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03 octubre, 2009

Chomsky: guerra, drogas y política, elementos del mundo bipolar

Blanche Petrich.*

¿Qué lecciones nos han dejado dos décadas de una realidad mundial unipolar? Noam Chomsky disertó  largamente en Méxio sobre esta pregunta y dejó en oídos del auditorio ideas sorprendentes, en una conferencia magistral en la Sala Nezahualcóyotl, transmitida en vivo por TV Unam y 12 televisoras públicas y universitarias que se enlazaron para enviar la señal a Aguascalientes, Hidalgo, Michoacán, Morelos, Puebla, Quintana Roo, San Luis Potosí, Tlaxcala, Yucatán, Durango y Nuevo León, además de por La Jornada on line.

Ideas sorprendentes como la de Barack Obama, presidente de Estados Unidos, descrito como una mercancía con una mercadotecnia tan exitosa, que el año pasado mereció el primer lugar en campañas promocionales por parte de la industria de la publicidad. Más famoso que las computadoras Apple. Tan vendible como una pasta de dientes o un fármaco.

O la idea de que la invasión estadunidense a Panamá, en 1989, hoy apenas una nota a pie de página para muchos, fue en realidad la señal de que Wáshington iniciaba, a través de la ficción de la guerra contra las drogas, una nueva etapa de dominación, cuando apenas habían pasado algunas semanas de la caída del Muro de Berlín.

O bien, un dato puntual, asombroso: la preocupación manifestada en 1990, en un taller de desarrollo de estrategias para América Latina en el Pentágono, de que una eventual apertura democrática en México osara desafiar a Estados Unidos. La solución propuesta fue imponer a nuestro país un tratado que lo atara de manos con las reformas neoliberales. La propuesta se materializó en el Tratado de Libre Comercio (TLC), que entró en vigor en 1994.

Así, la reseña de Chomsky de las dos últimas dos décadas llegó al momento actual, al proceso de remilitarización de América Latina con siete nuevas bases en Colombia y la reactivación de la Cuarta Flota de su armada. Todo, para aterrizar en la visión de un continente, el nuestro, que pese a todo comienza a liberarse por sí solo de este yugo, con gobiernos que desafían las directrices de Washington, pero sobre todo con movimientos populares de masas de gran significación.

Congruente con esta importancia que Chomsky da a los procesos sociales y a su constante llamado a visibilizar a sus protagonistas, al concluir su conferencia magistral y una entrevista con TV Unam, el académico todavía tuvo fuerzas para encontrarse brevemente con Trinidad Ramírez, dirigente del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, de San Salvador Atenco, esposa del preso político Ignacio del Valle, la cual agradeció al conferencista que fuera firmante de la segunda campaña por la libertad de 11 presos, le regaló su paliacate rojo y, por supuesto, también su machete.
En La Jornada, México D.F.

Texto de la conferencia de Noam Chomsky

Al pensar en cuestiones internacionales, es útil tener presentes varios principios de generalidad e importancia considerables. El primero es la máxima de Tucídides: Los fuertes hacen lo que quieren, y los débiles sufren como es menester. Esto tiene un importante corolario: todo Estado poderoso descansa en especialistas en apologética, cuya tarea es mostrar que lo que hacen los fuertes es noble y justo y lo que sufren los débiles es su culpa.

En el Occidente contemporáneo a estos especialistas se les llama intelectuales y, con excepciones marginales, cumplen su tarea asignada con habilidad y sentimientos de superioridad moral, pese a lo disparatado de sus alegatos. Su práctica se remonta a los orígenes de la historia de la que tenemos registro.

Los principales arquitectos

Un segundo punto, que no hay que olvidar, lo expresó Adam Smith. Él se refería a Inglaterra, la potencia más grande de su tiempo, pero sus observaciones son generalizables. Smith observaba que los principales arquitectos de políticas públicas en Inglaterra eran los comerciantes y los fabricantes, quienes se aseguraban de que sus intereses fueran bien servidos por tales políticas, por gravoso que fuera el efecto en otros –incluido el pueblo de Inglaterra– y pese a la severidad que tuvieran para quienes sufren la salvaje injusticia de los europeos en otras partes.

Smith fue una de esas raras figuras que se apartaron de la práctica normal de retratar a Inglaterra como una potencia angelical, única en la historia del mundo, dedicada sin egoísmo al bienestar de los bárbaros. Un ejemplo revelador, en estos términos exactos, es un ensayo clásico de John Stuart Mill, uno de los más decentes e inteligentes intelectuales occidentales, en el que explicaba por qué Inglaterra tenía que culminar su conquista de la India en aras de los más puros fines humanitarios. Lo escribió justo en el momento de mayores atrocidades de Inglaterra en la India, cuando el verdadero fin de una mayor conquista era permitir a Inglaterra apoderarse del monopolio del opio y establecer la más extraordinaria empresa de narcotráfico en la historia mundial, y así obligar a China, con lanchas cañoneras y venenos, a aceptar las mercancías de fabricación británicas, que China no quería.

La plegaria de Mill es la norma cultural. La máxima de Smith es la norma histórica.

Hoy, los principales arquitectos de las políticas públicas no son los comerciantes y los fabricantes, sino las instituciones financieras y las corporaciones trasnacionales.

Una refinada versión actual de la máxima de Smith es la teoría de la inversión en política, desarrollada por el economista político Thomas Ferguson, la cual considera que las elecciones son la ocasión para que grupos de inversionistas se unan con el fin de controlar el Estado, en esencia comprando las elecciones.

Como muestra Ferguson, esta teoría es un mecanismo muy bueno para predecir políticas públicas durante un periodo largo.

Entonces, para lo ocurrido en 2008 debimos haber anticipado que los intereses de las industrias financieras tendrían prioridad para el gobierno de Obama. Fueron sus principales provedoras de fondos y se inclinaron mucho más por Obama que por McCain. Y así resultó ser. El semanario de negocios Business Week se ufana ahora de que la industria de las aseguradoras ganó la batalla por la atención a la salud, y de que las instituciones financieras que crearon la crisis actual emergen incólumes y aun fortalecidas, tras un enorme rescate público –lo que acomoda el escenario para la siguiente crisis–, apuntan los editores.

Y añaden que otras corporaciones aprendieron valiosas lecciones de estos triunfos y ahora organizan grandes campañas para frenar la aprobación de cualquier medida relacionada con energía y conservación (por suave que sea), con pleno conocimiento de que frenar esas medidas negará a sus nietos cualquier posibilidad de supervivencia decente.

Por supuesto, no es que sean malas personas, ni son ignorantes. Ocurre que las decisiones son imperativos institucionales. Quienes deciden no seguir las reglas son excluidos, a veces en formas muy notables.

Las elecciones en Estados Unidos son montajes espectaculares (extravaganzas), conducidos por la enorme industria de las relaciones públicas que floreció hace un siglo en los países más libres del mundo, Inglaterra y Estados Unidos, donde las luchas populares habían ganado la suficiente libertad para que el público ya no tan fácilmente fuera controlado por la fuerza. Entonces, los arquitectos de las políticas públicas se dieron cuenta de que iba a ser necesario controlar las actitudes y las opiniones. Uno de los elementos de la tarea era controlar las elecciones.

Estados Unidos no es una democracia guiada como Irán, donde los candidatos requieren la aprobación de los clérigos imperantes. En sociedades libres, como Estados Unidos, son las concentraciones de capital las que aprueban candidatos y, entre quienes pasan por el filtro, los resultados terminan casi siempre determinados por los gastos de campaña.

Los operadores políticos están siempre muy conscientes de que con frecuencia el público disiente profundamente, en algunos puntos, de los arquitectos de las políticas públicas. Entonces, las campañas electorales evitan ahondar en cualquier punto y favorecen las consignas, las florituras de oratoria, las personalidades y el chismorreo.

Cada año la industria de la publicidad otorga un premio a la mejor campaña promocional del año. En 2008 el premio se lo llevó la campaña de Obama, derrotando incluso a las computadoras Apple. Los ejecutivos estaban eufóricos. Se ufanaban abiertamente de que éste era su éxito más grande desde que comenzaron a promocionar candidatos cual si fueran pasta de dientes o fármacos que asocian con estilos de vida, técnicas que cobraron fuerza durante el periodo neoliberal, primero que nada con Reagan.

En los cursos de economía, uno aprende que los mercados se basan en consumidores informados que eligen racionalmente sus opciones. Pero quien mire un anuncio de televisión sabe que las empresas destinan enormes recursos a crear consumidores uniformados que eligen irracionalmente sus opciones.

Los mismos dispositivos utilizados para derruir mercados se adaptan al objetivo de socavar la democracia, creando votantes desinformados que tomarán decisiones irracionales a partir de una limitada serie de opciones compatibles con los intereses de los dos partidos, que a lo sumo son facciones competidoras de un solo partido empresarial.

Tanto en el mundo de los negocios como en el político, los arquitectos de las políticas públicas son constantemente hostiles con los mercados y con la democracia, excepto cuando buscan ventajas temporales. Por supuesto, la retórica puede decir otra cosa, pero los hechos son bastante claros.

La máxima de Adam Smith tiene algunas excepciones, que son muy instructivas. Un ejemplo contemporáneo importante son las políticas de Washington hacia Cuba desde que ésta obtuvo su independencia, hace 50 años. Estados Unidos es una sociedad que goza de una libertad poco común, así que contamos con buen acceso a los registros internos que revelan el pensamiento y los planes de los arquitectos de las políticas públicas.

