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24 junio, 2010

Freno a la geoingeniería

Silvia Ribeiro

ALAI AMLATINA, 22/06/2010.- Blanquear nubes, fertilizar el océano, tapar el sol, inyectar nanopartículas de azufre en la estratósfera, abrillantar los mares, "sembrar" miles de árboles artificiales, plantar millones de árboles para quemar como carbón y enterrarlos como "biochar", invadir las tierras con mega-plantaciones de transgénicos super brillantes para reflejar los rayos solares...

Suena como lista de delirios, pero son algunas de las propuestas "serias" de los que propugnan la geoingeniería como solución a la crisis climática.

La geoingeniería se refiere a la manipulación intencional de grandes trozos del planeta para, supuestamente para contrarrestar el cambio climático. Hasta hace poco era considerada ciencia ficción. Ahora, poderosos intereses económicos y políticos, presionan por llevarla a la práctica. En el último año, varias instituciones científicas de renombre –como la Sociedad Real del Reino Unido– se han prestado a publicar informes sobre geoingeniería, con escasa o nula participación de científicos críticos, concluyendo que "se debe financiar con recursos públicos la investigación y experimentación de la geoingeniería".

Los científicos que promueven la geoingeniería, alegan que como los políticos no se ponen de acuerdo para enfrentar el cambio climático, hay que tener preparado un "plan B". Reconocen que implica enorme riesgos, pero según ellos, no hay otra salida.

Después del fracaso de la cumbre del clima en Copenhague, paradójicamente provocado por los mismos gobiernos y empresas que causaron el cambio climático, científicos provenientes de esos mismos países convergen en decir que la democracia no es útil para enfrentar
las crisis. Proclaman que ellos tendrán que salvar al planeta y a la humanidad, aunque sea a la fuerza y contra nuestra voluntad.

James Lovelock, famoso científico preocupado por el ambiente, declaró que "habrá que poner la democracia en pausa" ( The Guardian, 29/3/10). Para él, la única alternativa es manipular el clima con geoingeniería. Lo mismo expresa el científico canadiense David Keith, que en enero 2010 publicó en la revista Nature que urge "manejar la radiación solar", inyectando nanopartículas azufradas en la estratósfera, para que desvíen los rayos del sol. Esto imitaría la nube que se forma en una erupción volcánica, y quizá bajaría la temperatura global (teóricamente lo que sucedió con la erupción del volcán Pinatubo en 1991). Tendría muchos y gravísimos impactos y efectos colaterales no deseados, sobre todo en regiones al sur del mundo, muy lejos de los países de Keith y Lovelock, pero como aclara Keith "el manejo de la radiación solar tiene tres características esenciales: es rápida, barata e imperfecta".

Pese a eso, Keith aboga por experimentar con geoingeniería en campo a la brevedad, sin que haya intromisión de Naciones Unidas u otro tipo de supervisión multilateral, que solamente demorará lo que algunos científicos y unos cuantos hombres ricos y empresas pueden hacer sin que los molesten las instancias democráticas internacionales.

A principios de mayo 2010 salió a luz el proyecto de otros científicos, financiados con dinero de Bill Gates, para experimentar el "blanqueo de
nubes", inyectando agua del mar desde barcos no tripulados en una superficie de 10,000 kilómetros cuadrados de océano. (
http://www.etcgroup.org/es/node/5138). Argumentan que es "barato" y solamente un experimento. Pero en rigor, la etapa "experimental" no existe en geoingeniería. Para tener algún efecto sobre clima debe ser a mega-escala. Los que proponen blanquear las nubes para aumentar el reflejo de la luz del sol, reconocen que habría que cubrir cerca de la mitad del Océano Pacífico con barcos que lancen agua de mar a las nubes, para quizá tener algún efecto sobre el clima.

No son sólo científicos los que proponen la geoingeniería. Ellos proveen el discurso y las "capacidades" a los más interesados: grandes capitales y transnacionales, sobre todo empresas que hasta ahora negaban el cambio climático porque son los principales culpables (como petroleras, de carbón, energía). Ahora ven en la geoingeniería no como plan B, sino como plan A. Para ellos y gobiernos como Estados Unidos y Reino Unido, la geoingeniería es la solución "perfecta" al cambio climático: no hay que cambiar nada, se puede seguir contaminando y emitiendo gases de efecto invernadero, porque podrían enfriar el planeta permanentemente, lo cual además les reportará lucros adicionales. El discurso de que "todos" somos igualmente responsables de las crisis climáticas y ambientales y que la democracia no sirve, les viene de perillas para tener aún más impunidad. Ahora hasta parece que nos están salvando.
Frente a estas tropelías, se creó en el marco de la reciente Cumbre de los Pueblos frente al Cambio Climático en Cochabamba, la campaña "No manipulen la tierra", que ya cuenta con la adhesión de más de 100 organizaciones y grandes redes internacionales de ambientalistas, campesinos, indígenas y otras. La demanda central es prohibir la geoingeniería y cambiar las causas reales de la crisis climática. (http://www.nomanipulenlamadretierra.org/ )

