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23 enero, 2009

El fin del crecimiento

ALAI, América Latina en Movimiento
2009-01-21
 

En círculos ambientalistas prevalece, de manera casi incuestionable, la idea de que las medidas de eficiencia y las fuentes energéticas renovables nos sacarán de las crisis ambiental y energética. Pero como dije en un escrito reciente ("Más allá del capitalismo verde"), pretender resolver estas debacles con adelantos tecnológicos, sin cuestionar la economía del capitalismo, sólo acelerará la destrucción ambiental y el agotamiento de los recursos naturales. Para entender la futilidad del capitalismo "ecológico" es necesario conocer la Paradoja de Jevons.
 
Esta paradoja lleva el nombre del economista británico William Stanley Jevons, quien a mediados del siglo XIX llevó a cabo un minucioso estudio sobre la economía del carbón, el cual concluyó que este recurso se acercaba a su agotamiento. Según Jevons, el constante aumento en el consumo de carbón agotaría las minas inglesas en un futuro no muy lejano. El pronosticaba lo que hoy se conocería en inglés como "peak coal".
 
Jevons observó con detenimiento el efecto de la recién inventada máquina de vapor de James Watt, y cómo su uso revolucionó la economía inglesa. Ya que esta novedosa máquina usaba carbón mucho más eficientemente que diseños anteriores, se entendía que ahora Inglaterra reduciría su uso de carbón. Pero Jevons notó que ocurrió exactamente lo opuesto, la máquina de Watt lo que hizo fue viabilizar un aumento en el consumo del carbón. Jevons publicó este hallazgo en 1865 en su libro "The Coal Question", y desde entonces el fenómeno se le ha conocido como la Paradoja de Jevons.
 
Nadie le hizo caso a "The Coal Question", principalmente debido a que en las postrimerías del siglo XIX el carbón fue desplazado por otra fuente energética fósil más útil y conveniente: el petróleo. Pero al igual que el carbón, el petróleo no es renovable. La idea de que el petróleo se agotaría tuvo que esperar hasta 1956, cuando M. King Hubbert, geofísico de la compañía Shell, presentó su ahora famosa tesis conocida como "peak oil" o "Hubbert's Peak". Pero ese no es el tema de hoy.
 
La Paradoja de Jevons quedó relegada al olvido hasta que en la década de 1980 los economistas Daniel Khazzoom y Leonard Brookes la aplicaron a la realidad energética contemporánea, y la usaron para argumentar que los adelantos en eficiencia energética aumentan el consumo de energía. En 1992 esta tesis fue examinada por el economista Harry Saunders, quien la bautizó como el Postulado Khazzoom-Brookes. Saunders demostró que este postulado es consistente con la teoría económica neoclásica bajo una gran variedad de premisas.
 
La revolución punto com
 
Este fenómeno es especialmente evidente en el boom de las computadoras y la Internet, que podemos llamar la revolución punto com. Se ha argumentado que el aumento explosivo en el uso de computadoras personales, en especial las falderas (laptops), ha sido bueno para el ambiente porque el número creciente de artículos, boletines, folletos, revistas, periódicos y hasta libros que hoy están disponibles solamente online significa que se cortan menos árboles para hacer papel para ediciones impresas.
 
También aparenta ser buena para el ambiente esta revolución electrónica porque muchas mercancías que antes tenían forma física ahora son intangibles. En lugar de uno hacer un viaje en carro- que gasta combustible fósil- a una tienda para comprar música y películas en discos de formato CD y DVD- cuya manufactura requirió el uso de energía y recursos minerales y cuya transportación de la fábrica a la tienda usó combustible fósil- uno los recibe directo a la computadora, sin haber comprado un artículo físico. ¿Acaso entonces este comercio electrónico no es sano para el ambiente?
 
Pero la revolución punto com ha tenido un impacto ambiental estremecedor. La fabricación de tantas millones de computadoras falderas y de escritorio, teléfonos celulares, Blackberries, iPhones, iPods, aparatos MP3, etc. requieren de la minería de hierro, aluminio y minerales raros como el coltan. La revista Biodiversidad, Sustento y Culturas ha documentado ampliamente en ejemplares recientes las intensas luchas populares que están tomando lugar contra proyectos mineros por todo Centro y Suramérica. Y difícilmente estaría tomando lugar hoy una guerra en la República Democrática del Congo, que ha tomado millones de vidas en unos pocos años, de no ser por sus masivos depósitos de minerales como cobre, cobalto y coltan, esenciales para la manufactura de alta tecnología.
 
Existe apenas una actividad humana más destructiva del ambiente y de vidas humanas que la minería, especialmente si es a cielo abierto. Sería interesante averiguar hasta qué punto los nuevos proyectos mineros han sido instigados por la creciente fabricación de computadoras y aparatos de comunicación inalámbrica.
 
La minería requiere de una infraestructura de transportación masiva para trasladar los minerales extraídos a la fundición para su conversión en lingotes y a su procesamiento en piezas de manufactura. Estamos hablando de autopistas, ferrocarriles, megapuertos, y dragado y canalización de ríos para facilitar el movimiento de estas materias primas (piensen en la Hidrovía del Paraná, el plan IIRSA en Suramérica y el Plan Puebla Panamá en Mesoamérica). La construcción de infraestructura de transporte es una de las principales causas de destrucción de hábitat natural, especialmente ecosistemas estuarinos, como humedales, ciénagas y manglares, por lo frágiles que son. Y por supuesto, el transporte de todo ese material por camión, tren y barco utiliza combustible fósil- como diesel y bunker C- exacerbando así el calentamiento global.
 
Las fundiciones (como las que convierten el hierro en acero y la bauxita en aluminio) son voraces consumidoras de energía. De hecho, una parte considerable de la electricidad generada por represas hidroeléctricas en Brasil y Africa la consumen fundiciones de aluminio. Después viene la manufactura per se, y está muy bien documentado que las maquiladoras que fabrican computadoras y teléfonos celulares generan grandes cantidades de contaminación tóxica.
 
Y después está el uso de estos aparatos. Sería meritorio ver si alguien ha hecho algún estudio de cuánto ha aumentado la demanda de electricidad en el mundo entero debido a la revolución punto com. Se ha dicho que el mayor usuario de electricidad en el mundo es Google. ¿Cuantos megavatios de electricidad se necesitan a diario para mantener operando no solamente tanta computadora personal sino también los bancos de computadoras de los servidores de compañías como Google y Yahoo, para el beneficio de usuarios de YouTube, Facebook, eBay y Amazon? Electricidad que viene de compañías eléctricas que usualmente se sirven de fuentes contaminantes como gas natural, carbón y energía nuclear.
 
¡Pero no he terminado aún! Nos queda todavía la disposición de todas estas maquinitas cuando se convierten en basura. Según la organización Silicon Valley Toxics Coalition (SVTC), hay 500 millones de computadoras obsoletas en EEUU, 130 millones de teléfonos celulares son arrojados a la basura anualmente, y sólo 10% de las computadoras obsoletas son recicladas. 80% de la basura electrónica generada en EEUU es exportada a países empobrecidos. Según datos de SVTC, hay un gran tráfico internacional de basura electrónica de Estados Unidos, la Unión Europea y Japón a destinos como Argentina, México, Brasil, China y Nigeria.
 
Ese es, en breves palabras, el saldo ambiental de la revolución punto com. Es un buen ejemplo de la Paradoja de Jevons: mientras menos cueste fabricar una computadora o teléfono móvil, más de éstos se fabricarán, desatando un vicioso espiral de oferta y demanda que multiplica el tamaño de nuestra huella ecológica. Este mismo cuadro también se da en la industria automotriz y en todos los demás sectores de manufactura.
 
¿Capitalistas buenos?
 
Las implicaciones para el movimiento ecologista son devastadoras. Esto significa que los buenazos ecologistas que se han puesto a ayudar a compañías capitalistas a reducir su uso de materiales y energía y generación de desperdicios lo que han hecho en realidad es facilitar futuras rondas de crecimiento. Viene a la mente el trabajo de Paul Hawken y la pareja de Hunter y Amory Lovins, autores de un manifiesto eco-capitalista cuyo título es una provocación deliberada: "Natural Capitalism". El libro es un llamado al sector empresarial a adoptar un nuevo paradigma de negocios que incluye la eco-eficiencia. Pero teniendo en cuenta la Paradoja de Jevons, los llamados a la eco-eficiencia dentro de un sistema capitalista son tiros por la culata.
 
¿Creen que en el capitalismo existe cabida para algo que no sea crecer, crecer y crecer? Imagínense un jefe de una corporación diciéndole a sus accionistas y junta de directores algo como esto: "Creo que esta empresa ha llegado a su tamaño óptimo. Debemos parar nuestro crecimiento. Tenemos que contentarnos con lo que tenemos. Los dividendos están buenos y creo que no podemos pedir más." ¡Lo botarían! O si no, los accionistas lo demandarían por incumplir su deber fiduciario, y la ley estaría del lado de los demandantes. Es por esto que no podemos esperar que capitalistas "buenos" vengan a nuestro rescate.
 
En la excelente película The Corporation aparece como héroe el empresario Ray Anderson, cuyo encomiable ejemplo aparentemente rebate lo dicho en el anterior párrafo. Anderson es jefe de la compañía Interface, que bajo su liderato se ha convertido en todo un ejemplo de actividad económica responsable con el ambiente. Pero desafortunadamente por cada Ray Anderson debe haber como diez empresarios más que trataron de cambiar el rumbo de sus compañías pero que no pudieron por la oposición de sus accionistas y otros factores. Y por cada empresario que trata sinceramente de operar de manera ambientalmente sustentable hay como diez más que no les importa la sustentabilidad para nada.
 