A los pocos meses de la independencia de Cuba, el gobierno de Eisenhower formuló planes secretos para derrocar al régimen e inició programas de guerra económica y de terrorismo, cuya escala fue aumentada bruscamente por Kennedy, y que continúan en varias formas hasta nuestros días. Desde el inicio, la intención explícita fue castigar lo suficiente al pueblo cubano para que derrocara al régimen criminal.

Su crimen era haber logrado desafiar políticas estadunidenses que databan de la década de 1820, cuando la doctrina Monroe declaró la intención estadunidense de dominar el hemisferio occidental sin tolerar interferencia alguna de fuera ni de dentro.

Aunque las políticas bipartidistas hacia Cuba concuerdan con la máxima de Tucídides, entran en conflicto con el principio de Adam Smith, y como tales nos brindan una mirada especial sobre cómo se configuran las políticas. Durante décadas, el pueblo estadunidense ha favorecido la normalización de relaciones con Cuba. Desatender la voluntad de la población es normal, pero en este caso es más interesante que sectores poderosos del mundo de los negocios favorezcan también la normalización: las agroempresas, las corporaciones farmacéuticas y de energía, y otros que comúnmente fijan los marcos de trabajo básicos para la construcción de políticas.

En este caso sus intereses son atropellados por un principio de los asuntos internacionales que no recibe el reconocimiento apropiado en los tratados académicos en la materia: podríamos llamarlo el principio de la Mafia. El Padrino no tolera que nadie lo desafíe y se salga con la suya, ni siquiera el pequeño tendero que no puede pagarle protección. Es muy peligroso. Debe, por tanto, erradicarse brutalmente, de tal modo que otros entiendan que desobedecer no es opción. Que alguien logre desafiar al Amo puede volverse un virus que disemine el contagio, por tomar prestado el término usado por Kissinger cuando se preparaba a derrocar el gobierno de Allende.

Ésa ha sido una doctrina principal en la política exterior estadounidense durante el periodo de su dominio global y, por supuesto, tiene muchos precedentes. Otro ejemplo, que no tengo tiempo de revisar aquí, es la política estadunidense hacia Irán a partir de 1979.

Tomó su tiempo cumplir los objetivos plasmados en la doctrina Monroe, y algunos de éstos siguen topándose con muchos impedimentos. El fin último perdura y es incuestionable. Adquirió mucho mayor significación cuando, tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se convirtió en una potencia global dominante y desplazó a su rival británico. La justificación se ha analizado con lucidez.

Por ejemplo, cuando Wáshington se preparaba para derrocar al gobierno de Allende, el Consejo de Seguridad Nacional puntualizó que si Estados Unidos no lograba controlar América Latina, no podría esperar consolidar un orden en ninguna parte del mundo, es decir, imponer con eficacia su dominio sobre el planeta. La credibilidad de la Casa Blanca se vería socavada, como lo expresó Henry Kissinger. Otros también podrían intentar salirse con la suya en el desafío si el virus chileno no era destruido antes de que diseminara el contagio.

Por tanto, la democracia parlamentaria en Chile tuvo que irse, y así ocurrió el primer 11 de septiembre, en 1973, que está borrado de la historia en Occidente, aunque en términos de consecuencias para Chile y más allá sobrepase, por mucho, los terribles crímenes del 11 de septiembre de 2001.

Aunque las máximas de Tucídides y Smith, y el principio de la Mafia, no dan cuenta de todas las decisiones de política exterior, cubren una gama bastante amplia, como también lo hace el corolario referente al papel de los intelectuales. No son el final de la sabiduría, pero se encaminan a él.

Con el contexto proporcionado hasta el momento, miremos el momento unipolar, que es el tópico de gran cantidad de discusiones académicas y populares desde que se colapsó la Unión Soviética, hace 20 años, dejando a Estados Unidos como la única superpotencia global en vez de ser sólo la primera superpotencia, como antes.

Aprendemos mucho acerca de la naturaleza de la guerra fría, y del desarrollo de los acontecimientos desde entonces, mirando cómo reacciona Washington a la desaparición de su enemigo global, esa conspiración monolítica y despiadada para apoderarse del mundo, como la describía Kennedy.

Unas semanas después de la caída del Muro de Berlín, Estados Unidos invadió Panamá. El propósito era secuestrar a un delincuente menor, que fue llevado a Florida y sentenciado por crímenes que había cometido, en gran medida, mientras cobraba en la CIA. De valioso amigo se convirtió en demonio malvado por intentar adoptar una actitud desafiante y salirse con la suya, al andarse con pies de plomo en el apoyo a las guerras terroristas de Reagan en Nicaragua.

La invasión mató a varios miles de personas pobres en Panamá, según fuentes panameñas, y reinstauró el dominio de los banqueros y narcotraficantes ligados a Estados Unidos. Fue apenas algo más que una nota de pie de página en la historia, pero en algunos aspectos rompió la tendencia. Uno de ellos fue que se hizo necesario contar con un nuevo pretexto, y éste llegó rápido: la amenaza de narcotraficantes de origen latino que buscan destruir a Estados Unidos. Richard Nixon ya había declarado la guerra contra las drogas, pero ésta asumió un nuevo y significativo papel durante el momento unipolar.

Sofisticación tecnológica en el Tercer Mundo

La necesidad de un nuevo pretexto guió también la reacción oficial en Washington ante el colapso de la superpotencia enemiga.

El gobierno de Bush padre trazó el nuevo rumbo a los pocos meses: en resumidas cuentas, todo se mantendrá bastante igual, pero tendremos nuevos pretextos. Todavía requerimos de un enorme sistema militar, pero ahora hay un nuevo justificante: la sofisticación tecnológica de las potencias del tercer mundo. Tenemos que mantener la base industrial de defensa, eufemismo para describir la industria de alta tecnología apoyada por el Estado. Debemos mantener fuerzas de intervención dirigidas a las regiones ricas en energéticos de Medio Oriente, donde no haríamos responsable al Kremlin de las amenazas significativas a nuestros intereses, a diferencia de las décadas de engaño cuando eso ocurría.

Todo lo anterior pasó muy en silencio, apenas si se notó. Pero para quienes confían en entender el mundo, es bastante ilustrativo.

Como pretexto para una intervención, fue útil invocar una guerra a las drogas, pero como pretexto es muy estrecho. Se necesitaba uno de más arrastre. Rápidamente las elites se volcaron a la tarea y cumplieron su misión. Declararon una revolución normativa que confería a Estados Unidos el derecho a una intervención por razones humanitarias escogida por definición, por la más noble de las razones.

Para expresarlo con sutileza, ni las víctimas tradicionales se inmutaron. Las conferencias de alto nivel en el Sur global condenaron con amargura "el así llamado 'derecho' a una intervención humanitaria". Era necesario un refinamiento adicional, por lo que se diseñó el concepto de responsabilidad de proteger. Quienes prestan atención a la historia no se sorprenderán al descubrir que las potencias occidentales ejercen su responsabilidad de proteger de modo muy selectivo, en adherencia estricta a las tres máximas descritas. Los hechos perturban de tan obvios, y requieren considerable agilidad de las clases intelectuales: otra reveladora historia que debo dejar de lado.

Conforme el momento unipolar se iluminó, otra cuestión que se puso al frente fue el destino de la OTAN. La justificación tradicional para la organización era la defensa contra las agresiones soviéticas. Al desaparecer la Unión Soviética se evaporó el pretexto. Las almas ingenuas, que tienen fe en las doctrinas del momento, habrían esperado que la OTAN desapareciera también; por el contrario, se expandió con rapidez. Los detalles revelan mucho acerca de la guerra fría y de lo que siguió. A nivel más general revelan cómo se forman y ejecutan las políticas de los estados.

A medida que se colapsó la Unión Soviética, Mijail Gorbachov hizo una pasmosa concesión: permitió que una Alemania unificada se uniera a una alianza militar hostil encabezada por la superpotencia global, pese a que Alemania por sí sola casi había destruido Rusia en dos ocasiones durante el siglo XX. Sin embargo, fue un quid pro quo, un esto por aquello, una reciprocidad.

El gobierno de Bush prometió a Gorbachov que la OTAN no se extendería a Alemania oriental, y que desde luego no llegaría más al oriente. También le aseguró al mandatario soviético que la organización se transformaría en un ente más político. Gorbachov propuso también una zona libre de armas nucleares desde el Ártico al Mar Negro, un paso hacia una zona de paz que eliminara cualquier amenaza a Europa occidental u oriental. Tal propuesta se pasó por alto sin consideración alguna.

Poco después llegó Bill Clinton al cargo. Muy pronto se desvanecieron los compromisos de Washington. No es necesario abundar sobre la promesa de que la OTAN se convertiría en un ente más político. Clinton expandió la organización hacia el este, y Bush fue más allá. En apariencia Barack Obama intenta continuar la expansión.

Un día antes del primer viaje de Barack Obama a Rusia, su asistente especial en Seguridad Nacional y Asuntos Eurasiáticos informó a la prensa: No vamos a dar seguridades a los rusos, ni a darles ni intercambiar nada con ellos respecto de la expansión de la OTAN o la defensa con misiles.

