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23 noviembre, 2007

Salmoneras Asquerosas: El Fin de un sucio negocio

El Ciudadano. Periódico mensual, año 3, número 50, fundado en marzo del 2005

La salmonicultura está haciendo agua. De ser la guinda del modelo neoliberal ha pasado a ser la prueba tangible de sus falencias. La acechan plagas y epidemias. Y ya no parece haber nadie en condiciones de salvarla. Todo indica que estamos próximos al fin de una industria ecocida y esclavista que ha contado con respaldo del Estado y la prensa.

salmones"La salmonicultura chilena más que una actividad económica, es un industria de destrucción masiva puesto que sus daños sólo pueden ser comparados con los que provocaría una guerra". Así se expresó Cosme Caracciolo, presidente de los pescadores artesanales de Chile (Conapach), en entrevista con El Ciudadano.

Estas apreciaciones se sostienen en el gran daño ambiental que la salmonicultura está provocando y de las que son víctimas de primera línea los pescadores artesanales. Los daños dicen relación con la gran cantidad de basura que genera esta industria, la que no es debidamente reciclada sino que arrojada al mar o a vertederos clandestinos; con la gran cantidad de antibióticos que usa algunos de los cuales no son biodegradables y tienen muy negativas consecuencias sobre la salud humana y sobre la fauna silvestre; En lo económico y social debe destacarse que la salmonicultura se ha impuesto levantando la bandera de la modernización. Oponerse a ella –en su lógica- es oponerse al empleo y al desarrollo.

Pero la realidad es muy distinta. En el Estuario del Reloncaví, el 40% de los peces silvestres testeados por una investigación de Fundación Oceana (2006), se encontraban contaminados por antibióticos usados por la industria salmonera. Un estudio del académico de la Universidad Austral de Chile Sandor Mulsow (2003), sostiene que en el fiordo Pillán de la Décima Región, los cultivos salmoneros derivaron en una pérdida total de vida en el fondo marino. Según esta misma fuente, en el fiordo Reñihue la merma de la biodiversidad fue de un 60%.

Esto se ocasiona por el exceso de materia orgánica: alimentos no digeridos y fecas, que producen los cultivos de salmón. Fruto de la descomposición de toda esa materia orgánica, las bacterias ocupan el oxígeno disuelto en el agua y las diversas especies mueren de asfixia.

En el Estuario del Reloncaví, en cuyas riberas viven 4 mil personas, las salmoneras depositan en el ambiente acuático una cantidad de deshechos equivalentes al que producirían cerca de un millón de personas (Kol, 2007). Cabe tener presente que la salmonicultura chilena produce hasta 40 kilos de salmón por cada metro cúbico de agua, siendo lo recomendado por el Servicio Nacional de Pesca (Sernapesca), 15 kilos. En Noruega el máximo permitido son 5 kilos.

Los efectos nocivos de esta industria no acaban aquí: Para producir un kilo de salmón se ocupan entre 5 y 10 kilos de peces silvestres (preferentemente sardinas, jureles y anchovetas), los que son extraídas del mar chileno. Como la producción salmonera chilena es de 600 mil toneladas anuales, las pesqueras sacan entre 3 y 6 millones de toneladas de aquellos nutritivos peces para alimentar al salmón. Con lo destinado a estos fines, alcanzaría para que cada chileno comiera alrededor de 300 kilos de pescados al año.

De esta forma la salmonicultura chilena despoja a los pueblos de Chile de su mayor fuente de proteínas. Y a los pescadores de su sustento. Sólo en la Décima Región, 9 mil de los 20 mil pescadores registrados han debido abandonar su actividad por el aniquilamiento de la pesca silvestre fruto de la contaminación salmonera y por el accionar de la pesca de arrastre. La mayor parte de los desarraigados ha debido terminar en las salmoneras.

Otra más: La degradación de las aguas por efecto de la acuicultura intensiva de salmones es tan grave, que para mantener la producción en algunos centros de cultivos se ha debido llegar al extremo de tener que introducir artificialmente oxígeno desde camiones a las aguas como ha ocurrido este año en el Estuario de Reloncaví.