Un primer logro a nivel internacional, es que un cuerpo de asesoramiento científico técnico de Naciones Unidas, acordó el 14 de mayo 2010, en Nairobi, Kenya, recomendar al Convenio de Diversidad Biológica establecer una moratoria sobre la geoingeniería, por los impactos que puede tener sobre la biodiversidad y las formas de vida relacionadas a ella. Un primer paso de una lucha que será dura, pero que cada vez cuenta con una oposición mayor desde todos los rincones del planeta.

- Silvia Ribeiro es investigadora del Grupo ETC. -
http://www.etcgroup.org/es

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22 julio, 2008

Ecología: Reducir la Incidencia de la Radiación Solar Podría Ralentizar el Ciclo Global del Agua

Boletín NC&T Vol. 1, No. 640 21 de Julio de 2008.

Foto: Kathleen Smith/LLNLA medida que las emisiones de gases producidas por la utilización de los combustibles fósiles continúan aumentando, reducir la cantidad de la radiación luminosa proveniente del Sol que alcanza la superficie de la Tierra, tendría definitivamente un efecto de enfriamiento sobre las temperaturas en la superficie del planeta. Sin embargo, un nuevo estudio realizado por el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore, dirigido por el científico Govindasamy Bala, experto en ciencias de la atmósfera, muestra que esta manipulación intencionada de la radiación solar podría conducir a un ciclo global del agua menos intenso. La disminución de la temperatura superficial a través de la "geoingeniería" también podría acarrear una disminución de las precipitaciones.

Es factible reducir la luz solar incidente en la superficie de la Tierra recurriendo a proyectos de geoingeniería. Estos se dividen en dos clases fundamentales: La del "parasol" consiste en mitigar los efectos del calentamiento global manipulando de manera intencionada la cantidad de radiación solar que llega a la superficie terrestre. La otra clase consiste en eliminar el CO2 atmosférico secuestrándolo dentro de la vegetación terrestre u oceánica, o en las profundidades de formaciones geológicas específicas.

En este nuevo estudio de modelación climática, Bala y sus colegas Kart Taylor y Philip Duffy han demostrado que la modalidad del parasol podría enlentecer el ciclo mundial del agua.

Los proyectos de tipo parasol incluyen la colocación de reflectores en el espacio, la inyección de sulfatos u otras partículas reflectoras en la estratosfera, o la potenciación de la capacidad reflectora de las nubes inyectando núcleos de condensación en la troposfera. Cuando la concentración de CO2 se duplique, como se predice para el futuro, una reducción del 2 por ciento de la radiación solar incidente sobre la superficie terrestre sería suficiente para contrarrestar el calentamiento de la superficie.

En este nuevo estudio se investigó la sensibilidad de la precipitación media mundial a los efectos de los gases de invernadero, y a la radiación solar, de manera separada, para ayudar a comprender mejor el ciclo mundial del agua en un mundo geomodificado.

En tanto que la respuesta de la temperatura en la superficie es la misma para el CO2 y para la radiación solar, la respuesta de las precipitaciones puede ser muy diferente.

Las pruebas con el modelo dieron como resultado que la precipitación media global se elevó aproximadamente en un 4 por ciento para la duplicación del CO2 y disminuyó en un 6 por ciento para la reducción de la radiación solar.

Como el ciclo global del agua es más sensible a los cambios en la radiación solar que a los incrementos en la concentración atmosférica del CO2, la geoingeniería podría conducir a una disminución de la intensidad del ciclo global del agua.

Un estudio reciente mostró que después de la erupción del Monte Pinatubo en 1991, se registró un decrecimiento sustancial de las precipitaciones sobre tierra y una disminución récord en el escurrimiento y descarga hacia los océanos. Las cenizas desprendidas durante la erupción del Pinatubo impidieron que parte de la radiación solar que entraba en la atmósfera incidiera sobre la superficie terrestre, reflejándola de vuelta al espacio, provocando una ligera disminución en las temperaturas superficiales, pero también ralentizando el ciclo hidrológico mundial.