Por muy positivo que sea el ejemplo de Anderson, no podemos esperar por la acción voluntaria de las corporaciones para salvar el planeta de la hecatombe ambiental. Si la cosa fuera voluntaria, lógicamente la gran mayoría de las corporaciones escogerá no hacer nada.
 
En resumidas cuentas, el capitalismo no es compatible con la protección ambiental porque se fundamenta sobre el crecimiento- crecimiento de ganancias, de actividad económica y crecimiento económico en general. Es inconcebible que la clase capitalista renuncie voluntariamente al crecimiento.
 
Locos y economistas
 
El crecimiento, sin embargo, es algo tan básico y tan sagrado en la profesión del economista que cuestionarlo implica poner patas arriba varias de las premisas más preciadas de su campo. Pero la realidad física de los límites del planeta se impone. Comentando sobre esta disyuntiva, el perspicaz Kenneth Boulding dijo una vez que "el que piense que el crecimiento puede continuar ilimitadamente en un mundo finito o está loco o es economista". Boulding sabía de qué hablaba, era economista.
 
La crisis ambiental y la paradoja de Jevons presentan, por lo tanto, un reto adicional a la izquierda progresista. Al proyecto de justicia económica y redistribución de la riqueza, que es su razón de ser, hay que añadir la reducción de la huella ecológica, algo que es posible solo mediante una reducción en la actividad económica.
 
Los economistas dirán a coro que encoger la economía provocaría un ruinoso descalabro mundial. Y bien pueden tener razón. Según el educador ambiental George Monbiot, la reducción en actividad económica necesaria para prevenir el peor escenario del calentamiento global significaría una depresión mundial de proporciones nunca vistas en el mundo moderno. Una vez leí por ahí- a manera de chiste- que el ambientalismo es el primer movimiento que propone bajar el nivel de vida.
 
Esto significa que la izquierda deberá dedicarse no solamente a repartir equitativamente el pastel de la riqueza económica a la vez que lo va encogiendo sino que también debe distribuir de manera igualitaria los riesgos, costos y responsabilidades que enfrenta la humanidad ante el calentamiento global y otros desafíos ambientales.
 
Afortunadamente entre los economistas (a quienes acusé de locos unos párrafos atrás) hay un pequeño pero creciente número de ellos que entienden esta realidad. Ellos conforman el campo de la economía ecológica, una disciplina que cuenta con Herman Daly, Nicholas Georgescu-Roegen, E. F. Schumacher, Hazel Henderson, Joan Martínez Alier y el ya mencionado Boulding entre sus máximos exponentes. Y desde la izquierda estadounidense vemos un pequeño pero creciente movimiento ecosocialista que cuenta con pensadores de avanzada como Joel Kovel, Stan Cox, James Bellamy Foster, y la influencia del inolvidable Murray Bookchin. Sus escritos y debates aparecen en las páginas de publicaciones como Synthesis/Regeneration, Capitalism Nature Socialism y Monthly Review.
 
¿Y la izquierda?
 
Por desgracia, la izquierda progresista latinoamericana no parece estar a la altura de este reto. Se aferra a la mentalidad desarrollista del siglo XX; idolatra a la ciencia y la tecnología, lo cual le impide tener una visión crítica ante las nuevas tecnologías; sus posturas ante la problemática ambiental oscilan entre la inconsistencia y el oportunismo; y está anquilosada en el paradigma cartesiano reduccionista, lo cual impide la urgente transición a una visión de mundo holística y verdaderamente ecológica. Y peor aún, rara vez acepta crítica alguna. Se trata de una prédica estancada y obsoleta que no presenta riesgo real al status quo capitalista.
 
El que lo dude sólo tiene que ver la pasmosa facilidad con que tantos "comefuegos" izquierdosos de antaño se han integrado gustosamente a las maquinarias oficialistas de gobiernos suramericanos que se cantan de izquierda pero que en realidad le están dando respiración artificial al modelo neoliberal. Sería injusto tildarlos de malvados o imbéciles (aunque a menudo lo parecen), el problema real es la bancarrota intelectual de los viejos modelos arterioscleróticos.
 
Como dije en mi libro "Balada Transgénica", las nuevas corrientes de pensamiento y nuevos movimientos alternativos, ecologistas, comunitarios, campesinos, indígenas, urbanos, juveniles, blogueros, post-patriarcales, multiculturales, etc., no se conforman con el modelo marxista tradicional y desafían etiquetas y categorizaciones fáciles. Si la izquierda quiere tener alguna relevancia y hacer alguna aportación a la creación de una sociedad ecológica, solidaria, post-capitalista y post-industrial deberá emprender un difícil pero necesario diálogo y debate interno para gestionar la transición a una nueva visión de mundo. Pero rápido, que nos quedamos sin planeta.
 
 
Carmelo Ruiz Marrero es autor, periodista y educador ambiental, y director del Proyecto de Bioseguridad de Puerto Rico (http://bioseguridad.blogspot.com/). Es también creador de la página web Haciendo Punto en Otro Blog (http://carmeloruiz.blogspot.com/).
 
REFERENCIAS:
 
Cox, Stan. "Sick Planet: Corporate Food and Medicine" Pluto Press, 2008. http://sickplanetbook.com/
 
Dardozzi, Jeff. "The Specter of Jevons' Paradox". Synthesis/Regeneration #47, 2008. http://www.greens.org/s-r/47/47-05.html
 
Hawken, Paul, Hunter Lovins y Amory Lovins. "Natural Capitalism: Creating the Next Industrial Revolution". Back Bay Books/Little Brown & Co., 1999.
 
 
Monbiot, George. "One Shot Left" 25 noviembre 2008. http://www.monbiot.com/archives/2008/11/25/one-shot-left/
 
Ruiz Marrero, Carmelo. "Balada Transgénica: Biotecnología, Globalización y el Choque de Paradigmas" Proyecto de Bioseguridad de Puerto Rico, 2005.
 
Schweickhart, David. "Is Sustainable Capitalism an Oxymoron?". Synthesis/Regeneration #47, 2008. http://www.greens.org/s-r/47/47-05.html
 
Silicon Valley Toxics Coalition. "Global E-Waste Crisis" http://www.etoxics.org/site/PageServer?pagename=svtc_global_ewaste_crisis
 
Varsavsky, Martin. "Google is the largest consumer of electricity in the world" http://english.martinvarsavsky.net/general/google-is-the-largest-consumer-of-electricity-in-the-world.html
 
 
White, Brian. "Google is green- except when it comes to power consumption" http://www.bloggingstocks.com/2007/12/28/google-is-green-except-when-it-comes-to-power-consumption/vtr.net

27 enero, 2008

La crisis de la deuda es la mayor amenaza para EE.UU.

Chalmers Johnson
Tom Dispatch

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Durante el próximo mes, el Pentágono presentará su presupuesto para 2009 al Congreso y se puede apostar que será aún mayor que aquel exorbitante de 2008. Como el Ejército y los Marines, el propio Pentágono tiene más obligaciones que recursos y está bajo presión – y como los dos servicios, que se espera sumarán otros 92.000 soldados durante los próximos cinco años (con un coste estimado de 1.200 millones de dólares por cada 10.000), la reacción del Pentágono es de reducir jamás, sino expandir siempre, pedir siempre más.

Después de todo, existen esas desastrosas guerras afgana e iraquí que siguen engullendo dólares del contribuyente a diestro y siniestro. Y hay que pensar en lo que los entusiastas gustan de llamar "la próxima guerra," es decir: armas muy onerosas, todos esos aviones jet, barcos, y blindados para el futuro. Y no hay que olvidar los sistemas "de guerra centrada en Red" al estilo de Rumsfeld, todavía populares: (robots, aviones teledirigidos, satélites de comunicación, y cosas parecidas), para no hablar de los juguetes asesinos espaciales que en pleno desarrollo; y todos esos equipos arruinados en Iraq y Afganistán que tienen que ser masivamente reemplazados – y todos esos seres humanos arruinados que hay que atender.

El espíritu del problema se aprecia en un reciente editorial en la revista profesional Aviation Week & Space Technology:

"Lo que Washington debe encarar es que casi cinco años de guerra han dejado a las fuerzas de EE.UU. en peores condiciones que en toda una generación, sí, desde Vietnam, y restaurarlas requerirá refuerzos presupuestarios como nunca han existido en el pasado."

Incluso en las pocas ocasiones en las que – como en el caso del avión de carga C-17 de Boeing – el Pentágono ha decidido cancelar un proyecto, hay que pensar en el Congreso. Los contratos y subcontratos para sistemas de armas, cuidadosamente distribuidos a tantos Estados como sea posible, significan puestos de trabajo, y por ello el Congreso rechaza a menudo semejantes recortes. (Cincuenta y cinco miembros de la Cámara advirtieron recientemente al Pentágono de una "enérgica reacción negativa" si el financiamiento del C-17 fuera extirpado del presupuesto para 2009.) Todo esto, lleva a un menú de defensa apropiado para un glotón.

El Secretario de Defensa, Robert Gates, ya dijo que el financiamiento para 2009 "ha sido fijado en gran parte." Las gigantescas coaliciones militares-industriales - Lockheed Martin, Northrop Grumman, Boeing, Raytheon – han visto aumentar sus acciones en tiempos que de otra manera han sido traicioneros. Tienen esperanzas. Como señalara Ronald Sugar, presidente de Northrop: "Una gran potencia global como EE.UU. necesita una gran armada y una gran armada necesita una cantidad adecuada de barcos, y deben ser modernos y capaces" – y adivinad ¿qué compañía es la mayor constructora de barcos para la Armada?