Se refería a los programas de defensa con misiles estadunidenses en Europa oriental y a la posibilidad de convertir en miembros de la OTAN a dos vecinos de Rusia, Ucrania y Georgia. Ambos pasos eran vistos por los analistas occidentales como serias amenazas a la seguridad rusa, por lo que, de igual modo, podían inflamar las tensiones internacionales.

Ahora, la jurisdicción de la OTAN es todavía más amplia. El asesor de Seguridad Nacional de Obama, el comandante de Marina James Jones, hace llamados a que la organización se amplíe al sur y también al este, de modo que se refuerce el control estadunidense sobre las reservas energéticas de Medio Oriente. El general Jones también aboga por una fuerza de respuesta de OTAN, que confiera a la alianza militar encabezada por Estados Unidos mucho mayor capacidad y flexibilidad para efectuar acciones con rapidez y en distancias muy largas, objetivo que ahora Washington se empeña en lograr en Afganistán.

El secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, informó a la conferencia de la organización que las tropas de la alianza tienen que custodiar los ductos de crudo y gas que van directamente a Occidente y, de modo más general, proteger las rutas marinas utilizadas por los buques cisternas y otras cruciales infraestructuras del sistema energético.

Dicha decisión expresa de forma más explícita las políticas posteriores a la guerra fría: remodelar la OTAN para volverla una fuerza de intervención global encabezada por Estados Unidos, cuya preocupación especial sea el control de los energéticos. Supuestamente, la tarea incluye la protección de un ducto de 7 mil 600 millones de dólares que conduciría gas natural de Turkmenistán a Pakistán e India, pasando por la provincia de Kandahar, en Afganistán, donde están desplegadas las tropas canadienses.

La meta es bloquear la posibilidad de que un ducto alterno brinde a Pakistán e India gas procedente de Irán, y disminuir la dominación rusa de las exportaciones energéticas de Asia central, según informó la prensa canadiense, bosquejando con realismo algunos de los contornos del nuevo gran juego en el que la fuerza de intervención internacional encabezada por Estados Unidos va a ser un jugador principal.

Desde los primeros días posteriores a la guerra fría, se entendía que Europa occidental podría optar por un curso independiente, tal vez con una visión gaullista de Europa, del Atlántico a los Urales. En este caso el problema no es un virus que pueda diseminar el contagio, sino una pandemia que podría desmantelar todo el sistema de control global. Se supone que, al menos en parte, la OTAN intenta contrarrestar esa seria amenaza. La expansión actual de la alianza, y los ambiciosos objetivos de la nueva organización, dan nuevo empuje a esos fines.

Los acontecimientos continúan atravesando el momento unipolar, adhiriéndose bien a los principios que rigen los asuntos internacionales. Más en específico, las políticas se conforman muy cerca de las doctrinas del orden mundial formuladas por los planificadores estadunidenses de alto nivel durante la Segunda Guerra Mundial.

A partir de 1939, reconocieron que, fuera cual fuese el resultado de la guerra, Estados Unidos se convertiría en una potencia global y desplazaría a Gran Bretaña. En concordancia, desarrollaron planes para que Estados Unidos ejerciera control sobre una porción sustancial del planeta. Esta gran área, como le llaman, habría de comprender por lo menos el hemisferio occidental, el antiguo imperio británico, el Lejano Oriente y los recursos energéticos de Asia occidental.

En esta gran área, Estados Unidos habría de mantener un poder incuestionable, una supremacía militar y económica, y actuaría para garantizar los límites de cualquier ejercicio de soberanía por parte de estados que pudieran interferir con sus designios globales. Al principio los planificadores pensaron que Alemania predominaría en Europa, pero conforme Rusia comenzó a demoler la Wermacht (las fuerzas armadas nazis), la visión se hizo más y más expansiva, y se buscó que la gran área incorporara la mayor extensión de Eurasia que fuera posible, por lo menos Europa occidental, el corazón económico de Eurasia.

Se desarrollaron planes detallados y racionales para la organización global, y a cada región se le asignó lo que se le llamó su función. Al Sur en general se le asignó un papel de servicio: proporcionar recursos, mano de obra barata, mercados, oportunidades de inversión y más tarde otros servicios, tales como recibir la exportación de desperdicios y contaminación.

En ese entonces, Estados Unidos no estaba tan interesado en África, así que la pasó a Europa para que explotara su reconstrucción a partir de la destrucción de la guerra. Uno podría imaginar relaciones diferentes entre África y Europa a la luz de la historia, pero no se tuvieron en cuenta. En contraste, se reconoció que las reservas de petróleo de Medio Oriente eran una estupenda fuente de poder estratégico y uno de los premios materiales más grandes en la historia del mundo: la más importante de las áreas estratégicas del mundo, para ponerlo en palabras de Eisenhower. Y los planificadores se daban cuenta de que el control del crudo de Medio Oriente proporcionaría a Estados Unidos el control sustancial del mundo.

Quienes consideran significativas las continuidades de la historia tal vez recuerden que los planificadores de Truman hacían eco de las doctrinas de los demócratas jacksonianos al momento de la anexión de Texas y de la conquista de medio México, un siglo antes. Tales predecesores anticiparon que las conquistas proporcionarían a Estados Unidos un virtual monopolio del algodón, el combustible de la primera revolución industrial: Ese monopolio, ahora asegurado, pone a todas las naciones a nuestros pies, declaró el presidente Tyler. En esa forma, Estados Unidos podría esquivar el disuasivo británico, el mayor problema de esa época, y ganar influencia internacional sin precedente.

Concepciones semejantes guiaron a Washington en su política petrolera. De acuerdo con ella –explicaba el Consejo de Seguridad Nacional de Eisenhower–, Estados Unidos debe respaldar regímenes rudos y brutales y bloquear la democracia y el desarrollo, aunque eso provoque una campaña de odio contra nosotros, como observó el presidente Eisenhower 50 años antes de que George W. Bush preguntara en tono plañidero por qué nos odian y concluyera que debía ser porque odiaban nuestra libertad.

Con respecto a América Latina, los planificadores posteriores a la Segunda Guerra Mundial concluyeron que la primera amenaza a los intereses estadunidenses la representan los regímenes radicales y nacionalistas que apelan a las masas de población y buscan satisfacer la demanda popular de mejoramiento inmediato de los bajos estándares de vida de las masas y el desarrollo a favor de las necesidades internas del país.

Estas tendencias entran en conflicto con las demanda de un clima económico y político que propicie la inversión privada, con la adecuada repatriación de las ganancias y la protección de nuestras materias primas. Gran parte de la historia subsiguiente fluye de estas concepciones que nadie cuestiona.

TLC, cura recomendada

En el caso especial de México, el taller de desarrollo de estrategias para América Latina, celebrado en el Pentágono en 1990, halló que las relaciones Estados Unidos-México eran extraordinariamente positivas, y que no las perturbaba ni el robo de elecciones, ni la violencia de Estado, ni la tortura o el escandaloso trato dado o obreros y campesinos, ni otros detalles menores.

Los participantes en el taller sí vieron una nube en el horizonte: la amenaza de "una 'apertura a la democracia' en México", la cual, temían, podría poner en el cargo a un gobierno más interesado en desafiar a Estados Unidos sobre bases económicas y nacionalistas. La cura recomendada fue un tratado Estados Unidos-México que encerrara al vecino en su interior y proponerle las reformas neoliberales de la década de 1980, que ataran de manos a los actuales y futuros gobiernos mexicanos en materia de políticas económicas.

En resumen, el TLCAN, impuesto puntualmente por el Poder Ejecutivo en oposición a la voluntad popular.

Y al momento en que el TLCAN entraba en vigor, en 1994, el presidente Clinton instituía también la Operación Guardián, que militarizó la frontera mexicana. Él la explicó así: no entregaremos nuestras fronteras a quienes desean explotar nuestra historia de compasión y justicia. No mencionó nada acerca de la compasión y la justicia que inspiraron la imposición de tales fronteras, ni explicó cómo el gran sacerdote de la globalización neoliberal entendía la observación de Adam Smith de que la libre circulación de mano de obra es la piedra fundacional del libre comercio.

La elección del tiempo para implantar la Operación Guardián no fue para nada accidental. Los analistas racionales anticiparon que abrir México a una avalancha de exportaciones agroindustriales altamente subsidiadas tarde o temprano socavaría la agricultura mexicana, y que las empresas mexicanas no aguantarían la competencia con las enormes corporaciones apoyadas por el Estado que, conforme al tratado, deberían operar libremente en México. Una consecuencia probable sería la huída de muchas personas a Estados Unidos junto con quienes huyen de los países de Centroamérica, arrasados por el terrorismo reaganita. La militarización de la frontera fue un remedio natural.

Las actitudes populares hacia quienes huyen de sus países –conocidos como extranjeros ilegales– son complejas. Prestan servicios valiosos en su calidad de mano de obra superbarata y fácilmente explotable. En Estados Unidos las agroempresas, la construcción y otras industrias descansan sustancialmente en ellos, y ellos contribuyen a la riqueza de las comunidades en que residen. Por otra parte, despiertan tradicionales sentimientos antimigrantes, persistente y extraño rasgo en esta sociedad de migrantes que arrastra una historia de vergonzoso trato hacia ellos.