EL INVENTO DE PINOCHET

A mediados de la década de 1970, cuando gobernaba el dictador Augusto Pinochet, la economía chilena se orientaba sin oposición posible por los principios neoliberales impuestos por los Chicago Boys. Debido a los bajos precios del cobre y a la necesidad de generar utilidades para los grupos económicos que surgían al amparo de la burocracia estatal, Pinochet decidió impulsar la industria del salmón.

En 1975 se instalaron los primeros centros de cultivo en Chiloé. Pero no es sino hasta los ochenta cuando definitivamente se asienta la salmonicultura como una industria con pretensiones mayores. En 1982, la Fundación Chile trajo de Noruega las primeras ovas de salmón del Atlántico. Pero no se tomaron los resguardos adecuados con el fin de asegurar que la introducción fuera compatible con los ecosistemas a los que era introducido: "No se realizaron estudios de impacto ambiental, antes de entregar concesiones de agua", según dijo a El Ciudadano el biólogo jefe del programa de salmonicultura de la Confederación Nacional de Pescadores Artesanales de Chile (Conapach) Héctor Kol. Explicó: "Estos estudios son importantes porque miden la capacidad de absorción y reciclamiento de materia orgánica de los sistemas en los que interviene la salmonicultura". Los salmones trajeron más de una decena de enfermedades que fueron transmitidas a la pesca silvestre sin que se conozcan los alcances reales de esta introducción.

La adaptación de los salmones a los nuevos ecosistemas no ha sido fácil: Han sido necesarias grandes cantidades de antibióticos, fungicidas y pesticidas para intentar evitar que bacterias, hongos y parásitos hagan de las suyas con este pez extranjero. Pero aquellos se han hecho fuertes y ya dominan al salmón como antes Diego Maradona la pelota.

Así las cosas, la salmonicultura chilena, que creció a tasas de 70% anuales durante 15 años y que el 2006 exportó 1.800 millones de dólares, está cerca de sucumbir. Y resulta simbólico que sea una plaga de piojos de mar, la que pueda dar el golpe de muerte a esta industria que es la guinda del modelo neoliberal chileno.

¡PIOJOS AL PODER!

El año 2004 comenzó a ser percibida en los canales de Chiloé una plaga de piojos de mar (Caligus sp). Ni el Gobierno ni los industriales tomaron mayor asunto a la cuestión, limitándose estos últimos a aplicar mayores cargas de pesticidas. Sin embargo, el verano pasado el Caligus dejó de ser un piojo molestoso para convertirse en una grave amenaza. Buzos salmoneros del Estuario del Reloncaví pudieron ver entonces, nubes de piojos haciendo añicos los salmones.

La crisis se gatilló debido a un aumento de las temperaturas del agua que alcanzó extraordinarios 21 grados Celsius. Esto, sumado a la disminución del viento, generó las circunstancias propicias para la reproducción del Caligus. Se sumó a esto, el nulo efecto que en la actualidad tienen sobre él los más modernos pesticidas. Las razones: el hacinamiento de los salmones y la sobreutilización de los pesticidas sin periodos de descanso.

El Caligus –crustáceo copépodo del porte de medio grano de arroz-, llena de heridas a los salmones los que se estresan y debilitan. A través de estas heridas, se les introduce el temido virus ISA (Anemia Infecciosa del Salmón). Este es una especie de SIDA de los salmones, que no tiene cura conocida: Se ha hecho resistente a los antibióticos más modernos. Esto implica que no hay ninguno de estos que pueda vencerlo. Según el Ministerio de Agricultura, la confirmación del foco se tuvo el pasado 25 de julio, aunque comenzó el 15 de junio de este año.