No debiera haber nada sorprendente en todo esto, especialmente para aquellos de nosotros que han leído "Némesis: los últimos días de la república estadounidense" de Chalmers Johnson, el último volumen de su "Blowback Trilogy." Publicado en 2007, ya es un clásico sobre lo que el exceso de obligaciones y los recursos limitados del imperio significan para el resto de nosotros. La edición en rústica de "Némesis" aparece oficialmente hoy, precisamente cuando se derrumban los mercados bursátiles globales. Es simplemente una lectura obligatoria (y si ya lo has leído, compra una copia para un amigo). Mientras tanto, estudia el último informe magistral sobre cómo los cañones más poderosos que el Pentágono puede conseguir amenazan con hundir nuestro propio país. (Los interesados hagan clic aquí para ver una secuencia de una nueva película [en inglés]: "Chalmers Johnson on American Hegemony," en la serie Speaking Freely de los Estudios Cinema Libre en la que discute el keynesianismo militar y la bancarrota imperial.) Tom

¡A la bancarrota!

La crisis de la deuda es la mayor amenaza para la República EE.UU.

Autor: Chalmers Johnson

Los aventureros militares del gobierno de Bush tienen mucho en común con los dirigentes corporativos de la difunta compañía energética Enron. Ambos grupos pensaron que eran "los tipos más listos en la sala" de la película premiada de Alex Gibney sobre lo que anduvo mal en Enron. Los neoconservadores en la Casa Blanca y el Pentágono se pasaron de listos. Lo único que no encararon fue el problema de cómo financiar sus confabulaciones de guerras imperialistas y dominación global.

Como resultado, al llegar 2008, el propio EE.UU. se encuentra en la posición anómala de no poder pagar por sus propios altos niveles de vida o su derrochador, exageradamente grande, establishment militar. Su gobierno ni siquiera trata de reducir los ruinosos gastos de mantener enormes ejércitos permanentes, de reemplazar equipos que han sido destruidos o gastados en siete años de guerras, o de preparar una guerra en el espacio exterior contra adversarios desconocidos. En su lugar, el gobierno de Bush posterga esos costes para que sean pagados – o repudiados – por futuras generaciones. Esta redomada irresponsabilidad fiscal ha sido disfrazada usando numerosas artimañas financieras manipuladoras (como ser llevar a países más pobres a que nos presten sumas sin precedentes) pero viene rápidamente el momento del ajuste de cuentas.

Ha habido tres amplios aspectos en nuestra crisis de la deuda. Primero, en este año fiscal (2008) estamos gastando cantidades demenciales de dinero en proyectos de "defensa" que no tienen que ver con la seguridad nacional de EE.UU. Simultáneamente, mantenemos los impuestos sobre los ingresos de los segmentos más ricos de la población estadounidense a niveles sorprendentemente bajos.

En segundo lugar, seguimos creyendo que podemos compensar la erosión acelerada de nuestra base manufacturera y nuestra pérdida de puestos de trabajo a países extranjeros mediante masivos gastos militares – el así llamado "keynesianismo militar," que discuto en detalle en mi libro "Nemesis: The Last Days of the American Republic."

Al hablar de keynesianismo militar, quiero decir la errónea creencia de que políticas públicas concentradas en guerras frecuentes, inmensos gastos en armas y municiones, y grandes ejércitos permanentes pueden sustentar indefinidamente una economía capitalista acaudalada. En realidad, la verdad es todo lo contrario.

Tercero, en nuestra devoción por el militarismo (a pesar de nuestros limitados recursos), dejamos de invertir en nuestra infraestructura social y otros requerimientos para la salud a largo plazo de nuestro país. Son lo que los economistas llaman "costos oportunistas,"

cosas que no se hacen porque gastamos nuestro dinero en otras cosas. Nuestro sistema de educación pública se ha deteriorado de modo alarmante. No hemos asegurado la atención sanitaria de todos nuestros ciudadanos y hemos desatendido nuestra responsabilidad como el contaminador número uno del mundo. Lo que es más importante, hemos perdido nuestra competitividad como fabricante para necesidades civiles – un uso infinitamente más eficiente de recursos escasos que la fabricación de armas. Quisiera discutir cada uno de estos aspectos.

El actual desastre fiscal

Es virtualmente imposible exagerar el despilfarro que constituyen los gastos de nuestro gobierno en las fuerzas armadas. Los gastos planificados por el Departamento de Defensa para el año fiscal 2008 son mayores que todos los demás presupuestos militares combinados. El presupuesto suplementario para pagar por las actuales guerras en Iraq y Afganistán, que no forma parte del presupuesto oficial de defensa, es en sí mayor que los presupuestos militares combinados de Rusia y China. Los gastos relacionados con la defensa para el año fiscal 2008 excederán 1 billón de dólares por primera vez en la historia. EE.UU. se ha convertido en el mayor vendedor por sí solo de armas y municiones a otras naciones en la Tierra. Sin considerar las dos guerras actuales del presidente Bush, los gastos de defensa se han más que duplicado desde mediados de los años noventa. El presupuesto de defensa para el año fiscal 2008 es el mayor desde la Segunda Guerra Mundial.

Antes de que tratemos de desglosar y analizar esa suma inmensa, se precisa una advertencia importante. Las cifras sobre gastos de defensa se destacan por ser poco fiables. Las cifras publicadas por el Servicio de Referencia del Congreso y la Oficina del Presupuesto del Congreso no coinciden las unas con las otras. Robert Higgs, miembro sénior responsable de economía política en el Independent Institute, dice: "Un principio bien fundamentado es tomar el presupuesto básico total del Pentágono (siempre bien publicitado) y duplicarlo." Incluso una mirada a la ligera a artículos en la prensa sobre el Departamento de Defensa mostrará importantes diferencias en las estadísticas sobre sus gastos. Entre un 30 y un 40% del presupuesto de defensa es "negro," lo que quiere decir que esas secciones contienen gastos ocultos para proyectos confidenciales. No hay modo posible de saber qué incluyen o si sus montos totales son exactos.

Hay numerosas razones para esta prestidigitación presupuestaria – incluyendo un deseo de mantener el secreto por parte del presidente, del secretario de defensa, y del complejo militar-industrial – pero el motivo principal es que miembros del Congreso, que se benefician enormemente de los puestos de trabajo en la defensa y de proyectos oportunistas para congraciarse con el electorado en sus distritos, tienen un interés político en el apoyo al Departamento de Defensa. En 1996, en un intento de aproximar en algo los estándares contables dentro del poder ejecutivo a los de la economía civil, el Congreso aprobó la Ley de Mejora de la Administración Financiera Federal. Requería que todas las agencias federales contrataran a auditores externos para que revisaran sus libros y publicaran los resultados. Ni el Departamento de Defensa, ni el Departamento de Seguridad Interior lo han hecho una sola vez. El Congreso se ha quejado, pero no ha castigado a ninguno de los departamentos por ignorar la ley. El resultado es que hay que considerar que todas las cifras publicadas por el Pentágono son sospechosas.

Al discutir el presupuesto de defensa del año fiscal 2008, tal como fue entregado a la prensa el 7 de febrero de 2007, me han guiado dos experimentados y confiables expertos: William D. Hartung de la Iniciativa de Armas y Seguridad de la New America Foundation y Fred Kaplan, corresponsal de defensa de Slate.org. Están de acuerdo en que el Departamento de Defensa solicitó 481.400 millones de dólares para salarios, operaciones (excepto en Iraq y Afganistán), y equipamiento. También están de acuerdo en un cifra de 141.700 millones de dólares para el presupuesto "suplementario" para librar la "guerra global contra el terrorismo" – es decir las dos guerras actuales que el público en general podría pensar que están realmente cubiertas por el presupuesto básico del Pentágono. El Departamento de Defensa también solicitó 93.400 millones de dólares adicionales para pagar costos de la guerra no mencionados hasta ahora y, de modo más creativo, otra "asignación" (un nuevo término en documentos presupuestarios para la defensa) de 50.000 millones de dólares a ser cargados al año fiscal 2009. Esto lleva a un pedido total de gastos del Departamento de Defensa de 766.500 millones de dólares.

Pero hay mucho más. En un intento de disfrazar la verdadera dimensión del imperio militar estadounidense, el gobierno ha ocultado durante mucho tiempo importantes gastos relacionados con las fuerzas armadas en otros departamentos fuera de Defensa, Por ejemplo, 23.400 millones de dólares para el Departamento de Energía van al desarrollo y mantenimiento de ojivas nucleares; y 25.300 millones de dólares en el presupuesto del Departamento de Estado son gastados en ayuda militar al extranjero (sobre todo para Israel, Arabia Saudí, Bahrein, Kuwait, Omán, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Pakistán). Ahora necesitan otros 1.030 millones de dólares, fuera del presupuesto oficial del Departamento de Defensa, para incentivos de reclutamiento y de re-alistamiento para las fuerzas armadas de EE.UU. que carecen de recursos para cumplir con sus obligaciones, en comparación con sólo 174 millones de dólares en 2003, el año en el que comenzó la guerra en Iraq. El Departamento de Asuntos de Veteranos recibe actualmente por lo menos 75.700 millones de dólares, 50% de los cuales van para la atención a largo plazo de los terriblemente heridos entre los por lo menos 28.870 soldados heridos hasta ahora en Iraq y otros 1.708 en Afganistán. La suma es universalmente criticada por ser inadecuada. Otros 46.400 millones de dólares son destinados al Departamento de Seguridad Interior.

En esta compilación también faltan 1.900 millones de dólares del Departamento de Justicia para las actividades paramilitares del FBI, 38.500 millones de dólares para el Departamento del Tesoro destinados al Fondo de Retiro de las Fuerzas Armadas; 7.600 millones para las actividades relacionadas con las fuerzas armadas de la NASA; y bastante más de 200.000 millones en intereses por pasados desembolsos financiados con deudas. Esto lleva los gastos de EE.UU. para su establishment militar durante el actual año fiscal (2008), calculados de modo conservador, a por los menos 1,1 billones de dólares.