Hace pocas semanas, los hermanos Kennedy fueron vitoreados como héroes estadunidenses. Pero a fines del siglo XIX los letreros de ni perros ni irlandeses no los habrían dejado entrar a los restaurantes de Boston. Hoy los emprendedores asiáticos son una fulgurante innovación en el sector de alta tecnología. Hace un siglo, acciones racistas de exclusión impedían el acceso de asiáticos, porque se les consideraba amenazas a la pureza de la sociedad estadunidense.

Sean cuales fueren la historia y las realidades económicas, los inmigrantes han sido siempre percibidos por los pobres y los trabajadores como una amenaza a sus empleos, sus modos de vida y su subsistencia.

Es importante tener en cuenta que la gente que hoy protesta con furia ha recibido agravios reales. Es víctima de los programas de manejo financiero de la economía y de globalización neoliberal, diseñados para transferir la producción hacia fuera y poner a los trabajadores a competir unos con otros a escala mundial, bajando los salarios y las prestaciones, mientras se protege de las fuerzas del mercado a los profesionales con estudios. Los efectos han sido severos desde los años de Reagan, y con frecuencia se manifiestan de modos feos y extremos, como muestran las primeras planas de los diarios en los días que corren. Los dos partidos políticos compiten por ver cuál de ellos puede proclamar en forma más ferviente su dedicación a la sádica doctrina de que se debe negar la atención a la salud a los extranjeros ilegales.

Su postura es consistente con el principio, establecido por la Suprema Corte, de que, de acuerdo con la ley, esas criaturas no son personas, y por tanto no son sujetos de los derechos concedidos a las personas. En este mismo momento la Suprema Corte considera la cuestión de si las corporaciones deben poder comprar elecciones abiertamente en lugar de hacerlo de modos más indirectos: asunto constitucional complejo, porque las cortes han determinado que, a diferencia de los inmigrantes indocumentados, las corporaciones son personas reales, de acuerdo con la ley, y así, de hecho, tienen derechos que rebasan los de las personas de carne y hueso, incluidos los derechos consagrados por los tan mal nombrados acuerdos de libre comercio.

Estas reveladoras coincidencias no me provocan comentario alguno. La ley es en verdad un asunto solemne y majestuoso.

El espectro de la planificación es estrecho, pero permite alguna variación. El gobierno de Bush II fue tan lejos, que llegó al extremo del militarismo agresivo y ejerció un arrogante desprecio, inclusive hacia sus aliados. Fue condenado duramente por estas prácticas, aun dentro de las corrientes principales de opinión. El segundo periodo de Bush fue más moderado. Algunas de sus figuras más extremistas fueron expulsadas: Rumsfeld, Wolfowitz, Douglas Feith y otros.

A Cheney no lo pudieron quitar porque él era la administración. Las políticas comenzaron a retornar más hacia la norma. Al llegar Obama al cargo, Condoleeza Rice predecía que seguiría las políticas del segundo periodo de Bush, y eso es en gran medida lo que ha ocurrido, más allá del estilo retórico diferente, que parece haber encantado a buena parte del mundo… tal vez por el descanso que significa que Bush se haya ido.

En el punto más candente de la crisis de los misiles cubanos, un asesor de alto rango del gobierno de Kennedy expresó muy bien algo que hoy es una diferencia básica entre George Bush y Barack Obama. Los planificadores de Kennedy tomaban decisiones que literalmente amenazaban a Gran Bretaña con la aniquilación, pero sin informar a los británicos.

En ese punto, el asesor definió la relación especial con el Reino Unido. "Gran Bretaña –dijo– es nuestro teniente"; el término más de moda hoy sería socio. Gran Bretaña, por supuesto, prefiere el término en boga. Bush y sus cohortes se dirigían al mundo tratando a todos como nuestros tenientes. Así, al anunciar la invasión de Irak, informaron a Naciones Unidas que podía obedecer las órdenes estadunidenses, o volverse irrelevante. Es natural que una desvergonzada arrogancia así levante hostilidades.

Obama adopta un curso de acción diferente. Con afabilidad saluda a los líderes y pueblos del mundo como socios y únicamente en privado continúa tratándolos como tenientes, como subordinados. Los líderes extranjeros prefieren con mucho esta postura, y el público en ocasiones queda hipnotizado por ella. Pero es sabio atender a los hechos, y no a la retórica o a las conductas agradables. Porque es común que los hechos cuenten una historia diferente. En este caso también.

Tecnología de la destrucción

El actual sistema mundial permanece unipolar en una sola dimensión: el ámbito de la fuerza. Estados Unidos gasta casi lo mismo que el resto del mundo junto en fuerza militar, y está mucho más avanzado en la tecnología de la destrucción. Está solo también en la posesión de cientos de bases militares por todo el mundo, y en la ocupación de dos países situados en cruciales regiones productoras de energéticos.

En estas regiones está estableciendo, además, enormes megaembajadas; cada una de ellas es en realidad es una ciudad dentro de otra: clara indicación de futuras intenciones. En Bagdad se calcula que los costos de la megaembajada asciendan de mil 500 millones de dólares este año a mil 800 millones en los años venideros. Se desconocen los costos de sus contrapartes en Pakistán y Afganistán, como también se desconoce el destino de las enormes bases militares que Estados Unidos instaló en Irak.

El sistema global de bases se comienza a extender ahora por América Latina. Estados Unidos ha sido expulsado de sus bases en Sudamérica; el caso más reciente es el de la base de Manta, en Ecuador, pero recientemente logró arreglos para utilizar siete nuevas bases militares en Colombia, y se supone que intenta mantener la base de Palmerola, en Honduras, que jugó un papel central en las guerras terroristas de Reagan. La Cuarta Flota estadunidense, desbandada en los años 50 del siglo XX, fue reactivada en 2008, poco después de la invasión colombiana a Ecuador.

Su responsabilidad cubre el Caribe, Centro y Sudamérica, y las aguas circundantes. La Marina incluye, entre sus variadas operaciones, acciones contra el tráfico ilícito, maniobras simuladas de cooperación en seguridad, interacciones ejército-ejército y entrenamiento bilateral y multilateral. Es entendible que la reactivación de la flota provoque protestas y preocupación de gobiernos como el de Brasil, el de Venezuela y otros.

La preocupación de los suramericanos se ha incrementado por un documento de abril de 2009, producido por el comando de movilidad aérea estadunidense (US Air Mobility Command), que propone que la base de Palanquero, en Colombia, pueda convertirse en el sitio de seguridad cooperativa desde el cual puedan ejecutarse operaciones de movilidad. El informe anota que, desde Palanquero, casi medio continente puede ser cubierto con un C-17 (un aerotransporte militar) sin recargar combustible.

Esto podría formar parte de una estrategia global en ruta, que ayude a lograr una estrategia regional de combate y con la movilidad de los trayectos hacia África. Por ahora, la estrategia para situar la base en Palanquero debe ser suficiente para fijar el alcance de la movilidad aérea en el continente sudamericano, concluye el documento, pero prosigue explorando opciones para extender el sistema a África con bases adicionales, todo como parte de un sistema global de vigilancia, control e intervención.

Estos planes forman parte de una política más general de militarización de América Latina. El entrenamiento de oficiales latinoamericanos se ha incrementado abruptamente en los últimos 10 años, mucho más allá de los niveles de la guerra fría.

La policía es entrenada en tácticas de infantería ligera. Su misión es combatir pandillas de jóvenes y populismo radical, término este último que debe de entenderse muy bien en América Latina.

El pretexto es la guerra contra las drogas, pero es difícil tomar eso muy en serio, aun si aceptáramos la extraordinaria suposición de que Estados Unidos tiene derecho a encabezar una guerra en tierras extranjeras. Las razones son bien conocidas, y fueron expresadas una vez más a fines de febrero por la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, encabezada por los ex presidentes Cardoso, Zedillo y Gaviria.

Su informe concluye que la guerra al narcotráfico ha sido un fracaso total y demanda un drástico cambio de política, que se aleje de las medidas de fuerza en los ámbitos interno y externo e intente medidas menos costosas y más efectivas.

Los estudios llevados a cabo por el gobierno estadunidense, y otras investigaciones, han mostrado que la forma más efectiva y menos costosa de controlar el uso de drogas es la prevención, el tratamiento y la educación. Han mostrado además que los métodos más costosos y menos eficaces son las operaciones fuera del propio país, tales como las fumigaciones y la persecución violenta.

El hecho de que se privilegien consistentemente los métodos menos eficaces y más costosos sobre los mejores es suficiente para mostrarnos que los objetivos de la guerra contra las drogas no son los que se anuncian.

Para determinar los objetivos reales, podemos adoptar el principio jurídico de que las consecuencias previsibles constituyen prueba de la intención. Y las consecuencias no son oscuras: subyace en los programas una contrainsurgencia en el extranjero y una forma de limpieza social en lo interno, enviando enormes números de personas superfluas, casi todas hombres negros, a las penitenciarías, fenómeno que condujo ya a la tasa de encarcelamiento más alta del mundo, por mucho, desde que se iniciaron los programas, hace 30 años.

Aunque el mundo es unipolar en la dimensión militar, no siempre ha sido así en la dimensión económica. A principios de la década de 1970, el mundo se había vuelto económicamente tripolar, con centros comparables en Norteamérica, Europa y el noreste asiático. Ahora la economía global se ha vuelto aún más diversa, en particular tras el rápido crecimiento de las economías asiáticas que desafiaron las reglas del neoliberal Consenso de Wáshington.