La plaga se expandió desde Puerto Montt hasta Castro. Esto ha determinado el abandono de numerosos centros de engorda de salmones, siendo el primero de estos el reportado en Hornopirén en junio de 2006. Esto, de acuerdo a informes de la Fundación Pumalín.
La Organización Internacional de Sanidad Animal (OIE), informó en agosto pasado que más de 1 millón de salmones chilenos han sido eliminados con el fin de combatir el ISA.

La única solución posible para la industria, a entender de Kol y la bióloga de la Universidad Austral, Sandra Bravo, es que los cultivos se trasladen hacia aguas no contaminadas. "Es que es imposible limpiar las aguas en poco tiempo y lo único factible para hacer respirar por un tiempo más a la salmonicultura chilena, es que emigre a regiones como Aysén", señala Kol. Pero él estima que esto sería "un desastre". Y justifica su apreciación: "Ahora que la Décima Región está quedando completamente contaminada e inservible, quieren migrar a la Undécima para hacer dinero fácil a costa de la destrucción de los ecosistemas".

LA CRISIS SE INTERNACIONALIZA

La industria ya no puede continuar aumentando las dosis de antibióticos ni funguicidas como había hecho hasta ahora. Esto debido a que en el último año se han encontrado varios cargamentos contaminados con productos prohibidos y otros con sobredosis de antibióticos.

En diciembre pasado, la Agencia de Estándares Alimentarios del Reino Unido (FSA, por su sigla en inglés), anunció la detección de residuos del funguicida cristal violeta en brochetas de salmón producidas en Chile por la transnacional FINDUS. El cristal violeta es un químico cancerígeno prohibido por todos los países de la Unión Europea. La autoridad sanitaria inglesa tuvo que ordenar la destrucción de seis millones de cajas de brochetas de salmón chileno, para evitar una intoxicación masiva.

En enero de este año, el Servicio Agrícola y Ganadero de Chile (SAG), corroboró la efectividad de las denuncias de contaminación de salmones de FINDUS. El SAG también reconoció que un cargamento contaminado de salmón encontrado en Tailandia -un mes antes- era de origen chileno y había sido producido por las empresas AQUACHILE (capitales chilenos), MARINE HARVEST (noruega) y EICOSAL (filial de MARINE HARVEST).

En febrero de 2007 se encontró en Canadá un cargamento contaminado con niveles superiores a los permitidos del benzoato de emamectina. Este antibiótico se aplica para detener el Caligus. Las salmoneras se vieron forzadas a suspender su aplicación lo que ha tenido como contrapartida la mayor expansión de la plaga de piojos sobre los salmones chilenos.

Es importante señalar que al consumir salmones -y otros productos- con altas concentraciones de antibioticos, las bacterias se hacen cada vez más resistentes a los medicamentos. Debido a esto, los seres humanos tienen que aumentar la dosis de tratamiento contra enfermedades de origen bacteriano. Y, a veces, ni con ello, se alcanzan los resultados esperados. Esto constituye otro de los graves efectos que el salmón chileno puede ocasionar a la salud.

El 26 de septiembre pasado, la Oficina de Sanidad de Alimentos de Taiwán confirmó que 523 kg de salmón chileno, importados por la Costco Kaohsiung, estaban contaminados con verde malaquita. Este químico, producto de la fisiología del pez, se transforma en leucomalaquita que es un potente cancerígeno.

Cabe mencionar que Chile prohibió el 2004 el uso del verde malaquita. Pero el reciente hallazgo, "demuestra que las autoridades ambientales y sanitarias chilenas no tienen ningún control sobre los procesos productivos de la industria salmonera, y que esta no tienen escrúpulos al utilizar cualquier producto químico para combatir las enfermedades que ella misma genera con su mal manejo ambiental y productivo", afirmó Kol.

¿AUTORIDAD AMBIENTAL?