Keynesianismo militar

Semejantes gastos no son sólo obscenos desde el punto de vista moral, sino que son insostenibles desde el punto de vista fiscal. Numerosos neoconservadores y estadounidenses patrióticos mal informados creen que, incluso si nuestro presupuesto de defensa es inmenso, nos lo podemos permitir porque somos el país más rico de la Tierra. Lamentablemente, esa declaración ya carece de valor. La entidad política más rica del mundo, según el "Libro mundial de datos" de la CIA, es la Unión Europea. El PIB de la UE en 2006 (producto interno bruto – todos los bienes y servicios producidos en el interior) fue calculado como ligeramente superior al de EE.UU. Sin embargo, el PIB en 2006 de China fue sólo ligeramente inferior al de EE.UU., y Japón fue el cuarto país más rico del mundo.

Una comparación más convincente, que revela hasta qué punto nos va peor, puede ser encontrada en las "cuentas corrientes" de varias naciones. La cuenta corriente mide el superávit comercial neto o déficit de un país, más los pagos internacionales de intereses, royalties, dividendos, capital de ganancias, ayuda extranjera, y otros ingresos. Por ejemplo, para que Japón fabrique algo, debe importar todas las materias primas necesarias. Incluso después de hacer ese increíble gasto, todavía logra un superávit comercial de 88.000 millones de dólares por año con EE.UU. y goza del segundo balance de cuenta corriente del mundo por su tamaño. (China es número uno.) EE.UU., al contrario, es número 163 – el último de la lista, peor que países como Australia y el Reino Unido que también tienen grandes déficit comerciales. Su déficit de cuenta corriente en 2006 fue de 811.500 millones de dólares; el segundo peor fue el de España con 106.400 millones de dólares. Esto es lo que es insostenible.

No se trata sólo de que nuestro gusto por bienes extranjeros, incluyendo el petróleo importado, excede en mucho nuestra capacidad de pagar por ellos. Los financiamos a través de préstamos masivos. El 7 de noviembre de 2007, el Tesoro de EE.UU. anunció que la deuda nacional había excedido los 9 billones de dólares por primera vez en la historia. Fue sólo cinco semanas después de que el Congreso elevara el así llamado "tope del endeudamiento" a 9,815 billones de dólares. Si comenzamos en 1789, cuando la Constitución se convirtió en la ley suprema del país, la deuda acumulada por el gobierno federal no ascendió a 1 billón hasta 1981. Cuando George Bush llegó a presidente en enero de 2001, era de aproximadamente 5,7 billones. Desde entonces, ha aumentado en un 45%. Esta inmensa deuda puede ser explicada en gran parte por nuestros gastos en defensa en comparación con el resto del mundo.

Los diez principales gastadores militares y las cantidades aproximadamente que cada país presupuesta actualmente para su establishment militar son:

1. EE.UU. (presupuesto año fiscal 2008): 623.000 millones de dólares

2. China 2004): 65.000 millones

3. Rusia: 50.000 millones

4. Francia (2005): 45.0000 millones

5. Japón (2007): 41.750 millones

6. Alemania (2007): 35.100 millones

7. Italia (2003): 28.200 millones

8. Corea del Sur: 21.100 millones

9. India: (EST. 2005): 19.000 millones

10. Arabia Saudí (EST. 2005): 18.000 millones


 

Gastos militares totales del mundo (EST. 2004): 1.100.000 millones de dólares

Gastos totales del mundo (menos EE.UU.): 500.000 millones de dólares.

Nuestros excesivos gastos militares no se desarrollaron sólo en unos pocos años o simplemente debido a las políticas del gobierno de Bush. Lo han hecho durante mucho tiempo siguiendo una ideología superficialmente plausible y ahora se han arraigado en nuestro sistema político democrático en el que comienzan a hacer estragos. A esta ideología la llamo "keynesianismo militar" – la determinación de mantener una economía de guerra permanente y de tratar a la producción militar como si fuera un producto económico ordinario, aunque no haga ninguna contribución ni a la producción ni al consumo.

Esta ideología data de los primeros años de la Guerra Fría. Durante los últimos años de la década de los cuarenta, EE.UU. estaba obsesionado por ansiedades económicas. La Gran Depresión de los años treinta había sido superada sólo por el auge de la producción de guerra de la Segunda Guerra Mundial. Con la llegada de la paz y la desmovilización, hubo un temor dominante de que volviera la Depresión. Durante 1949, con la alarma por la detonación por la Unión Soviética de una bomba atómica, la inminente victoria comunista en la guerra civil china, una recesión interior, y el descenso de la Cortina de Hierra alrededor de los satélites europeos de la URSS, EE.UU. trató de preparar una estrategia básica para la guerra fría emergente. El resultado fue el militarista Informe del Consejo Nacional de Seguridad 68 (NSC-68) redactado bajo la supervisión de Paul Nitze, en aquel entonces miembro del Equipo de Planificación Política en el Departamento de Estado. Con fecha del 14 de abril de 1950, y firmado por el presidente Harry S. Truman el 30 de septiembre de 1950, estableció las políticas económicas públicas básicas que EE.UU. sigue aplicando hasta la actualidad.

En su conclusión, NSC-68 afirmó: "Una de las lecciones más significativas de nuestra experiencia en la Segunda Guerra Mundial fue que la economía estadounidense, cuando opera a un nivel que se aproxima a la eficiencia total, puede proveer enormes recursos para otros fines que el consumo civil mientras asegura al mismo tiempo un alto estándar de vida."

Con este concepto, los estrategas estadounidenses comenzaron a crear una masiva industria de municiones, tanto para contrarrestar el poder militar de la Unión Soviética (que exageraron consistentemente) como para mantener el pleno empleo y prevenir un posible retorno de la Depresión. El resultado fue que, bajo el liderazgo del Pentágono, se crearon industrias enteramente nuevas para fabricar grandes aviones, submarinos a propulsión nuclear, ojivas nucleares, misiles balísticos intercontinentales, y satélites de vigilancia y de comunicaciones. Esto llevó a aquello contra lo que advirtió el presidente Eisenhower en su discurso de despedida del 6 de febrero de 1961: "La conjunción de un inmenso establishment militar y de una gran industria de armamentos es nueva en la experiencia estadounidense" – es decir, el complejo militar-industrial.

En 1990, el valor de las armas, del equipamiento, y de las fábricas dedicadas al Departamento de Defensa representaba un 83% del valor de todas las fábricas y equipos en la manufactura estadounidense. Desde 1947 a 1990, los presupuestos militares combinados de EE.UU. ascendieron a 8,7 billones de dólares. En todo caso, la dependencia de EE.UU. del keynesianismo militar ha progresado a pesar de que la Unión Soviética ya no existe, gracias a los masivos intereses creados que se han atrincherado alrededor del establishment militar. Con el paso del tiempo, el compromiso simultáneo con cañones y mantequilla ha resultado ser una configuración inestable. Las industrias militares desplazan a la economía civil y conducen a severas debilidades económicas. La devoción al keynesianismo militar es, de hecho, una forma de lento suicidio económico.

El 1 de mayo de 2007, el Centro de Investigación Económica y Política de Washington, D.C., publicó un estudio preparado por la compañía de pronósticos globales Global Insight sobre el impacto económico a largo plazo del aumento de los gastos militares. Guiada por el economista Dean Baker, esta investigación mostró que al llegar aproximadamente al sexto año, después de un estímulo inicial de la demanda, el efecto del aumento de los gastos militares se vuelve negativo. Sobra decir que la economía de EE.UU. ha tenido que hacer frente a crecientes gastos de defensa durante más de 60 años. Baker estableció que, después de 10 años de mayores gastos de defensa, habrá 464.000 menos puestos de trabajo que en un panorama con una línea de fondo que se basa en menos gastos de defensa.

Baker concluyó:

"A menudo se cree que las guerras y los aumentos de gastos militares son buenos para la economía. En los hechos, la mayoría de los modelos económicos muestran que los gastos militares desvían recursos de los usos productivos, como ser el consumo y la inversión, y reducen en última instancia el crecimiento económico y el empleo."

Son sólo algunos de los numerosos efectos nocivos del keynesianismo militar.

Vaciando la economía estadounidense

Se creía que EE.UU. podía permitirse tanto un masivo establishment militar y un alto estándar de vida, y que necesitaba ambos para mantener el pleno empleo. Pero no fue así. Al llegar los años sesenta, comenzó a notarse que la entrega de las mayores empresas manufactureras de la nación al Departamento de Defensa y la producción de bienes sin ningún valor de inversión o consumo comenzaban a desplazar las actividades económicas civiles. El historiador Thomas E. Woods, Jr., observa que, durante los años cincuenta y sesenta, entre un tercio y dos tercios de todo el talento de investigación estadounidense fueron desviados hacia el sector militar. Es imposible, desde luego, saber qué innovaciones no ocurrieron como resultado de esa diversión de recursos y capacidad mental para servir a los militares, pero durante los años sesenta comenzamos a notar que Japón nos estaba sobrepasando en el diseño y la calidad de una serie de bienes de consumo, incluyendo electrodomésticos y automóviles.