También América Latina comienza a liberarse por sí sola de este yugo. Los esfuerzos estadunidenses por militarizarla son una respuesta a estos procesos, particularmente en Suramérica, la cual por vez primera desde las conquistas europeas comienza a enfrentar los problemas fundamentales que han plagado el continente.

He ahí el inicio de movimientos encaminados a la integración de países que tradicionalmente se orientaban hacia Occidente, no uno hacia el otro, y también un impulso por diversificar las relaciones económicas y otras relaciones internacionales.

Están también, por último, algunos esfuerzos serios por dar respuesta a la patología latinoamericana de que son los estrechos sectores acaudalados los que gobiernan en medio de un mar de miseria, quedando los ricos libres de responsabilidades, excepto la de enriquecerse a sí mismos.

Esto último es muy diferente de Asia oriental, como se puede medir observando la fuga de capitales. En Asia oriental tales fugas se han controlado con mucha fuerza. En Corea del Sur, por ejemplo, durante su periodo de rápido crecimiento, la exportación de capitales podía acarrear la pena de muerte.

Estos procesos en América Latina, en ocasiones encabezados por impresionantes movimientos populares de masas, son de gran significación. No es sorpresivo que provoquen amargas reacciones entre las elites tradicionales, respaldadas por la superpotencia hemisférica. Las barreras son formidables, pero, si logran remontarse, los resultados van a cambiar en forma significativa el curso de la historia latinoamericana, y sus impactos más allá de ella no serán pequeños.

(Noam Chomsky, figura de la resistencia antiimperialista mundial, es profesor emérito de lingüística en el Instituto de Tecnología de Massachusetts en Cambridge).

* Periodista.
Texto de Chomsky traducido para La Jornada por Ramón Vera Herrera
En:
www.sinpermiso.info


27 julio, 2007

Internet y su neutralidad condicionada

El Ciudadano. Periódico mensual, año 3, número 46, fundado en marzo del 2005

Según Forrester Research, compañía de investigación especializada en medir todo lo relacionado con Internet, habrá 1.000 millones de notebooks en la tierra para el 2008 y más de 2.000 millones para el 2015.

Pero en Chile aún hay personas que nunca han visto un computador. Abuelitos que quedan sorprendidos cuando su nieto le cuenta cómo en la escuela comparte un PC con 8 compañeros de curso; mientras Ignacia navega en Internet con su notebook rosado, inalámbricamente junto a sus amigos en casa.

La campaña de un computador por niño, cuya meta es "asegurar el acceso permanente y libre a computadores para al menos 1 millón de niños y jóvenes chilenos para el 2010" busca acortar la brecha digital, pero ¿serán las máquinas por sí mismas capaces de generar un cambio en la relación de las personas con la tecnología?

La brecha digital de la mano de la inequidad social, representan una distancia que se revierte en ambos sentidos con la educación en el uso de Nuevas Tecnologías de la Información, que si bien es trabajada, no es central en la política educacional del país, a pesar de que Chile en materia tecnológica aparece bien arriba según el Índice de la Sociedad de la Información (ISI), que nos ubica primeros en Latinoamérica.

Sin embargo, a simple vista podemos ver que tras las medallas, existen fenómenos desconocidos y que tienen que ver con el cómo un sistema llamado Internet creado para la libre circulación de contenidos e informaciones, hoy podría ser truncado por las empresas proveedoras: uno de los eslabones controladores en la era digital.


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NEUTRALIDAD SÍ
"Una nueva amenaza se aproxima a nivel internacional y nacional para Internet, pues nuevas tecnologías y prácticas han comenzado a entorpecer el libre acceso y tráfico a través de la red. Es así como grandes compañías realizan prácticas que buscan en definitiva 'condicionar' el acceso de los usuarios de Internet, discriminando contenidos, aplicaciones o dispositivos", denuncia el grupo chileno de Neutralidad Sí, quienes buscan protejer a los consumidores de los abusos que cometen regularmente los proveedores de acceso a Internet en contra de sus clientes. Por ejemplo, ofreciendo velocidades de conexión; de envío de archivos y navegación; que no cuadran con sus infladas promociones.

Los especialistas de Neutralidad Sí, explicitan en su Boletín N° 4915-19, que las empresas proveedoras de Internet estarían actuando mediante dos técnicas, pueden disminuir el ancho de banda que utilizas y de esa forma optimizar sus enlaces en perjuicio de la transferencia de archivos entre los usuarios; y por el bloqueo de puertos -lugares por los que se realizan las comunicaciones en Internet-.

Los expertos de Neutralidad explican que "bloqueando el puerto 21, no se podrán realizar descargas FTP, o si cerramos el puerto 25 no podremos enviar correos desde nuestro computador".

Los jóvenes de éste despierto grupo declaran en su sitio www.neutralidadsi.org que "este es un es un tema ya 'viejo' dentro del ambiente internetero, salió publicado por una investigación de El Antro hace un año atrás, cuando se hizo público un mail que habría sido enviado por un supervisor del soporte técnico de Terra,- empresa perteneciente a Telefónica- el que indicaba que los usuarios con perfil de Heavy User, es decir los que consumen mucho ancho de banda, tienen que ser sancionados. El mail rezaba: "Estimados ejecutivos, hay clientes que pueden estar presentando problemas con las descargas, servicio de juegos en línea o aplicaciones P2P, esto es producto que a los clientes que consumen mucho recurso de ancho de banda son marcados para impedirles este uso o generar más restricciones".

PROYECTOS DE LEY
El movimiento, Neutralidad Sí ha presentado dos proyectos de ley relacionados a las conexiones de los usuarios, a través del diputado Gonzalo Arenas (UDI).

El primero, fue sobre la definición de Banda Ancha y Velocidad Mínima Garantizada, aprobado por la Cámara Baja y que hoy descansa en la Comisión de Economía del Senado. Al respecto el diputado Gonzalo Arenas, es categórico en el portal de la iniciativa: "Tengo la sospecha de que se va ha entorpecer el trámite, pues el senador 'tecnológico' Fernando Flores, está más preocupado de llevarse bien con la industria. Tal como señaló públicamente en un almuerzo que tuvimos en la Fundación País Digital. Ahí dijo que se encargaría de que se aprobara algo 'razonable', pues al parecer consideraba 'excesivo' el que pidiéramos una velocidad de banda ancha acorde con los mínimos estándares internacionales".

Es importante que el lector sepa que Cisco, una de las empresas más grandes de la era digital, define banda ancha como cualquier conexión permanente cuya velocidad de subida o bajada sea igual o mayor a 128 kilobits/segundo. Sin embargo, la medida en la que se basa Neutralidad, guarda relación con la medida dada por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT). Ellos han definido banda ancha como "una capacidad de transmisión más rápida que la velocidad primaria de la red digital de servicios integrados a 1,5 ó 2,0 megabites por segundo, la que sigue siendo mezquina, según las aplicaciones y servicios que un usuario común quiera aplicar en la red.

Para los interesados en la causa, pueden insistir y presionar en la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Diputados, donde pueden influir para la discusión de la problemática, aunque claro está que quienes finalmente decidan serán los dueños de los cables, las fibras, las señales, las máquinas, los satélites, la Red y ellos lamentablemente no viven en el país.

Será entonces que Flores se acordará de sus tiempos de ministro de Allende, será entonces que el guardián de la tecnología para una asamblea constituyente, se acuerde de lo que hoy podría ser ENTEL Chile y tengamos para dar conectividad a los que hoy no la tienen.

15 julio, 2007

Insulza afirma que "la democracia está muy vigente en Venezuela"

Fecha edición: 15/07/2007 15:24

 - El secretario general de la OEA dijo que aislar al gobierno de Chávez es "totalmente inviable".

El secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, aseguró que "la democracia está muy vigente en Venezuela" y que son inconvenientes algunos intentos de aislar internacionalmente a su gobierno por cancelarle la licencia a un canal de televisión.

En declaraciones publicadas por el diario Clarín, sostuvo que la decisión del presidente Hugo Chávez sobre la licencia del canal RCTV "es más un mal ejemplo que un peligro para la prensa".

"Creo que la democracia está muy vigente en Venezuela. Creo también que la alternativa que algunos han planteado de promover una especie de aislamiento del régimen (del Presidente Chávez), de condena, es una alternativa totalmente inviable desde el punto de vista jurídico y muy inconveniente desde el punto de vista político", afirmó el secretario general de la OEA.

Insulza añadió que "sé que el gobierno (venezolano) tiene atribuciones para hacerlo (anular la licencia del canal) y como dijo el Presidente del Brasil , cuando un Presidente tiene la facultad de hacer y de no hacer, no hacer es tan democrático como hacer".

Al referirse a quienes equiparan la situación política de Venezuela con la de Cuba, el ex ministro del Interior chileno afirmó que "eso es la receta para la catástrofe. Lo que hay que hacer es recuperar a Cuba, no regalar a Venezuela, desde el punto de vista de la democracia".

En relación con la situación de la isla, Insulza opinó que "en Cuba hay una disposición a un proceso de transición interesante. Hay que entender que lo más probable es que quienes gobiernen Cuba en el futuro, sean los mismos que la han gobernado desde hace mucho tiempo, como ha ocurrido en Europa del Este. Pero hay que abrir el camino a un proceso nuevo en Cuba y no andar condenando".