La Autoridad Medioambiental -ante la crisis provocada por el ISA- emitió en agosto un instructivo que autoriza a convertir en harina de pescado las mortalidades de salmones contaminados con el citado virus. Mediante resolución Nº 1670 "Medidas de contingencia ante brotes y sospecha de ISA", de la Unidad de Acuicultura del Servicio Nacional de Pesca, del 7 de agosto de 2007, en página 3 punto10 dice así: "Se deberá establecer lugares únicos de retiro de mortalidades. La totalidad de la mortalidad debe ser destinada a PLANTAS REDUCTORAS autorizadas". Plantas reductoras son las que fabrican aceite y harina de pescado.

La planta reductora de Pacific Star de Quellón es una de las más utilizadas por diferentes empresas salmoneras para convertir en alimento las mortalidades, que por distintas causas, se registran en la industria salmonera. Y lo hace desde mucho antes que comenzara la plaga de piojos y la epidemia de ISA. Esto, según confirma la propia empresa salmonera en declaraciones de impacto ambiental lo que es refrendado por la propia "Autoridad Medioambiental" en sus resoluciones aprobatorias.

En Resolución de Calificación Ambiental Nº 784/2004, que autoriza proyecto "Centro de engorda de salmonideos Punta Iglesia de Cochamó N° pertenencia 93101124, la Comisión Regional de Medio Ambiente de la Décima Región, sostiene lo siguiente: "e.- Mortalidad: La recolección de los peces muertos se realizará diariamente mediante buceo y por recolección manual en la superficie. Una vez cuantificados y clasificados según la causa de muerte, los peces serán depositados en bins cerrados en forma hermética y retirados, para su traslado y disposición final en la planta reductora y de tratamiento de Pacific Star, o bien ser trasladados a vertedero industrial autorizado".

Cosme Caracciolo, señaló a El Ciudadano, que las plagas asociadas al salmón, son "inevitables" debido a que –según su parecer- esta especie "no es apta para los ecosistemas existentes en Chile". Caracciolo estima que la industria del salmón "es incompatible con la pesca artesanal y con la preservación del medio ambiente". Debido a lo anterior, su sector está solicitando al Gobierno una moratoria a la expansión salmonera. Esto implica detener la entrega de nuevas concesiones a este sector.

Francisco Marín

06 julio, 2007

Los tomates ecológicos son más sanos que los cultivados de forma tradicional, según un estudio

Viernes, 6 julio 2007
IBLNEWS, AGENCIAS

Los tomates ecológicos son más beneficiosos para la salud que los cultivados de manera tradicional debido al nivel de antioxidantes que se encuentran en los primeros, según un estudio comparativo publicado por el Journal of Agricultural and Food Chemistry.

El análisis, dirigido por la química-alimenticia de la Universidad de California Alyson Mitchell y recogido hoy por la prensa, se basa en una comparativa realizada entre ambos tipos de tomates a lo largo de diez años.

Según el estudio, los niveles de los flavonoides quercetina y kaempferol fueron entre un 79 y un 97 por ciento superiores en los tomates ecológicos en comparación con los cultivados de forma tradicional.

Estos tipos de flavonoides son unos antioxidantes conocidos por contribuir a reducir el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, la demencia y algunos tipos de cáncer, recordó el análisis.

Las diferencias en la calidad del abono, los tipos de riego y el manejo del producto cosechado han hecho difícil las comparaciones directas entre ambos tipos de tomates en el pasado, según Mitchell.

Otros estudios de este género llevados a cabo previamente con el trigo y las zanahorias no mostraban diferencias entre los cultivados ecológicamente y de forma tradicional.

En este estudio, sin embargo, los investigadores han usado los datos de un proyecto a largo plazo en el que se emplearon técnicas agrícolas estandarizadas.

En opinión de Mitchell, los hallazgos se basan en la disponibilidad de nitrógeno.

Los flavonoides son producidos como un mecanismo de defensa que puede estar provocado por una deficiencia en los nutrientes.

El nitrógeno inorgánico en el abono tradicional resulta de muy fácil acceso para las plantas, por lo que el equipo de investigadores considera que los flavonoides se producen por el exceso de fertilización.