Las armas nucleares proveen una ilustración impresionante de estas anomalías. Entre los años cuarenta y 1996, EE.UU. gastó por lo menos 5,8 billones de dólares en el desarrollo, ensayo, y construcción de bombas nucleares. En 1967, el año pico del arsenal nuclear, EE.UU. poseía unas 32.500 bombas atómicas y de hidrógeno movedizas, ninguna de las cuales, afortunadamente, fue utilizada. Ilustran perfectamente el principio keynesiano de que el gobierno puede proveer puestos que hacen cuenta de que fueran de trabajo para mantener a la gente con empleos. Las armas nucleares no fueron sólo el arma secreta de EE.UU., sino su arma económica secreta. En 2006, todavía teníamos 9.960. Actualmente no hay un uso juicioso para ellas, mientras que los billones que fueron gastados en ellas podrían haber sido utilizados para solucionar los problemas de seguridad social y atención sanitaria, educación de calidad y acceso a la educación para todos, para no hablar de la retención de puestos de trabajo altamente calificados dentro de la economía estadounidense.

El pionero en el análisis de lo que se perdió como resultado del keynesianismo militar fue el difunto Seymour Melman (1917-2004), profesor de ingeniería industrial y de investigación de operaciones en la Universidad Columbia. Su libro de 1970: "Pentagon Capitalism: The Political Economy of War," fue un análisis profético de las consecuencias no intencionadas de la preocupación estadounidense con sus fuerzas armadas y su armamento desde el comienzo de la Guerra Fría. Melman escribió (pp. 2-3):

"Desde 1946 a 1969, el gobierno de EE.UU. gastó más de 1.000.000 de millones de dólares en las fuerzas armadas, más de la mitad bajo los gobiernos de Kennedy y Johnson – el período durante el cual la administración estatal [dominada por el Pentágono] fue establecida como una institución formal. Esta suma de tamaño sorprendente (trata de imaginar 1000 millones de algo) no expresa el coste del establishment militar para la nación en su conjunto. El verdadero coste es medido por lo que se ha dejado de lado, por el deterioro acumulado en muchas facetas de la vida por no poder aliviar la miseria humana de larga duración."

En una importante exégesis de la relevancia de Melman en la actual situación económica estadounidense, Thomas Woods escribe:

"Según el Departamento de Defensa de EE.UU., durante las cuatro décadas de 1947 a 1987 utilizó (en dólares estadounidenses de 1982) 7,62 billones en recursos de capital. En 1985, el Departamento de Comercio estimó el valor de la maquinaria y equipamiento de la nación, y de la infraestructura, en justo por sobre 7,29 billones. En otras palabras, le cantidad gastada durante ese período podría haber duplicado el capital social estadounidense o modernizado y reemplazado su inventario existente."

El que no hayamos modernizado o reemplazado nuestro bien capital es uno de los principales motivos por los que, al llegar el Siglo XXI, nuestra base manufacturera se ha evaporado en la práctica. Las máquinas herramienta – una industria en la que Melman era una autoridad – constituyen un síntoma particularmente importante. En noviembre de 1968, un inventario de cinco años reveló (p. 186) "que un 64% de las máquinas herramienta para trabajos en metales utilizadas en la industria de EE.UU. tenían diez años o más. La edad de este equipo industrial (taladros, tornos, etc.) significa que el inventario de máquinas herramienta de EE.UU. es el más antiguo de todas las principales naciones industriales, y marca la continuación de un proceso de deterioro que comenzó con el fin de la Segunda Guerra Mundial. Este deterioro en la base del sistema industrial certifica el continuo efecto debilitador y agotador que ha tenido el uso militar de capital y del talento de investigación y desarrollo en la industria de EE.UU."

Nada se ha hecho en el período desde 1968 para cambiar drásticamente estas tendencias y eso lo muestran nuestras masivas importaciones de equipamiento – desde máquinas médicas como ser aceleradores de protones para la terapia radiológica (hechos sobre todo en Bélgica, Alemania y Japón), e incluso coches y camiones.

Nuestro breve ejercicio como la "única superpotencia" del mundo llegó a su fin. Como escribió el profesor de economía de Harvard Benjamin Friedman:

"Una y otra vez ha sido siempre el principal país prestamista del mundo el país superior en términos de influencia política, influencia diplomática, e influencia cultural. No es por accidente que hayamos relevado a los británicos al mismo tiempo que tomamos... la tarea de ser el principal país prestamista del mundo. Actualmente ya no somos el principal país prestamista del mundo. En los hechos somos ahora el mayor país deudor del mundo, y seguimos ejerciendo influencia sólo sobre la base de proezas militares."

Parte del daño causado no podrá ser rectificado jamás. Hay, sin embargo, algunos pasos que este país tiene que dar urgentemente. Incluyen que se revoquen los recortes de impuestos de Bush para los ricos de 2001 y 2003, que comencemos a liquidar nuestro imperio global de más de 800 bases militares, que eliminemos del presupuesto de defensa todos los proyectos que no estén relacionados con la seguridad nacional de EE.UU., y que cesemos de utilizar el presupuesto de defensa como un programa keynesiano de creación de empleos. Si lo hacemos tendremos una posibilidad de librarnos por un pelo. Si no lo hacemos, enfrentamos la probable insolvencia nacional y una larga depresión.

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Chalmers Johnson es autor de: "Nemesis: The Last Days of the American Republic," que acaba de ser publicado en edición en rústica. Es el volumen final de su "Blowback Trilogy," que también incluye "Blowback" (2000) y "The Sorrows of Empire" (2004).

Para fuentes [en inglés] sobre gastos militares globales, vea: (1) Global Security Organization, "World Wide Military Expenditures" as well as Glenn Greenwald, "The bipartisan consensus on U.S. military spending"; (2) Stockholm International Peace Research Institute, "Report: China biggest Asian military spender."]

Copyright 2008 Chalmers Johnson

26 enero, 2008

La crisis hipotecaria golpea a varios miles de mascotas

MIRA OBERMAN / AFP

CHICAGO

Olvídese de la pérdida de mobiliario o los problemas de finanzas: las víctimas olvidadas de la crisis hipotecaria que sacude Estados Unidos son las mascotas hogareñas.

Los refugios de todo el país han observado en los últimos meses un fuerte aumento de personas que entregan sus mascotas porque se han visto obligadas a abandonar sus hogares.

Y, peor aún, vecinos, policías y agentes inmobiliarios encuentran cada vez más mascotas abandonadas a su suerte en hogares vacíos.

''Estamos encontrando demasiados animales que han muerto de hambre'', contó Stephanie Shain, de Humane Society de Estados Unidos.

Mientras algunos se deshacen de sus mascotas en la calle, otros llegan incluso a encerrar al animal en un armario, donde sus aullidos son difíciles de escuchar, relató. Puede llevarle semanas a un animal morir de hambre y habitualmente se encuentran desesperadas marcas de mordidas y arañazos en puertas y ventanas.

''Comerán cualquier cosa --muebles, una alfombra, tabiques-- para tratar de ingerir algo'', dijo Shain. ``Es una situación aterradora y desesperante para un animal''.

Aunque no hay estadísticas nacionales sobre cuántos animales son abandonados o dejados en refugios, Shain indicó que han observado ''picos altos'' en las áreas más afectadas por una crisis inmobiliaria que no muestra señales de mejorar.

Casi dos millones de familias perdieron sus hogares debido a ejecuciones en los primeros 11 meses del año pasado, por no poder cumplir con el pago de la hipoteca, gran parte de los cuales eran préstamos ''subprime'' o de alto riesgo.

Humane Society inició recientemente una campaña de concientización para ayudar a encontrar alojamiento para animales y recordar que las mascotas están mejor en un refugio que en la calle.

En uno de los casos que más llamó la atención, más de 60 gatos fueron encontrados abandonados en un hogar en Cincinnati en mayo del año pasado.

Veinte de esos gatos todavía están con familias de acogida mientras esperan un hogar permanente, según Foreclosurecats.org, un grupo que lanzó proyectos artísticos para ayudar a financiar el costo de cuidar a los mininos.

Pero la mayoría no tiene tanta suerte. Los refugios de todo el país en general están superpoblados y con escasez de fondos, y tienen que sacrificar a muchos de ellos para ganar espacio.

Según Terri Sparks, entre 15 y 20 familias que perdieron su casa llegan cada semana al refugio para dejar sus mascotas, y la Policía trae dos a tres animales por semana, encontrados en hogares abandonados.

ECONOMÍA: Crisis en EEUU sacude Foro de Davos

Por Ravi Kanth Devarakonda

DAVOS, Suiza, 23 ene (IPS) - La crisis bancaria y financiera en Estados Unidos dejó de capa caída a los operadores económicos y políticos de todo el planeta reunidos en la localidad turística suiza de Davos, donde este miércoles comenzó el Foro Económico Mundial.

La crisis ya afectó a muchos mercados fuera del estadounidense, tanto en países ricos como emergentes.

Luego de alentar la liberalización financiera sin cortapisas durante años, los grandes actores del mundo corporativo mundial, para quienes Davos es un sitio de peregrinaje anual, son incapaces de pronosticar cómo salir de la crisis iniciada por las temerarias políticas monetarias de Estados Unidos.

A pesar de la inusual medida tomada por las autoridades económicas estadounidenses de reducir el martes las tasas de interés 0,75 puntos porcentuales, simultánea a la creación de un paquete de estímulo de más de 150.000 millones de dólares para impedir una tormenta recesiva, parecen escasas las posibilidades de una recuperación.

"Esto que vemos ahora son las consecuencias previsibles del mal manejo de la economía", dijo el premio Nobel Joseph Stiglitz, quien fue funcionario de la Casa Blanca durante el gobierno de Bill Clinton (1993-2001), en una conferencia en Davos.

El ex secretario del Tesoro (ministro de hacienda) estadounidense Lawrence Summer dijo que los bancos centrales perdieron de vista lo principal al prestarle atención a "burbujas".

La crisis del sector financiero dejó al descubierto el doble discurso y la hipocresía de los países ricos y su modo de atender sus problemas en contraste con la lucha de vida y muerte que afronta la población de los países pobres, dijo a IPS el activista Kumi Naidoo, de la organización no gubernamental internacional Civicus.