17 mayo, 2007

Compatriotas en el Extranjero: ¿No son Chilenos?

Tras el rechazo de la UDI y la abstención de RN, los chilenos en el extranjero se quedaron sin derecho a voto. La Concertación apunta a Piñera a quien acusan de "borrar con el codo, lo que escribió con la mano".

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Escrito por Marcos González

Nuestros compatriotas que por diversas razones viven fuera del país, dejan de ser chilenos... entiendo que esa es la lógica de los partidos de la Alianza por Chile, ya que ayer rechazaron en el Congreso la posibilidad que chilenos y chilenas que viven en el extranjero no puedan ejercer un derecho tan básico y universal como es el sufragar.

Y este fenómeno, resabio triste de la dictadura en nuestro país, hace de Chile una nación que discrimina a sus hijos que viven lejos, pues ayer con 63 votos de la Concertación, 23 rechazos de la UDI y 20 abstenciones de RN (en bloque) se continuó con el ejercicio segregacionista de un Chile que avanza hacia el bicentenario, pero solo con quienes viven dentro del territorio.

La postura de RN frente a este tema y lo que condicionaba la votación a favor del proyecto, es que los compatriotas que viven fuera del país, viajen a nuestro país a inscribirse; además que cada cinco años regresen a nuestra nación para renovar su derecho.

Ahora bien, más allá de mi punto de vista que apunta hacia la igualdad de todos los chilenos ante este derecho, hubo reacciones en la derecha, la Concertación y el Gobierno. Veamos que es lo que dicen e invito a que entre todos entablemos una conversación.

Parlamentarios como el socialista Fulvio Rossi afirmaron que con esta actitud RN y la UDI demuestran que dan estabilidad democrática. "Sebastián Piñera prometió en cuanto país visitó a los chilenos residentes, que iban poder participar en las elecciones, no fue capaz ni siquiera de alinear a sus propios parlamentarios. Entonces ¿qué le quedaría al país si Piñera fuera presidente?", explicó el diputado. Repitiéndose además entre los parlamentarios oficialistas que los viajes que exigía RN, se realizarían en LAN, línea área del candidato de derecha.

Por otro lado, el ministro Secretario General de Gobierno, Ricardo Lagos Weber, afirmó que "la derecha se ha opuesto al principio de igualdad ante la ley y la Constitución que tienen todos los chilenos para poder sufragar, incluido en el extranjero. (…) vamos a seguir golpeando puertas, para que algún día aquellos que hoy con su voto rechazaron un compromiso que han asumido a nivel de candidaturas presidenciales aprueben el derecho de igualdad de todos los chilenos".

Finalmente el aludido, Sebastián Piñera, quien durante su campaña presidencial se comprometió a apoyar una iniciativa que permita a nuestros connacionales votar, explicó la decisión de su partido afirmando que "Estamos a favor de darles el derecho a voto a los chilenos en el extranjero. Pero queremos hacerlo en forma limpia y transparente, y para eso se requiere tener un sistema y un procedimiento que dé garantías de limpieza y de transparencia".


FOTO: luisdaniel

Jueves 17 de Mayo de 2007

13 febrero, 2007

ONU.- Personalidades como Saramago piden a Ban una ONU más fuerte y democrática

MADRID, 12 Feb. (EUROPA PRESS) -

El ex director general de la UNESCO Federico Mayor Zaragoza, el ex presidente portugués Mario Soares, la escritora Susan George, el profesor Noam Chomsky y el escritor Premio Nobel de José Saramago se han unido a 50 organizaciones civiles en una carta abierta al secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki Moon, en la que instan a la democratización y el fortalecimiento de la ONU.

"Es necesario reforzar y democratizar la ONU poniéndola en el centro de un sistema de instituciones internacionales democrático, coherente, responsable y eficaz", sostiene la carta, elaborada a iniciativa del Foro Mundial de Redes de la Sociedad Civil.

En concreto, estiman, este proceso debería realizarse "democratizando la composición y toma de decisiones de los órganos y agencias de la ONU de forma que se logre su funcionamiento efectivo y democrático, y refundando e incluyendo en su seno todas las otras organizaciones multilaterales globales".

Estas reformas, necesarias de por sí según los firmantes de la Carta Abierta al secretario general de Naciones Unidas en el inicio de su mandato, permitirán finalmente adoptar e implementar las políticas necesarias para afrontar y resolver los graves problemas a los que se enfrenta la humanidad en este principio de siglo, sostienen.

De esta manera, los firmantes animan al nuevo secretario general de la ONU a impulsar el debate y trabajo alrededor de estos asuntos, para que "se pase de los informes y las resoluciones a las reformas y a las implementaciones". Para ello hacen propuestas concretas ante los problemas de pobreza, ante los problemas de paz, seguridad y derechos humanos y ante "la imprescindible reforma de las Instituciones Internacionales, con la democratización y el fortalecimiento de Naciones Unidas".

En concreto, ante los problemas de pobreza y, en general, de desarrollo consideran que es necesario cumplir con los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que califican de "mínimos" y de los Planes de Acción de las Cumbres de los 90 de Naciones Unidas, para lo que "debe cancelarse, realmente y sin más dilaciones, la deuda externa".

Mientras, ante los problemas de paz, seguridad y derechos humanos defienden el cumplimiento de la legalidad democrática internacional basada en los derechos humanos universales y critican "sin reserva alguna las acciones terroristas así como el uso ilegal 'preventivo' de la fuerza".

Asimismo, señalan que es "imprescindible" la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU --con la eliminación del veto, la ampliación elegible con base a la realidad regional del mundo y el control efectivo por parte de la Asamblea General-- "como paso ineludible para la recuperación de la confianza mundial en el órgano que debe ser garante de la paz y seguridad humana a escala mundial".

Por último, ante la "imprescindible reforma de las Instituciones Internacionales", señalan que las reformas de la ONU que se propusieron en materia de paz, seguridad, desarme y Derechos Humanos en la 60 sesión de la Asamblea General no se materializaron.

"La capacidad y las posibilidades con las que cuenta Naciones Unidas en temas de desarrollo están siendo 'secuestradas' y 'transferidas' permanentemente al 'mercado', sobre todo a través de las instituciones de Bretton Woods y de la Organización Mundial del Comercio", sostienen. Por ello, agrega la carta "es necesario reforzar y democratizar la ONU poniéndola en el centro de un sistema de instituciones internacionales democrático, coherente, responsable y eficaz".

10 febrero, 2007

El primer ministro vietnamita dialoga a través de internet

 10/02/2007 - 20:14
IBLNEWS, AGENCIAS

El primer ministro vietnamita, Nguyen Tan Dung, respondió el viernes en Hanoi a las preguntas hechas por los ciudadanos a través de internet, mientras el gobierno comunista inauguraba este nuevo método 'en línea'.

Es la primera vez en Vietnam que un primer ministro habla durante dos horas con los vietnamitas residentes en el país y en el extranjero, respondiendo a decenas de preguntas de las más de 20.000 que fueron recibidas.

El jefe de gobierno, de 57 años, señaló que estas preguntas traducen "las aspiraciones legítimas y los sentimientos de los camaradas, de los compatriotas para con el futuro desarrollo del país, del Estado, de la economía así como con la dirección del partido".

El gobierno explicó que este método de comunicación ayuda a comprender mejor los deseos de la gente y a intercambiar información necesaria entre las autoridades y la población.

El uso de internet ha aumentado rápidamente en los últimos años en Vietnam, en donde más de dos tercios de la población nació tras el final de la guerra de Vietnam, en 1975.

Pero los grupos de defensa de los Derechos Humanos, así como expertos de la industria informática deploran que Vietnam censure internet, filtre o bloquee portales e impida su uso por parte de activistas para luchar por la democracia.

[Creo que muchos gobiernos deberían imitar esta experiencia y comunicarse de forma efectiva con su pueblo a través de las oportunidades que entrega la tecnología de las comunicaciones para profundizar la democracia y el gobierno electrónico]

09 febrero, 2007

VENEZUELA: Utopía de la TV pública


Por Humberto Márquez

CARACAS, feb (IPS) - El control financiero y político del Estado gravita sobre la búsqueda de una televisión de servicio público en Venezuela, propósito anunciado por el gobierno de Hugo Chávez.

"¿Cómo hará el gobierno para no influenciar los medios que financie y cómo harían éstos para no ser progubernamentales?", clamó en forma de pregunta a IPS Maryclen Stelling, socióloga y docente de la Universidad Católica Andrés Bello.

"No tenemos medios de servicio público, en poder de los ciudadanos y que los defiendan, sino al servicio del gobierno o de la oposición", destacó Stelling, coordinadora del no gubernamental Observatorio Global de Medios. "La marca es el desequilibrio", sentenció.

Un estudio todavía inédito del Observatorio sobre las televisoras venezolanas medidas con un índice de equilibrio de 1 a 9, "las mostró a todas reprobadas, con un índice por debajo de 4,5 puntos, y las de peor comportamiento fueron RCTV y VTV", dijo Stelling.