10 julio, 2007

Los piratas del clima

Silvia Ribeiro

Frente a la tragedia del cambio climático han surgido todo tipo de empresas que están haciendo negocios con la excusa de tomar medidas para mitigarlo. La mayoría incluso lo empeoran o crean nuevos problemas.

Planktos Inc. es una empresa con sede en San Francisco, Budapest y Vancouver, que se dedica a vender "créditos de carbono" a quienes quieran pagar sus culpas ambientales. Para ello hacen un cálculo de la cantidad de emisiones de dióxido de carbono que produce un hogar, diferentes vehículos y medios de transporte o actividades industriales. Una casa mediana, puede pagarle a Planktos 60 dólares y con eso "borrar completamente" su huella ecológica. El pecado de un vuelo doméstico se puede absolver con sólo 5 dólares, o si es internacional, con 20. Si usted usa bicicleta y lleva una vida de consumo austero, de todos modos puede pagarle a Planktos para que arreglen con la madre naturaleza como absorber la contaminación general. Claro que el verdadero negocio de Planktos son las empresas, a las que ofrece planes especiales mucho más costosos, según cuanta contaminación produzcan.

La forma de "pagar" de Planktos es diseminar nano partículas de hierro en el mar, para aumentar sus propiedades como sumidero de carbono. Esto parte de la teoría del oceanógrafo John Martin, que en 1990 planteó la posibilidad de enfriar el clima estimulando el crecimiento de fitoplancton en los océanos, que también generaría nubes. El hierro funciona como fertilizante del plancton, que absorbe dióxido de carbono, bajando también la temperatura del mar.

Varios gobiernos han participado en este tipo de experimentos de geoingeniería -modificación del ambiente planetario en totalidad- como posible mitigación del cambio climático. Incluso el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) lo mencionaba como tal. Pero en mayo del 2007, el IPCC reprobó este tipo de experimentos, afirmando en su informe que "Las opciones de utilizar geoingeniería siguen siendo altamente especulativas y tienen el riesgo de efecto colaterales desconocidos". (Afp 29/04/2007).

Casi al mismo tiempo, la revista Nature, publicó un estudió hecho por 47 científicos oceánicos sobre la fertilización con hierro (26/04/07). Entre sus conclusiones, afirman que la fertilización con hierro tiene pocas posibilidades de capturar carbono, y menos en forma permanente. Puede absorber cierta cantidad, pero luego lo libera nuevamente. Ya antes la revista Science había advertido sobre los riesgos que podría significar para las cadenas alimentarias marinas la sobrealimentación repentina por el aumento de fitoplancton. Señalaban un riesgo aún mayor cuando estos experimentos están a cargo de empresas comerciales, que entre la falta de regulación y su ambición de ganar dinero, podrían producir verdaderos desastres, con hierro u otras sustancias.

Planktos no es la única empresa que está vendiendo créditos de carbono a través de la fertilización con hierro. También existen otras como GreenSea Venture Inc, que ya realizó experimentos en el Golfo de México, y Climos, con sede en San Francisco.

Lo paradigmático de Planktos, es que anuncia que hará un vertido de hierro en el océano mucho mayor a ninguno antes realizado; en nanopartículas (que agrega a los riesgos, el desconocimiento del comportamiento de las partículas nanométricas y el hecho de que durarían más tiempo en la superficie); en un área de 10,000 kilómetros cuadrados cercanos a las Islas Galápagos, un ecosistema único y muy delicado, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Esto pese a que la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, (EPA, por sus siglas en inglés), le indicó que este vertido contraviene la legislación Ocean Dumping Act, de Estados Unidos, por lo que no podía hacerlo ni en sus aguas ni con su barco Weatherbird II, ya que tiene bandera de ese país. La respuesta de Planktos, que se proclama ambientalmente responsable -incluso para pagar las culpas ambientales de otros- fue que podían cambiar de barco o de bandera, para realizar el vertido en Galápagos.

Frente a la protesta de varias organizaciones de la sociedad civil y de las propias autoridades del Parque Nacional de Galápagos, este 22 de junio de 2007, el comité científico asesor del Convenio de Londres de la Organización Marítima Internacional (que se ocupa de la contaminación de los mares por vertido de desechos), hizo una declaración donde "nota con preocupación que este tipo de experimentos a gran escala pueden tener potenciales impactos negativos, tanto sobre el ambiente marino como en la salud humana" y que por tanto se requieren evaluaciones cuidadosas sobre muchos aspectos, antes de proseguir con ellos. Indica también que este tipo de experimentos además no parece tener efectividad para lo que dicen ser su propósito: absorber dióxido de carbono.

De hecho, el director de Planktos admitió en una entrevista radial que su actividad "Es más bien un experimento de negocios que un experimento científico".

