto y se sabe por la literatura científica que parte de las proteínas de la leche pasan a la sangre del animal -explica el doctor Andrés Bercovich, gerente de Desarrollo Tecnológico de la empresa local-. De hecho, nosotros detectamos presencia de la hormona de crecimiento humana en la sangre de las vacas que la producen en su leche, y esto obviamente tiene un efecto fisiológico. Ahora, si con la insulina ocurriera eso, sería devastador. La función de esta hormona es permitir la entrada de glucosa en los tejidos. Con las altas producciones que hay en la leche, si pasara insulina activa a la sangre de los bovinos, los niveles de glucosa podrían bajar a cero en segundos, lo que determinaría la muerte del animal."

Los científicos decidieron, entonces, diseñar un gen modificado espacialmente para que no pudiera activarse en el organismo bovino. "Le cambiamos la forma de tal manera que, después de un proceso de purificación de la leche, podemos obtener nuevamente la insulina nativa, que es idéntica a la humana y puede utilizarse como medicamento", detalla Bercovich.

El gen de la insulina tiene una cadena A, una cadena B y un péptido C que las une. Los investigadores removieron ese péptido e insertaron en su lugar una construcción genética artificial, de manera tal que cuando se desea es posible cortarlo utilizando enzimas (proteasas) y obtener la forma humana de la hormona.

"Primero insertamos esa construcción en levaduras y comprobamos que producía el precursor modificado espacialmente -prosigue Bercovich-. Fabrica una conformación espacial tal que hace que los receptores de insulina bovinos no la reconozcan. Se hace inactiva. Una vez obtenido el producto puro a través de la fermentación, lo que hicimos fue verificar que los animales no respondieran."

La prueba de tolerancia consistió en inyectar cantidades crecientes del precursor de la insulina en clones de raza jersey perfectamente caracterizados. Se llegó a transferirles 50.000 veces más insulina que las dosis normales en sangre y mucho más de lo que puede llegar a pasar desde la leche al sistema linfático. No hubo ningún efecto.

Una vez cumplida esa etapa, se pasó a insertar el gen en la célula embrionaria que se empleó para la clonación, obtenida de una vaca de raza jersey. "Hicimos una construcción genética que permite que este gen sea producido en los animales -agrega Bercovich-. Pero como queríamos que se expresara solamente en la leche, le pusimos un promotor de la expresión de esta proteína en las glándulas mamarias, una señal de secreción para que la proteína fuera secretada por las células y una señal de terminación."

Esta célula manipulada genéticamente se fusionó luego con un óvulo al que se le había extraído el núcleo. Por el fenómeno de reprogramación, el resultado comenzó a comportarse como un óvulo fecundado. A los siete días, el embrión se implantó en un útero acondicionado de tal manera que fuera capaz de sostener la gestación.

El 23 de febrero nació la primera ternerita y luego, tres más. Dentro de unos diez meses los investigadores inducirán en ellas la producción de leche para medir los niveles de insulina que segregan, pero los cálculos más conservadores indican que un rodeo de 25 animales podría satisfacer las necesidades locales de la hormona.

Dice Marcelo Argüelles, presidente de BioSidus: "Después de la hormona de crecimiento y la insulina viene lo más complejo: los anticuerpos monoclonales, que consumen una cantidad enorme de materia prima biotecnológica. Y los animales transgénicos van a ser un vehículo idóneo para producirlos".

Por Nora Bär
De la Redacción de LA NACION

28 febrero, 2007

Queso de cabra, opción que emerge en Lluta


La Estrella de Arica, Miércoles 28 de febrero de 2007
Pequeño productor mezcla la producción quesera con el agroturismo
Ernesto Arcos




Las cabras son tan dóciles, que en lugar de huir, juegan con él en el corral.

JERJELES
Ibar Trigo reconoce que la ganadería caprina no tiene sólo virtudes, también tiene algunos problemas. Uno de ellos es que las cabras son una gran fuente de alimento para los jerjeles, que se concentran en las ubres de los animales, que están desprovistas de pelaje, lo que las irrita y dificulta la ordeña.

Por eso, él aboga porque se haga un control en profundidad de este simúlido, que es una plaga eterna en el valle.

Las cabritas balan y retozan por los corrales y otras rumian tranquilamente mientras las ordeñan y se prepara artesanalmente el queso.