RCTV es Radio Caracas TV, una compañía privada que desde 1953 opera la señal Canal 2 de televisión abierta, a la cual Chávez ordenó no renovar la licencia a partir de mayo, acusándola de "golpista". VTV, Venezolana de Televisión, que ocupa el Canal 8, es la televisora gubernamental.

"No han sido medios para la información veraz, multidimensional y plural, sino al servicio de una fuerza y en contra de otra, en medio de la batalla política que se ha librado en Venezuela en los últimos 8 o 10 años", remarcó Stelling, para quien "los medios privados entraron en batalla ocupando espacios de los partidos políticos".

Empresarios privados tienen 78 por ciento de las estaciones de televisión VHF de toda Venezuela, según el ministro de Telecomunicaciones, Jesse Chacón, en tanto 22 por ciento son del Estado. En UHF son privadas 82 por ciento, estatales siete por ciento y comunitarias 11 por ciento.

De las estaciones AM de radio, el sector privado tiene 77 por ciento y el estatal 23 por ciento, mientras que de las FM los privados tienen 68 por ciento, los comunitarios 24 por ciento y el Estado maneja ocho por ciento, indicó el ministro.

Chacón dijo que "debemos darle a los venezolanos un canal de TV de servicio público. Es un mandato constitucional y entrará en operaciones este año", y comentó que "ojalá los venezolanos pudiéramos tener algo parecido a la BBC británica".

Según Marcelino Bisbal, director de posgrados en Comunicación de la Universidad Católica, hasta septiembre de 2006 el Estado tenía el control de cuatro televisoras de alcance nacional, más Telesur (el canal satelital de los gobiernos de Argentina, Cuba, Uruguay y Venezuela) y de 18 televisoras comunitarias.

Bisbal suma además el control de la Radio Nacional, la radio YVKE y 143 emisoras comunitarias, una agencia de noticias y 73 periódicos, comunitarios en su mayoría.

Las radios y televisoras comunitarias reciben apoyo técnico y financiero del Estado para su instalación. Una revisión de sus pautas publicitarias y las de numerosos impresos comunitarios muestra el sostén indirecto, a menudo casi único, de las partidas de publicidad del sector público.

Para Bisbal "los sucesos de 2002 (un breve golpe de Estado y una larga huelga petrolera) desataron la necesidad de que el gobierno se dotara de una plataforma mediática que fuera capaz de hacer frente al paisaje de medios privados".

El anuncio de que se abrirá una radio y televisión de servicio público lo hizo Chacón el 26 de enero al explicar el destino que tendrá después de mayo la señal del Canal 2.

"Queremos lograr la ruptura del esquema según el cual quien tiene el medio tenga el mensaje, y que en cambio se entreguen segmentos de programación a productores independientes, productores comunitarios o alternativos y también privados, como la gente que produce novelas", dijo Chacón.

El ministro se abstuvo de explicar razones para destinar a la futura TV de servicio público el Canal 2, que era privado, y no algunos de los que ya están en manos del Estado. Un modelo deseado, insistió, "es el europeo, de televisión de servicio y no de lucro".

Óscar Lucien, del Instituto de Investigaciones de la Comunicación de la Universidad Central, criticó al gobierno por "desnaturalizar reales y sentidas expectativas ciudadanas, usurpándolas y colocándolas al servicio de un proyecto personalista y autocrático".

"¿Quién puede negar que durante muchos años sectores importantes de la sociedad han manifestado un reclamo justo y legítimo por contar con una mejor calidad de los medios radioeléctricos, en particular de la televisión?", se preguntó Lucien.

Pero esa aspiración "se tergiversa y manipula para arbitrariamente cerrar un canal que mantiene una línea editorial contraria al gobierno", agregó Lucien, un comunicólogo y columnista de prensa ubicado en las trincheras de oposición.

Para el teórico de la comunicación Antonio Pasquali, autor del clásico "Comunicación y cultura de masas", en Venezuela "vivimos el síndrome de las Malvinas, el de las guerras en principio justas pero libradas por un contrincante indigno con armas, principios y fines equivocados, y el caso de RCTV es típico al respecto".

El experto recoge así el argumento de que el cierre de RCTV es una represalia política por su línea opositora, expuesto por la empresa, gremios empresariales y de prensa, políticos de oposición, organizaciones internacionales de derechos humanos e incluso por el secretario general de la Organización de los Estados Americanos, José Miguel Insulza.

Otras televisoras privadas de línea opositora durante los sucesos de 2002, como Televen y Venevisión, esta última del magnate de las comunicaciones Gustavo Cisneros, dieron luego marcados giros en su línea editorial, pero no RCTV ni Globovisión, un canal de 24 horas de información que es blanco frecuente de las críticas del oficialismo.

Mientras el gobierno realiza reuniones con productores audiovisuales independientes o agrupados en cooperativas para estudiar la futura programación del Canal 2, el presidente Chávez insistió en que "aunque chillen cuanto quieran, no renovaremos la concesión a ese canal golpista que se llamó RCTV". (FIN/2007)

09 diciembre, 2006

América Latina vuelve a creer en la democracia

El Latinobarómetro concluye que las elecciones y la prosperidad económica refuerzan la confianza de los ciudadanos en el pluralismo

MATHIEU DE TAILLAC - Madrid - 09/12/2006

Nunca tantos latinoamericanos habían creído en Winston Churchill. El primer ministro británico decía en 1947 que "la democracia es la peor forma de gobierno, exceptuando todas las otras formas que se han probado". Cincuenta y nueve años después, el 74% de los ciudadanos de América Latina comparte la opinión pragmática de que "la democracia puede tener problemas, pero es el mejor sistema de gobierno", según se desprende del Informe 2006 del Latinobarómetro, una encuesta llevada a cabo en 18 países del continente y que se basa en más de 20.000 entrevistas.

Este optimismo democrático se basa en dos factores principales, según la directora del Latinobarómetro, Marta Lagos: "Es un dividendo de las elecciones y una consecuencia de la bonanza económica", explica por teléfono desde Santiago de Chile. Efectivamente, 2006 fue un año electoral intenso, con comicios presidenciales en 12 países. Según Lagos, en América Latina asistimos al fortalecimiento de una "democracia experimental": la gente va convenciéndose de las ventajas del pluralismo político cuando experimenta su funcionamiento en las urnas.

La prosperidad económica también está claramente vinculada con el incremento del respaldo democrático. En 2006, el crecimiento del PIB en la región superará el 3,5% por tercer año consecutivo, y esta mejora coincide con un aumento de cinco puntos de la opinión de que "la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno". Desde la primera vez que el barómetro hizo esta pregunta en 1997, es sorprendente la coincidencia entre las opiniones a favor de la democracia y el estado de la economía: el apoyo a la democracia era del 63% en 1997, cayó al 48% en 2001, cuando la región experimentó tasas de crecimiento negativas, y ha vuelto este año al 58%.

Con todo, la prosperidad económica conlleva el riesgo de crear frustración entre la ciudadanía. Cuando se pregunta a los encuestados cuánto tiempo necesita su país para considerarse desarrollado, un 18% responde que entre 5 y 10 años, cinco puntos más que en 2003. Estas grandes expectativas son un arma de doble filo, advierte Lagos: "Si los Gobiernos no son capaces de encauzar esta demanda, podría existir una frustración masiva y un gran desencanto".

Hay que añadir otro matiz a este respaldo a la democracia: son los que el Latinobarómetro llama los "rebeldes cívicos", un sector de ciudadanos que duda de la eficacia del voto y rechaza la participación convencional en la vida política. Formas habituales de tomar parte en la vida cívica, como hablar de política, firmar una petición o asistir a una manifestación han sufrido un declive casi constante en los últimos años. También las instituciones que intermedian entre los ciudadanos y las autoridades, como los partidos políticos o el Parlamento, han sufrido una desafección importante. Más de un tercio de los encuestados dice, por ejemplo, que la democracia podría funcionar sin los partidos. Los "rebeldes cívicos" son este 14% de la población latinoamericana que opina que la manera más efectiva para cambiar las cosas es participar en movimientos de protesta. Lagos cree que el problema no es esta disposición a presionar al Gobierno mediante el recurso a la calle, sino que casi un ciudadano de cada siete no tiene un canal para defender sus intereses, y que este vacío puede favorecer a caudillos locales de corte populista, como ha ocurrido en las manifestaciones en el Estado mexicano de Oaxaca para exigir la destitución del gobernador, dice la investigadora.

Otra enseñanza de la encuesta es la pérdida de relevancia de los conceptos de izquierda y derecha. Aunque los partidos que se presentaron bajo siglas de izquierdas han sido los más exitosos en los comicios de 2006, resulta que la opinión pública latinoamericana se define mayormente como de centro o de derecha.

En una escala de 0 a 10, donde 0 sería la extrema izquierda y 10 la extrema derecha, la región en su conjunto se posiciona casi en el centro, en el 5,4. Además, los electores que se identifican con la izquierda (nota entre 0 y 3) nunca superan el 34% de la población (Uruguay). Al contrario, hay varios países que tienen cerca de la mitad de la población que se considera de derecha (nota entre 7 y 10). La propia Nicaragua, que acaba de elegir presidente al sandinista Daniel Ortega, tiene más electores de derecha (el 43%) que de izquierda (el 32%). Marta Lagos explica esta discordancia por la importancia del centro político. Añade que la división ya no se hace en función de la pertenencia a un campo ideológico (izquierda o derecha), sino según la situación económica (pobreza o riqueza) de los electores. "Es un error decir que América Latina ha girado hacia la izquierda", apunta Lagos, "se trata más bien de una renovación de las élites".