Resumiendo: a costa de la tragedia del cambio climático, surgen empresas que venden sus "servicios" aprovechando el mercado de emisiones de carbono (nefasto y erróneo de origen, ya que no va a las causas reales sino solamente sirve para los negociados), se apropian de los océanos que son bienes comunes, no cumplen con la legislación de su propio país, van a los mares del sur a contaminar áreas únicas como Galápagos y crean nuevos problemas que incluso podrían empeorar lo que dicen combatir.
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- La información de este artículo proviene de varios informes del Grupo ETC, dónde se puede obtener más detalles sobre el tema / www.etcgroup.org

13 septiembre, 2006

Ideas para enfriar el planeta Tierra

Algunos científicos exploran sistemas de geoingeniería para contrarrestar el calentamiento global

WILLIAM J. BROAD  -  Nueva York
EL PAÍS - 13-09-2006
Muchos expertos tachan la geoingeniería de sueño irresponsable
Se estudia fertilizar el mar para generar floraciones de plantas que engullan CO2

En las últimas décadas, un puñado de científicos ha ideado grandes sistemas futuristas para combatir el calentamiento global: construir sombrillas en órbita para enfriar el planeta, juguetear con las nubes para que reflejen más luz solar al espacio o engañar a los océanos para que absorban más gases invernadero. Sus propuestas quedaron relegadas a los márgenes de la ciencia del clima; pocas revistas las publicaron; pocos organismos gubernamentales financiaron estudios de viabilidad. Los ecologistas y muchos científicos afirmaban que, para empezar, había que centrarse en reducir los gases invernadero y prevenir el calentamiento global. Pero ahora, algunos científicos destacados dicen que las propuestas merecen un estudio serio debido a la creciente inquietud por el calentamiento global.

Preocupados por una posible crisis planetaria, estos científicos están alentando a los Gobiernos y grupos de investigación a que estudien formas inusuales de mitigar el calentamiento global, y las conciben como posibles recursos de repuesto en caso de que el planeta necesite una dosis de enfriamiento urgente. "Deberíamos tratar estas ideas como cualquier otra investigación y tomárnoslas en serio", señala Ralph J. Cicerone, presidente de la National Academy of Sciences (Washington).

Los planes y estudios propuestos forman parte de un controvertido campo llamado geoingeniería, es decir, la reorganización a gran escala del medio ambiente terráqueo para adecuarlo a las necesidades humanas y fomentar la habitabilidad. Cicerone, químico atmosférico, ha detallado sus argumentos a favor de los estudios de geoingeniería en la edición de agosto de la revista Climatic Change. Por invitación suya, Roger P. Angel, astrónomo de la Universidad de Arizona, habló en la reunión anual de la academia esbozando un plan para poner en órbita pequeñas lentes que desviarían la luz solar de la Tierra. Calcula que serían billones de lentes de unos 60 centímetros de ancho cada una, muy delgadas y con un peso poco mayor que el de una mariposa.

Además, Cicerone participó recientemente en una disputa sobre si debían darse a conocer las ideas de geoingeniería de un premio Nobel, Paul J. Crutzen, del Instituto Mack Planck de Química (Alemania), que recibió el galardón en 1995 por demostrar cómo perjudican los gases industriales a la capa de ozono de la Tierra. En su artículo evalúa los riesgos y ventajas de intentar enfriar el planeta inyectando sulfuro en la estratosfera. El trabajo "no debería interpretarse como una licencia para salir a contaminar", declaró Cicerone, insistiendo en que la mayoría de los científicos creen que poner freno a los gases invernadero debería ser la máxima prioridad; pero añadió: "En mi opinión, es un artículo brillante".

La geoingeniería no es la panacea, comenta Cicerone. Pero si se realiza correctamente, dice, actuará como una póliza de seguros en caso de que el mundo algún día afronte una crisis de sobrecalentamiento, con repercusiones como el derretimiento de los casquetes glaciares, sequías, hambrunas, un aumento del nivel del mar e inundaciones costeras. "Muchos hemos manifestado que no nos gusta la idea" de la geoingeniería, pero "debemos pensar en ella" y aprender, entre otras cosas, a distinguir entre las propuestas seguras y las ineficaces o peligrosas.

Muchos científicos todavía se mofan de la geoingeniería tachándola de sueño irresponsable con más riesgos y posibles efectos secundarios negativos que beneficios; definen sus remedios extremos como un buen motivo para redoblar esfuerzos en la reducción de gases que retienen el calor, como el dióxido de carbono. Los escépticos del calentamiento global provocado por el ser humano desestiman la geoingeniería porque la consideran un esfuerzo costoso para combatir un espejismo.