"Si Estados Unidos fuera un país pobre ya habría sido declarado candidato a 'país pobre altamente endeudado'", ironizó Naidoo.

Los países más pobres de África, algunos de los cuales fueron calificados así por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), deben cumplir por eso las condiciones de estas instituciones para obtener su financiamiento.

En contraste, todas las gestiones a propósito de la crisis actual apuntan a mejorar el acceso al crédito de los consumidores estadounidenses para que persistan en sus patrones de consumo, consideró Naidoo.

"No hay llamados a los responsables del inicio de la crisis de los créditos hipotecarios de mala calidad, y, extrañamente, no hubo mención a esta creciente amenaza a la economía estadounidense en el foro de Davos del año pasado", recordó.

En cambio, cuando comenzó la crisis financiera asiática en 1997, Tailandia, Indonesia y Corea del Sur fueron sometidos a duras políticas monetarias y fiscales por parte del FMI. Estados Unidos, en esta ocasión, es tratada con guantes de seda, según analistas.

Stiglitz afirmó que las condiciones impuestas por el FMI exacerbaron la crisis humanitaria en Indonesia en 1999. Por el contrario, Estados Unidos ofrece ahora créditos blandos a los consumidores como mecanismo para impedir la recesión.

El magnate húngaro-estadounidense George Soros alertó este miércoles sobre el "riesgo moral" y sobre la "pérdida de control" implícitos en la liberalización financiera. Según él, bancos centrales y reguladores no lograron ver los peligros de los instrumentos financieros creados a través de los denominados "activos titulizados".

La elite de Davos apostó el año pasado que la economía mundial avanzaría a pesar de los problemas. Ya se veía venir una crisis del crédito interno en Estados Unidos por su exposición masiva a créditos y títulos hipotecarios de mala calidad.

"No sé si habrá recesión en Estados Unidos, pero sí sé que el año pasado el panorama era prometedor", dijo Raúl Bajaj, presidente del grupo industrial indio Bajaj.

El mercado de India figura entre los más golpeados por la crisis, pero muchos creen que el daño no será de largo plazo.

"India no se verá perjudicada por la crisis actual", dijo a IPS el principal ejecutivo de la empresa tecnológica Infosys, Nandan Nilekani. "Los cimientos económicos son fuertes. La economía india continuará creciendo a entre siete y ocho por ciento anual. Pero los países más pobres sí serán afectados por la crisis estadounidense."

El Foro Económico Mundial, sinónimo de diálogo entre ricos y poderosos, continuará concentrando su atención en otras cuestiones que afectan al planeta este año y más adelante.

En su agenda figura la inseguridad causada por el terrorismo, el proceso de paz árabe-israelí y la caída de las fronteras de la sociedad civil gracias a las redes informáticas.

25 enero, 2008

Otra mirada a la crisis estadounidense del 2008 en adelante


Oscar Ugarteche

Tomás Palley ha escrito recientemente un artículo titulado "no apuesten contra el dólar" http://www.thomaspalley.com/?p=92#more-92 .  Fundador del Proyecto de una Economía para una Sociedad Democrática y Abierta, Palley, hombre de centro y crítico de la ortodoxia, inicia su artículo con una defensa del papel del dólar como moneda de reserva internacional y dice que eso no está por cambiar.  Ayer, 17 de enero del año 2008 la bolsa de Nueva York cayó 306 puntos registrando 12,159 puntos el Dow Jones Industrial Average.  El camino de descenso de la economía estadounidense ha quedado confirmado con este dato y prosigo a responder al colega Palley desde una visión latinoamericana.

Tal vez Palley no haya seguido las discusiones en torno a la Unidad Monetaria Asiática, la reconversión de las reservas de los países árabes en euros y su comercio de petróleo en una canasta de monedas, la propuesta rusa de unirse a China para una moneda de reservas en común. Quizás tampoco se haya fijado que se está expandiendo y fortaleciendo la zona rand en África y que el comercio dentro del MERCOSUR comienza a hacerse en las monedas de los países. A Sudamérica le falta la unidad monetaria sudamericana para completar el cuadro de la regionalización financiera y esa debería de estar diseñada en el curso del 2008. De forma que si está habiendo un cambio en las monedas en las que se guardan las reservas internacionales.

La razón es que el valor del dólar ha caído como fruto del inmenso déficit estadounidense y la pérdida de confianza en la solidez de la economía. El mejor indicador es el precio del oro que en enero del año 2003 era de menos de 350 dólares la onza y en enero del 2008 está en más de 900 dólares la onza. La triplicación del precio del oro es la otra cara de la medalla de la pérdida de confianza en el dólar estadounidense. Las proyecciones son que podría llegar a 1,600 dólares la onza en los próximos años. Nadie cree, por lo tanto, que la debilidad del dólar sea recuperable en un futuro cercano o menos cercano. Menos tras la masiva crisis de la bolsa neoyorkina.

El dólar estadounidense es la sangre del sistema internacional que está atravesando grandes cambios regionales para seguirle el paso a Europa con el euro. Los más importantes son los asiáticos que detentan el 67% de las reservas internacionales del mundo y que cada vez son más renuentes a financiar una guerra que no les parece correcta. En general, las reservas internacionales los bancos centrales las guardan en dólares en bonos del Tesoro de los Estados Unidos. Es decir, son los créditos de su deuda externa. Los acreedores a todas luces no estamos impresionados ni por la invasión a Irak ni por la performance sangrienta en el Medio Oriente. Recordemos que ahora los acreedores de Estados Unidos somos todo el resto del mundo. Tampoco olvidemos que los exportadores de petróleo son esencialmente países islámicos y que para ellos financiar una guerra va en contra de sus creencias. Mucho más si esa guerra es contra otros musulmanes.

Hay una salida para el dólar y eso en efecto va a tener un impacto inflacionario sobre la economía estadounidense que acompañará el estancamiento económico que se está iniciando asemejándose al escenario de 1973-74. Al fin y al cabo si para el resto del mundo el alza del precio del petróleo es de 40% o 100% en monedas ajenas al dólar, para Estados Unidos y los anclados a dicha moneda, es de 178%.

En segundo lugar, Pullay dice correctamente que una declinación en la demanda por activos en dólares podría llevar a una caída de precios de activos en dólares y un alza en la tasa de interés. Esto lo estamos viendo en el mercado hipotecario que viene de bajada hace dos años y con la bolsa de valores que, tras llegar a un records de 14,000 hace un año, está ahora frisando los 12,000 rumbo a la baja. La tasa de interés no la dejan subir porque la Reserva Federal (FED, sigla en inglés) está intentando tener un política contra cíclica, como Japón en la década del 90, tras el derrumbe de su mercado inmobiliario y de bolsa, aunque no logró reactivar su economía, como se recordará. El libre mercado no manda sobre la tasa de interés en Estados Unidos sino que es el FED quien manda sobre la misma.

Palley afirma de manera bastante sesgada que los analistas ven en la "depreciación del dólar contra el euro" el final del patrón dólar, Quizás sería bueno recordar que es el secretario del Tesoro, Henry M. Paulson, Jr., quien está insistiendo que los asiáticos permitan al dólar devaluarse frente a las monedas asiáticos y más específicamente de China. También hay que recordar que todos los demás que no estamos basados en el euro hemos visto la devaluación del dólar, convirtiéndose así en un activo barato y que abarata las importaciones de dicho país. Para Palley esto es saludable. Para el resto del mundo, es decir, para todos nosotros los no estadounidenses y que no usamos al dólar como moneda de pago, es un problema. Los medidores internacionales se establecieron en dólares en la década de los años 40 del siglo pasado, cuando Estados Unidos era el acreedor del mundo. Hoy es el mayor deudor del mundo y dicha divisa sigue siendo la unidad de medida internacional.

Las distorsiones que esto crea las voy a poner como ejemplo a continuación:

Entre enero del 2003 y diciembre del 2007, el precio del barril de petróleo subió 178% en dólares americanos: de 32 a 92; en reales brasileños varió 40%: de 116 a 162 reales por barril; en soles peruanos creció en 137%: de 115 soles por barril a 274 soles; en pesos colombianos 102%, en rands subió 118%. ¿La referencia en dólares es útil? El precio del dólar en reales bajó de 3.53 a 1.77, en soles bajó de 3.46 a 2.98, en pesos colombianos bajó de 2778 a 2014 y en rands de 8.69 a 6.93. En euros también bajó el precio del dólar; y en dólares canadienses, australianos, yenes, etc. Ojalá el problema fuera la relación dólar -euro. El problema para el resto del mundo es la inutilidad del dólar estadounidense como medidor de precios internacionales. Por eso el euro se ha ampliado a más países, incluidos Malta y Chipre recientemente, se está trabajando hacia una unidad monetaria asiática y se está elaborando una unidad monetaria sudamericana así como una zona rand, por nombrar algunos instrumentos nuevos sustitutivos del dólar como reserva inter nacional y como moneda de referencia..

Palley no comprende el miedo del resto del mundo. Los miedos nuestros están bien puestos porque los .problemas económicos estadounidenses siempre se exportan. En 1971 Nixon terminó con las paridades fijas y con el sistema de Bretton Woods; en 1981 Reagan con Reaganomics fabricó una crisis de deuda del resto del mundo al presionar una política expansiva fiscal al mismo tiempo que se mantenía una política monetaria ajustada. Sí, tenemos miedo porque la responsabilidad global no ha sido un fuerte de Washington, al menos no de los gobiernos republicanos. Hace falta recordar también la década de los años 20. Hoy el problema estadounidense se parece al de los países en vías de desarrollo: consume más de lo que produce y lo hace tomando dinero prestado. Lo serio es que Bush y sus secuaces han logrado convertir a la economía más grande del mundo en la deudora mayor del mundo sin haber pasado por una guerra que les haya destruido la base productiva, como antes a los países europeos.