Hay una que es igualita a Copo de Nieve y otra pasaría perfectamente por Blanquita. Uno esperaría ver aparecer en cualquier momento a Heidi y Pedro.

Pero aquí no hay abetos, sino pimientos, tampoco nieve, sino cerros áridos hasta decir basta y esto no son los Alpes suizos, sino el valle de Lluta.

En lugar del abuelo, la bienvenida la da el risueño Ibar Trigo Juares, un vallenarino que hace 38 llegó a Arica y se instaló en una parcela justo antes del cruce del río, en el puente Poconchile.

RECONVERSION
Como muchos habitantes del valle, él se dedicaba a plantar alfalfa, un cultivo probado en las difíciles condiciones de agua de Lluta, la que vendía para forraje y para los corrales de Ariztía.

Pero la empresa avícola comenzó a usar otros materiales para el piso de sus corrales y el negocio se echó a perder.

Entonces, empezó a buscar una alternativa y hace tres años se decidió a probar con cabras.

Su idea inicial fue comenzar con diez animales, pero buscando, otra parcelera del valle le ofreció en venta su plantel completo, de 60 cabras y se la jugó, pese a que no tenía ninguna experiencia en el rubro. "Aprendí todo estudiando, leyendo y haciendo consultas a médicos veterinarios, que me han dado muy buenos consejos".

Ahora tiene 200 animales y su plan es llegar a los 500 en tres años más.

Con esto espera aumentar su producción de 15 a 100 kilos de queso al día, los que comercializa en su totalidad en un pequeño local en su propio predio.

Ahí se ha hecho de una fiel clientela, que no sólo se lleva los quesos, sino también toma mote con huesillos, ambos fabricados por su esposa, Rosa Gómez.

Para ello, convirtió una ex cancha de baby fútbol, destruida por la crecida del río del año 2001, en una laguna, en la que acomodó patos y gansos y junto a la cual plantó flores, para crear un agradable entorno en el que puso mesas para que la gente pueda disfrutar sus productos.

PUERTAS ABIERTAS
Pero es sólo el comienzo, porque prácticamente toda su parcela está abierta a los visitantes.

Es por eso que adquirió de ocasión un trío de avestruces, no con fines productivos, sino que exclusivamente como atracción para los visitantes.

Pero el centro de atención son indudablemente las cabras y la producción de queso, cuyo proceso también puede ser conocido íntegramente por el público.

Incluso, quienes llegan a recorrer el lugar pueden hasta salir con un animalito bajo el brazo, ya que don Ibar regala los machos cuando aún son pequeñitos, ya que criarlos no le representa ningún beneficio.

Pero la mayoría se conforma con alimentar a las crías con mamadera, actividad que le encanta especialmente a los niños.

También se pueden ver los corrales donde están los animales productivos y en reproducción y la sala de ordeña, donde las cabras hacen fila ordenadamente para que las conecten a la máquina que les extrae la leche, mientras ellas se dan un pequeño banquete con un concentrado alimenticio.

Donde está restringido el paso, para resguardar la higiene, es la sala donde se prepara el queso. Incluso la leche pasa literalmente por un tubo, en un circuito hermético a la quesería.

Pese a esto, contó don Ibar, le costó que los funcionarios de Salud le otorgaran la Resolución Sanitaria y aceptaran que en la sala de ordeña tuviera el techo de totora y no de zinc o pizarreño. "Pero resulta que la totora mantiene el lugar mucho más fresco y en ella viven arañas, que matan a todas las moscas, así que es un sistema de control biológico", explicó.

DE LAS CABRAS
AL TOMATE

Sin pensarlo, el negocio de las cabras ha tenido otros efectos. Por ejemplo, los montones de guano que se generan le proveyeron de un buen abono, que utilizó para mejorar el terreno en otros sectores de su parcela.

Así fue como a mediados del año pasado empezó a producir tomates, primero con un buen rendimiento de frutos, aunque no de muy buen calibre y en una segunda experiencia, con un mejor resultado.

Ante esto, ya está preparando otro terreno para en los próximos meses lanzarse al negocio del tomate ya no en forma experimental, sino comercial.

En el valle de Lluta, contó, son cuatro los productores de queso, pero él es el único que usa un sistema de ordeña automatizado y que tiene su proceso abierto al público, incursionando en el rubro del agroturismo.