El estudio de medidas futuristas empezó discretamente en los años sesenta, cuando los científicos postulaban que el calentamiento global provocado por emisiones generadas por los humanos podría suponer algún día una grave amenaza. Pero casi pasó inadvertido hasta los años ochenta, cuando las temperaturas globales empezaron a ascender. Algunos científicos señalaron que la Tierra reflejaba al espacio aproximadamente un 30% de la luz solar entrante y absorbía el resto; un ligero incremento en el índice de reflexión, pensaron, podrían contraatacar a los gases que retienen el calor y enfriar así el planeta.

Wallace S. Broecker (Universidad de Columbia), propuso hacerlo rociando la estratosfera con toneladas de dióxido sulfúrico, como hacen de vez en cuando los volcanes en erupción. Pero las inyecciones, calculó en los años ochenta, requerirían una flota de cientos de aviones, que aumentarían la lluvia ácida. En 1997, esas visiones futuristas hallaron a un defensor en Edward Teller, uno de los padres de la bomba de hidrógeno. "La inyección de partículas que disgregan la luz solar en la estratosfera parece un planteamiento prometedor", escribía en The Wall Street Journal. "¿Por qué no hacerlo?".

Pero los organismos oficiales normalmente rehusaban pagar la investigación de ideas tan extravagantes. John Latham, físico atmosférico del National Center for Atmospheric Research, y sus colegas intentaron durante años, sin éxito, probar si el rociado de vapor de agua salada en nubes oceánicas bajas podía aumentar su índice de reflexión. No lograron financiación gubernamental.

Otros planes requerían la colocación de películas reflectantes sobre desiertos o el lanzamiento al océano de islas de plástico blanco, en ambos casos para reflejar más luz solar al espacio. Otra idea era fertilizar el mar con hierro, generando grandes floraciones de plantas que engullirían toneladas de dióxido de carbono y, cuando las plantas murieran, arrastrarían el carbono al abismo.

La reacción general a esas ideas, señala Alvia Gaskill, presidenta de Environmental Reference Materials Inc., asesoría de Carolina del Norte que aboga por la geoingeniería, "ha sido de desdén y en ocasiones miedo, un temor a que no sepamos cuáles serán las consecuencias si realizamos cambios a gran escala en el medio ambiente". Gaskill afirma que unos pequeños experimentos permitirían a los investigadores echar rápidamente el freno si esa manipulación fuera mal.

Los detractores de la geoingeniería sostienen que tiene más sentido evitar el calentamiento global que apostar por soluciones arriesgadas. Instan a reducir el consumo energético, a desarrollar fuentes de energía alternativas y a frenar los gases invernadero. Pero las iniciativas internacionales como el Protocolo de Kioto no han logrado mitigar la amenaza y los científicos calculan que la temperatura de la superficie terráquea puede aumentar hasta 5,5 grados centígrados en este siglo. Los partidarios de la geoingeniería afirman que la humanidad ya está alterando mucho el medio ambiente global y sencillamente debe hacerlo con más inteligencia.

Angel explicó su idea de sombrilla espacial. "Esto podría animar a toda una generación", declaró. "Empecemos a pensar en este tipo de cosas por si algún día las necesitamos". Esos planes visionarios todavía están lejos de ganarse el aplauso general. James E. Hansen, del NASA Goddard Institute for Space Studies, que defiende con firmeza la reducción de las emisiones, menosprecia el parasol orbital por considerarlo algo "increíblemente difícil y poco práctico".

Crutzen también ha sido objeto de críticas por su artículo sobre la inyección de sulfuro en la estratosfera. "Hubo una apasionada protesta de varios científicos importantes que afirmaban que es irresponsable", dice Mark G. Lawrence (Instituto Max Planck).

El plan estratosférico llamaba a combatir un tipo de contaminación (exceso de gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono) con otra (dióxido de sulfuro), aunque parecía que cualquier incremento de sulfuro en la superficie de la Tierra sería pequeño en comparación con las toneladas que ya emiten las chimeneas de las centrales alimentadas con carbón. Crutzen calcula que el coste anual de su propuesta del sulfuro ascendería como máximo a 40.000 millones de euros, o aproximadamente un 5% del gasto militar anual en el mundo. "La ingeniería climática es la única opción de que disponemos para reducir rápidamente el aumento de la temperatura" si los esfuerzos internacionales no consiguen poner freno a los gases invernadero, escribe. "Hasta ahora", añade, "hay pocas razones para ser optimistas".

Esta información se ha elaborado con la colaboración de Andre C. Revkin. © The New York Times