Palley confía, en un acto de seguridad personal, en que el papel de Estados Unidos como comprador de última instancia será lo que moverá al resto del mundo a prestarle dinero. Lo que se ve es una reestructuración de los mercados internacionales. La publicidad de Washington hasta ahora ha sido que China es el motor del mundo. Todo parece indicar que el motor del mundo está en la guerra y en el manejo del déficit fiscal estadounidense por la guerra. ¿Pueden sostener esa guerra y esa lógica por mucho más tiempo? Se acaba de ir Bush a vender armas a Medio Oriente. Tendrá que vendérselas a todo el mundo y no solo a Medio Oriente si quiere tapar el déficit externo.

El resto del texto de Palley invito a leerlo porque se podrá apreciar la lectura peculiar que tiene de las políticas exportadoras y cómo llegaron a nuestros países. Es un botón de muestra de la manera peculiar como los academicos estadounidenses progresistas entienden lo que pasó en América Latina. La agonía del FMI y la debilidad del Banco Mundial son parte del problema que Palley ignora: las instituciones multilaterales no hicieron nada por prevenir este problema y no son parte de la solución tampoco. Entonces, ¿para qué son? Estas son bajas multilaterales derivadas de la irresponsabilidad fiscal del gobierno del país del norte y de la impotencia de las instituciones basadas en Washington para lidiar con ellas. Solo que el FMI fue creado para que no se repitiera una crisis global nuevamente, y lo creó conceptualmente el Tesoro en 1935/36. Quizás le dio alzheimer al gobierno estadounidense y se olvidó lo que fabricó y para qué era. O los republicanos creen que los inventos demócratas son demoníacos, en estos tiempos de integrismo.

Mientras tanto, el resto de nosotros seguimos preparándonos para un mundo post patrón dólar, con unidades monetarias regionales, con instituciones financieras regionales y con un sistema de comercio que sea mucho menos dependiente de un solo comprador que suele tener dos raseros, uno para sí y otro para el resto. No hay la menor duda ni de que habrá una recesión ni de que tendrán más inflación. La interrogante es si será como 1974-75 o si será como Japón post 1990. Temamos al dólar y sigamos trabajando por la autonomización regional.

- Oscar Ugarteche, economista peruano, trabaja en el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, México, e integra la Red Latinoamericana de Deuda, Desarrollo y Derechos (Latindadd). Es presidente de ALAI.

15 enero, 2008

La crisis de los deudores en EEUU

MANUEL E. YEPE

El nuevo sueño americano, según los neoconservadores de los Estados Unidos, parecía hecho realidad. El dinero perdería su valor. Lo que importa sería el crédito. "Casa propia sin depósito alguno"; "Compre su automóvil y sus utensilios domésticos ahora, y páguelos en cinco años".

Pronóstico incierto para la crisis inmobiliaria en Estados Unidos.

Ciertamente esta orientación trajo para muchos en la clase media estadounidense una fabulosa era de grandes residencias, lujosos automóviles, vacaciones ostentosas y muchas otras manifestaciones de riqueza que eran en realidad pompas de ilusiones insostenibles llamadas a colapsar.

La hecatombe tuvo su manifestación inicial en los retrasos para la amortización de sus préstamos de gran número de deudores menores, que los habían recibido de manera casi milagrosa, dado que sus prestaciones sobrepasaban con creces sus ingresos, no obstante los pobres avales crediticios que pudieron exhibir. Pero el asunto ya se ha hecho sentir a nivel de Wall Street.

Y, ¿cómo se llegó a esta situación?, se pregunta el laureado periodista investigador de temas económicos Dee Hon en las páginas de la revista The Tyee, de Vancouver, Canadá: "¿Cómo es posible que Estados Unidos se haya convertido en una nación adicta a las deudas, empujada hasta y más allá de la bancarrota? Su tasa de ahorro anda por debajo de cero. Las bancarrotas personales han alcanzado cifras récord. La deuda total de los estadounidenses promedia más de 160 000 dólares por cada hombre, mujer y niño. Solo con China, la deuda es de casi un billón de dólares. La deuda con Japón y otros países también es enorme".

Según la investigación de Dee Hon, la historia tiene un origen laboral en las décadas que siguieron a la II Guerra Mundial. El crecimiento económico era entonces fuerte y había poderosos sindicatos industriales que convirtieron los sueños de la clase media en algo alcanzable por ciudadanos de la clase trabajadora. Los obreros compraron casas y automóviles en tal cantidad que dieron lugar a los modernos suburbios actuales. Pero la prosperidad para los asalariados alcanzó su cima a inicios de los 70. Entonces, las grandes corporaciones, por miedo al aumento de la competencia extranjera, empezaron a violar un contrato social implícito que tenían con los obreros. Comenzaron a reducir costos mediante el uso de mano de obra barata extranjera para provocar con ello una disminución de los jornales.

De acuerdo con investigaciones de Dee Hon, aunque cayeron los salarios, el consumo tuvo un crecimiento sin precedentes. Comprar se convirtió en un deber patriótico que distinguía a los ciudadanos de los Estados Unidos de sus "enemigos comunistas" en la Guerra Fría.

En los 80, la creciente pérdida del temor a las deudas por los compradores y la ansiedad de estos por consumir mercancías se conjugaron con la desregulación de los préstamos dispuesta por el presidente Ronald Reagan. El crédito no solo se hizo fácil, sino que comenzó a ser fuertemente promovido.

Las deudas contraídas por la población a través de las tarjetas de crédito llegaron a 880 000 millones, tres veces las de 1988, luego del ajuste por inflación. Eran todas buenas noticias para el sector corporativo, que ganaba dinero de los préstamos que concedía a los consumidores y se beneficiaba de sus gastos. Además, salarios menores significan costos menores y ganancias mayores. Estos factores contribuyeron a que el mercado de valores iniciara un florecimiento récord a inicios de los años 80 que se ha mantenido imbatible casi hasta hoy.

Tales condiciones crearon vastas riquezas para una categoría particular de individuos: los que controlan lo que se conoce como la renta económica, que es algo así como el ingreso "ganado" por la simple propiedad de un bien. Algunas formas de renta económica incluyen dividendos por acciones, o ganancias de capital por la venta de acciones o propiedades. La alquimia de esta renta reside en que no se necesita esfuerzo alguno para producir dinero, asevera Dee Hon.

Los gobiernos, por su parte, estimulan a los inversionistas, o sea, a la clase rentista. En las naciones industrializadas, la renta económica, en su forma de ganancias de capital, eroga tasas impositivas menores que las que pagan los ingresos devengados en prácticamente todas las actividades productivas o de servicios. Esta realidad llevó a una explosión de la industria de las finanzas, que actualmente maneja 10 billones de dólares ajenos y es 700 veces mayor que en 1970.

De modo que los préstamos baratos estimularon a millones de estadounidenses a contraer más deudas, comprar casas y elevar el valor de estas a cifras sin precedentes. Los altos precios de los inmuebles llevaron a los bancos a prestar liberalmente dinero contra el valor de esas viviendas, lo que a su vez impulsó a los propietarios a pedir más dinero para agregar más valor a ellas.

Y es así como, a juicio de Dee Hon, se llegó a esta crisis de las deudas hipotecarias en Estados Unidos que nadie se atreve aún a pronosticar a dónde irá a parar.

01 septiembre, 2007

China, potencia en ascenso, EE.UU, en caída


Frida Modak

Nunca se imaginaron las Barbies, las Polly-pockets, Batman Barney y muchos otros personajes del mundo infantil que se iban a ver envueltos en una confrontación entre dos potencias, una que va perdiendo su poderío y otra que lo va ganando. Ese es el verdadero motivo de la recogida de millones de juguetes que ha tenido que hacer la empresa Mattel y su división Fischer Price, debido a que las autoridades sanitarias estadounidenses dijeron que la pintura con la que estaban revestidos contenía plomo en cantidades superiores a las permitidas en el país del norte, lo que ponía en peligro la salud de los niños.

Aparte, y por su cuenta, Mattel anunció que también serían recogidos otros juguetes que contenían imanes pequeños que podían desprenderse, por lo que modificarían sus normas de producción. Más de 18 millones de juguetes fueron recogidos en todo el mundo. El asunto recibió una extraordinaria publicidad, la salud de los niños estaba amenazada por aquellos que habían sido fabricados en China por una empresa contratada por Mattel, la que a su vez había subcontratado con otra empresa la pintura de algunas partes de los juguetes. Esa tercera empresa, en lugar de usar la pintura entregada por la contratada por Mattel, había utilizado pintura proveniente de una cuarta empresa, un proveedor no autorizado.

Es interesante consignar estos detalles porque todo el proceso de fabricación se ciñó a las leyes del modelo neoliberal que se aplican en todos los rubros: las grandes empresas contratan a otras de menor tamaño que les hacen el trabajo a menor costo y éstas a su vez subcontratan a otras que le producen los artículos de que se trate a menor costo también. Así, los distintos niveles de empresas ganan en cada una de esas instancias. Los que siempre pierden son los obreros y empleados, que en estas contrataciones y subcontrataciones ganan salarios más bajos, no tienen ninguna prestación y tampoco pueden organizarse para defender sus derechos.

La guerra comercial

Nadie puede poner en duda que es un deber proteger la salud de los niños, como así también sus derechos, pero hay muchos omisos, en especial las grandes empresas que los utilizan como mano de obra barata, con la ventaja de que los menores no saben de derechos sociales. Es difícil saber qué va a ganar Mattel para compensar las supuestas pérdidas, pero lo que está claro es que todo el despliegue publicitario tenía un objetivo, seguir poniendo en duda la calidad de los productos hechos en China, que es lo que se ha venido señalando a lo largo de este año en particular. Las razones son igualmente claras: China es una potencia en ascenso, ya es la cuarta economía mundial, y Estados Unidos una en descenso, su pérdida de hegemonía es un hecho admitido en el plano internacional.