Buena prueba de este relevo de los gobernantes y de la incorporación de nuevos creyentes en la democracia que conlleva, es la elección del indígena Evo Morales a la presidencia de Bolivia en diciembre de 2005, apunta la autora del informe. En un año, entre 2005 y 2006, la proporción de bolivianos que estaba de acuerdo con la definición churchiliana de la democracia pasó del 63% (el penúltimo lugar en la lista de 18 países) al 76% (el séptimo en la lista). "Morales ha creado bienes políticos más que económicos. Hay toda una parte de la población que se sentía excluida y que ahora se siente ciudadana, que siente que tiene el poder", opina Lagos.

El informe concluye con una doble clasificación de los líderes americanos, según su nivel de conocimiento por los ciudadanos y según su popularidad. Entre los dos presidentes más conocidos figura uno externo a la región, George W. Bush, y uno alejado del poder por su estado de salud, Fidel Castro. Cuando se pide a los encuestados que evalúen a Bush o a Castro, un 21%, en ambos casos, responde que no sabe quién es o no responde. Este porcentaje sube al 29% para el venezolano Hugo Chávez y al 49% para el brasileño Lula. Cierra la lista el presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, con un 75% de encuestados que no responden.

Con estos datos se puede concluir que los pueblos tienen un conocimiento limitado de los presidentes de los países vecinos, y un gran desconocimiento de los líderes de los países más alejados. Por ejemplo, hasta un 94% de los mexicanos no tiene opinión del colombiano Álvaro Uribe o ignora quién es.

El líder más apreciado en América Latina es Lula. Recibe una nota de 5,8 sobre 10. En tres países, Venezuela, Brasil y Perú, más de la mitad de la población tiene de él una opinión positiva (es decir, una valoración igual o superior a 7). Le sigue la chilena Michelle Bachelet, con una puntuación de 5,5. En la cola del pelotón se encuentran Fidel Castro (4,4), el peruano Alan García (4,5), George W. Bush y Hugo Chávez (4,6).

Marta Lagos concluye en su informe que "ser líder en América Latina y tener la simpatía de los pueblos de la región, es un asunto difícil". Por un lado, Hugo Chávez es el presidente electo que ha alcanzado los mayores niveles de conocimiento. Pero un 39% tiene mala opinión de él. Por su parte, Lula, el mejor evaluado en la región, sólo es conocido por el 51% de la población: "Un perfil de liderazgo positivo al que sólo le falta aumentar sus niveles de conocimiento para poder ser considerado un líder regional".

06 diciembre, 2006

América en movimiento

 

José Steinsleger

Al cabo de un año electoral singularmente agitado (en Bolivia, Chile, Costa Rica, Perú, Brasil, Colombia, Nicaragua, México, Ecuador y Venezuela hubo comicios presidenciales) la geografía política de América quedó partida en tres: países que miran al "norte", países que tratan de fortalecer la opción "sur", y Brasil, "megapaís" que en el cuadro "norte-sur" (por "izquierda" y "derecha") se rige con reglas propias.

Cinco espacios geoculturales: 1) Mesoamérica: México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá; 2) Subregión andinocaribeña: Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia; 3) Cono Sur: Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay; 4) Caribe: Cuba, República Dominicana, Haití (ocupado), Puerto Rico (colonia) y el arco antillano de habla nativa, anglófona, francófona y holandesa; 5) los hispanos en Estados Unidos, de fuerte ligazón con sus países de origen.

En el mapa vemos que, sin contar el arco antillano, figuran siete estados con relativa estabilidad institucional (Costa Rica, Chile, Dominicana, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay); cinco marcados por la impronta liberal-conservadora (México, Colombia, Guatemala, El Salvador, Honduras); dos nacionalistas (Venezuela, Bolivia) y dos en ciernes que pretenden serlo (Ecuador, Nicaragua); y dos más envueltos en recias pugnas intermonopólicas y corporativas (Argentina, Brasil).

Con excepción de Cuba, los pueblos de nuestras naciones han padecido las devastadoras consecuencias de la auténtica inseguridad: la inseguridad neoliberal. El costo "modernizador", altísimo, queda fuera de discusión: endeudamiento, saqueo de los recursos naturales, ruina del sector productivo, desempleo y precariedad laboral, deterioro ambiental, degradación educativa, insalubridad, epidemias, hambrunas y desnutrición, despojo del patrimonio cultural y emigración en masa de técnicos y trabajadores formados en el viejo "Estado de bienestar".

Ante flagelos que el propio Banco Mundial reconoce en el papel al menos (en días pasados, por ejemplo, la institución dijo que el Tratado de Libre Comercio con América del Norte "... no es una opción de crecimiento para México"), los pueblos de América Latina y el Caribe han ido tejiendo, en pie de lucha, sus propias lecturas de la realidad.

Algunos autores y gobernantes empujan el "neodesarrollismo" y regulaciones al capital como las contempladas en el golpeado Mercosur. Otros plantean acabar de una vez con el neoliberalismo y avanzar hacia el "socialismo del siglo XXI" (Alba: Alternativa Bolivariana de las Américas). En el escenario abundan movimientos sociales que anhelan "cambiar el mundo sin tomar el poder", y las opciones de lucha armada para tomar el poder por vía insurreccional.

En todo caso, ha sido la propia democracia "representativa" y elitista de los grupos dominantes la que ha ido llenando de piedritas y piedrotas las distintas ideologías y calzados de moda que a discreción usan sus ideólogos y escribas.

Sin embargo, a diferencia de otras épocas (v.gr. 1940-70), se constata que a pesar de los líderes "providenciales", la fiscalización militante de las masas condiciona cualquier esquema de gobernabilidad que pretenda ignorarlas. Por acá y por allá, en acción y deliberación permanente, movilizaciones de origen diverso y causa común, cuestionan, acotan, condenan y combaten las políticas de exclusión, explotación, impunidad y represión.

Totalmente fracasado en lo político y social a causa de la ineptitud y rapacidad de los tecnócratas cipayos, el llamado Consenso de Washington no va más. Y el discurso de la "seguridad" (nueva dama invitada al baile de los eufemismos), aunque suene a melodía en los oídos de la plutocracia, no parece ser muy coherente que digamos. ¿Qué reprimir primero? ¿El narcotráfico o los movimientos sociales? ¿La delincuencia común o los medios de comunicación alternativos?

Cuba, Venezuela, Bolivia, Irak, Palestina, Afganistán demuestran que el lugar que la "globalización" nos tiene reservado opera con alcances mundiales y despliega fuerzas y medios de exterminio físico, ideológico y moral que ningún modelo de conquista y esclavitud había dispuesto jamás.

¿Reforma o revolución? ¿Socialismo o capitalismo? Convendría no adelantarse a la síntesis. No por válido, el debate es propio de la hora. El eminente pensador peruano José Carlos Mariátegui (1894-1930) decía que "la historia es reformista, mas a condición de que los revolucionarios operen como tales".

En vísperas de conmemorarse el bicentenario de la emancipación americana, la hora pide afilar el lápiz que nos permita entender la excepcional coyuntura histórica que atraviesan nuestros pueblos.

Coyuntura que no volverá a repetirse. En esta segunda oportunidad que los pueblos de América nos sirven en bandeja, se impone la urgente necesidad de sumar y sumar y sumar, revisando críticamente y con objetividad las causas que llevaron a la frustración y derrota de nuestra primera independencia.

02 octubre, 2006

Gorbachov: Estados Unidos ya no es un país democrático

 
Entre sus críticas, el ex líder de la desaparecida URSS también apuntó al actual presidente ruso Vladimir Putin, de quien dijo que realiza "una democracia a su manera".

El último presidente soviético, Mijail Gorbachov, señaló que ya no se puede hablar de Estados Unidos como un país democrático y que es inaceptable que se ocupe de todos los problemas del mundo.

Según el ex mandatario, el país que gobierna George W. Bush debe "respaldarse más en las instituciones internacionales y en la opinión pública, y no sólo en sus aliados".

Además, Gorbachov, quien celebra su cumpleaños 75 en Croacia, indicó que una de las mayores amenazas del mundo moderno son las armas nucleares. "A fines del siglo XX, el 90 por ciento estaban en posesión de la Unión Soviética y Estados Unidos, mientras que hoy las poseen más de 30 países", afirmó.

Respecto al terrorismo, el ex líder soviético consideró que el problema radica en la brecha, cada vez mayor, entre ricos y pobres, y en el hecho de que millones de personas padecen hambre.

En cuanto a Afganistán, Gorbachov aseguró que después de la retirada de las fuerzas soviéticas de aquel país en la década de los 80, él habría querido que ese país fuera neutral. "Los americanos no nos creían y eso llevó a la aparición de los talibanes", manifestó.

Asimismo, agregó que el actual presidente ruso, Vladimir Putin, es un demócrata, pero que desea realizar "la democracia a su manera" ya que heredó un "caos" de su antecesor, Boris Yeltsin.

Por otra parte, a través de un video enviado a la reunión, George Bush padre calificó a Gorbachov como "héroe de la transición" y hombre "cuyo deseo por cambiar el mundo es glorioso". (EFE)