No se trata solamente de que la economía china crece a un 10 por ciento anual, sino que además el país invierte en otros continentes y compra lo que contribuye a producir porque la nación asiática es varias cosas a la vez: productor, inversor y comprador, con lo que amplía su influencia en áreas que Estados Unidos consideraba dentro de "su" zona de influencia, América Latina en particular. Por otra parte, los productos chinos son más baratos y los estadounidenses los prefieren, con lo que la superpotencia tiene ya un déficit comercial multimillonario con China que en 2005 ascendía a 233 mil millones de dólares.

En el primer semestre de este año ese déficit alcanzó los 96 mil millones de dólares,15 por ciento más que el año pasado, en el marco de una disminución del déficit total del país del norte debido a la devaluación del dólar, lo que hace más competitivas su exportaciones, y a una pequeña apreciación de la moneda china. Este intento de desprestigiar los productos chinos choca con la realidad. Las normas internas sobre su elaboración son rigurosas y la tasa de aceptación de las exportaciones realizadas entre enero y junio de este año fue del 99.1 por ciento en Estados Unidos y del 99.8 por ciento en la Unión Europea. Dicho de otra manera, los productos rechazados fueron menos del 0.9 por ciento de las 55 mil partidas enviadas al país del norte y del 0.2 por ciento de las 62 mil partidas que enviaron a Europa. Pero hay también otros motivos.

Los juegos olímpicos

A partir del 8 de agosto del próximo año, y durante dos semanas, China será la sede de los Juegos Olímpicos de Beijing y los preparativos señalan que se pretende mostrarle al mundo que a la grandeza de la civilización y la cultura china milenaria, hoy se agrega la de un país que ha alcanzado niveles inimaginables en su desarrollo económico, industrial, científico y militar, que ahora enfoca sus preocupaciones en el bienestar social de sus mil 300 millones de habitantes. El éxito de estos juegos tiene para China tanta importancia como la que tiene para sus adversarios un eventual fracaso. Crear desconfianza respecto a sus productos no sería una casualidad.

Desde hace meses las autoridades chinas han estado implementando diversos proyectos que van desde señalar normas de cortesía hacia los visitantes, incluyendo la modificación de algunos hábitos, hasta cambiar fenómenos naturales. De acuerdo a las estadísticas, hay un 50 por ciento de probabilidades de que llueva durante los juegos, pero los metereólogos chinos estiman que pueden revertir esa situación sembrando lluvias para que éstas caigan en los días previos y tener cielos limpios durante el desarrollo de la competencia. Hay controversia respecto a la siembra de lluvias, pero la Oficina de Modificación del Clima de Beijing ya hizo una prueba el año pasado para reducir la contaminación de la ciudad y logró provocar una lluvia de 10 milímetros.

Mientras tanto, el fin de semana pasado se puso en práctica un programa de restricción vehicular, parecido al Hoy no Circula, para medir sus efectos tanto en la contaminación como en el tráfico, estableciendo servicios de taxi y autobuses para el transporte de los forzados peatones, sistema que también se pretende aplicar durante los juegos. Por de pronto, durante cuatro días salieron de la circulación un millón 300 mil automóviles, de los mas de tres millones de vehículos con que cuenta la ciudad.

También está en construcción una Villa Olímpica, donde los atletas tendrán agua caliente producida por una placa solar de 6 mil metros cuadrados, cuya construcción se financia en parte con un aporte de Italia, placa que permitirá después ahorrar 2 mil toneladas de carbón al año. Y se construye además un megaedificio que usará agua reciclada. El objetivo es que los Juegos Olímpicos de Beijing sean limpios, si factores externos no los enturbian.

02 mayo, 2007

CHINA-EEUU: Guerra fría comercial

Por Antoaneta Bezlova

BEIJING, 27 abr (IPS) - La creciente tensión económica entre China y Estados Unidos adquirió tal significación política que podría desatar una guerra comercial, según funcionarios y empresarios chinos.

La escalada coincide con cuestionamientos internos en ambos países que limitan la capacidad de maniobra de las autoridades para alcanzar acuerdos bilaterales.

Concentrados en los preparativos del congreso quinquenal del Partido Comunista en noviembre y de los Juegos Olímpicos de Beijing en 2008, el gobierno chino se muestra reacio a tomar medidas económicas drásticas que pongan en riesgo la estabilidad social.

En Estados Unidos se considera que el gobierno de George W. Bush pierde terreno en la lucha por contener el temperamento proteccionista, creciente en el Congreso legislativo ante la proximidad de las elecciones presidenciales de 2008.

El gobierno estadounidense cedió a la presión política del Congreso de mayoría opositora y endureció en los últimos tiempos su postura hacia China en materia comercial.

Washington presentó una queja formal ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) por violaciones a los derechos de propiedad intelectual y a las restricciones comerciales y dispuso aranceles excesivos a algunos productos chinos de exportación.

China respondió advirtiendo a Estados Unidos que esas acciones tendrían un enorme impacto negativo en las relaciones bilaterales.

Esta semana, la viceprimera ministra china Wu Yi, responsable de las negociaciones comerciales con la potencia norteamericana, aseguró que su gobierno impugnará las denuncias ante la OMC y "luchará hasta el final".

Esta no es la primera vez que Washington arremete contra Beijing por entender que el gigante asiático viola normas de la OMC. Pero la diferencia de los nuevos reclamos es su naturaleza y los mecanismos utilizarlos para formularlos.

El 9 de este mes, la representante comercial de Estados Unidos, Susan Schwab, pidió a la OMC considerar "la inadecuada protección en China a los derechos de propiedad intelectual y a las marcas registradas".

Además, pidió a la institución con sede en Ginebra que analice las "graves barreras comerciales" impuestas en China a publicaciones, películas y grabaciones musicales de su país.

Un tribunal federal estadounidense falló el 30 de marzo que el Departamento (Ministerio) de Comercio tiene autoridad legal para imponer aranceles al papel satinado fabricado en China.

La sentencia sugiere que tal reprimenda es innovadora, pues refrenda los "derechos compensatorios" ante una nación donde la economía de mercado es considerada inexistente.

Si se confirma el dictamen, quedará abierta la puerta para que otras industrias perjudicadas por la política comercial de China formulen demandas similares ante la justicia estadounidense.

Legisladores proteccionistas abogan por medidas más duras para reducir el enorme déficit comercial con China, que llegó a 233.000 millones de dólares en 2006, y corregir así lo que consideran desventajas injustas en favor del gigante asiático.

También sostienen que el gran excedente comercial de China obedece en parte a la debilidad de su moneda, al subsidio desleal en favor de empresas exportadoras y a la frágil protección de los derechos de propiedad intelectual.

La cuestión de su protección deficiente se volvió una cuestión delicada en el vínculo.

La organización Motion Pictures Association of America, que reúne a las principales empresas cinematográficas de Estados Unidos, calcula que ese sector perdió a causa de la piratería en China más de 2.500 millones de dólares en 2005.

Los ingresos por taquilla y venta legal de películas ascendieron a apenas 740 millones de dólares en ese mismo año, agregó.

Las compañías estadounidenses sostienen que esa situación obedece a la falta de controles por el cumplimiento de la frágil legislación contra la piratería y a las excesivas restricciones en el suministro de productos legales.

La industria estima que más de 90 por ciento de los DVD y CD que se comercializan en este país son copias ilegales.

La idea de que la legislación antipiratería china es demasiado laxa también es compartida por la Alianza Internacional de Propiedad Intelectual.

Según el último informe de esa organización, "China es el único país del mundo que pide pruebas de que el acto (de piratería) fue emprendido con el propósito de obtener beneficios".

En este país se debe encontrar a un falsificador con al menos 500 discos pirateados para poder acusarlo, pero, en la práctica, el castigo suele ser una multa.

Las autoridades chinas tomaron ahora consciencia de los problemas que tiene el sistema.

"China todavía tiene un largo camino por recorrer en lo que respecta a la protección de los derechos de propiedad intelectual", admitió Wu Yi esta semana.

Wu también reveló que el gobierno chino prevé la aprobación este año de más leyes al respecto y lanzar varias campañas publicitarias para que la población tome consciencia del peligro que supone la compra de copias ilegales.

"El gobierno chino será más decidido, adoptará más medidas y creará leyes de protección a los derechos de autor", se comprometió Wu. Pero también indicó que al presentar quejas formales en la OMC, Washington abortó la posibilidad de solucionar las disputas mediante el entendimiento mutuo.

Los empresarios estadounidenses también advirtieron que un enfoque duro contra Beijing en este momento, como gravar sus productos con aranceles altos, tendría consecuencias negativas.

"Un enfoque legislativo politizado puede socavar el comercio internacional, desbaratar un diálogo constructivo y, por último, debilitar la posición competitiva de las empresas estadounidenses y la economía en general sin un avance de sus intereses", advirtió el jueves la Cámara de Comercio de Estados Unidos.

Parece remota la posibilidad de que los líderes chinos, ya sumergidos en el 17 congreso del Partido Comunista que se realizará en noviembre, pongan en riesgo la estabilidad social respondiendo a los reclamos de reducir el crecimiento de sus exportaciones o ajustar el valor de la moneda.

Algunos funcionarios como el subsecretario de Comercio, Yi Xiaozhun, ya advirtieron del peligro de "abusar de los derechos de propiedad intelectual" en China.

Debido a la prioridad que tienen algunas cuestiones políticas internas, también aumenta el peligro de un conflicto comercial entre ambos países. (FIN/2007)