© IBLNEWS. New York 2007

08 abril, 2007

Bioplaguicidas desplazan a los pesticidas químicos

Granma,  La Habana, sábado 7 de abril de 2007. Año 11 / Número 97
 Raisa Pagés

Casi un millón de hectáreas son beneficiadas con reguladores biológicos de plagas y enfermedades, lo cual reduce en ocho veces la cantidad de plaguicidas químicos que aplicaba la agricultura hace más de 15 años.

Las especialistas Berta Carreras y María Elena Márquez formaron parte del equipo que coleccionó las cepas nativas de Bacillus Thuringiensis.

El Instituto de Investigaciones de Sanidad Vegetal (INISAV), que cumple 30 años, desarrolla diferentes vías para controlar insectos dañinos mediante otros benéficos que se alimentan de los depredadores de hojas y frutos. En esa cadena, la propia naturaleza establece un equilibrio sin necesidad de introducir pesticidas tóxicos en los sembrados, que dañan el entorno.

Numerosas cepas nativas de Bacillus Thuringiensis, el medio biológico más utilizado en el mundo, fueron halladas por un equipo del INISAV. La investigación arrojó que en Cuba existen tipos de ese bacillus que no solo permiten controlar insectos, sino ácaros que atacan la papa y el pimiento y nemátodos que enferman los platanales.

Las investigadoras Berta Carreras y María Elena Márquez explicaron a Granma que las cepas cubanas cubren más microorganismos dañinos.

Al poder contar con cepas nativas no hay que importar de la B. Thuringiensis, pues un kilogramo de este producto en el mercado mundial tiene un elevado precio en divisa, mientras que una cantidad obtenida en nuestro país es mucho más económica.

Además de este bioplaguicida, se reproducen otros hongos, bacterias e insectos benéficos para contrarrestar los microorganismos perjudiciales. Esto se realiza en 199 laboratorios que emplean equipos artesanales y en cuatro bioplantas de moderna tecnología, lo cual permite enfrentar las demandas de la producción agropecuaria a escala nacional.


10 febrero, 2007

Los benefactores de la biotecnología y el biocombustible de la U. de California: El poder de las grandes finanzas y las malas ideas

- - - Servicio Informativo "Alai-amlatina" - - -

Miguel A. Altieri
Eric Holt-Gimenez

Con gran alarde, la British Petroleum (BP) acaba de donar una enorme suma para fondos de investigación de la Universidad de California en Berkeley, los Laboratorios Lawrence Livermore y la Universidad de Illinois, a fin de que puedan desarrollar nuevas fuentes de energía: básicamente biotecnología para desarrollar plantaciones que generen biocombustible.

La donación se produce en el aniversario del infeliz negocio de Berkeley con la gigante de semillas Novartis para investigación, hace diez años. Sin embargo, con 500 millones de dólares, la donación de la BP representa diez veces más la inversión de Novartis. La presentación visual del anuncio fue inconfundible: el logotipo de la corporación BP está perfectamente alineado con las banderas de la Nación, del Estado y de la Universidad.

El director ejecutivo y presidente Robert A. Malone dijo que la BP se estaba "uniendo a algunos de los mejores talentos mundiales en ciencias e ingeniería para responder a la demanda por energías de bajo contenido de carbono, que estaremos trabajando para mejorar y expandir la producción de energía limpia, renovable, a través del desarrollo de mejores plantaciones".

Esta asociación refleja un alineamiento global corporativo rápido, sin fiscalización, y sin precedentes de las más grandes empresas del mundo en el agro-negocio (ADM, Cargill y Bunge), la biotecnología (Monsanto, Syngenta, Bayer, Dupont), el petróleo (BP, TOTAL, Shell) y las industrias automotrices (Volkswagen, Peugeot, Citroen, Renault, SAAB). Para ellas es una inversión relativamente pequeña, ya que estas empresas se van a apropiar de la pericia académica construida a través de décadas de apoyo gubernamental, lo que se traduce en billones de ganancias para esos socios globales.

¿Esta sería una programación que sólo trae ganancias a la Universidad, al público, al medioambiente y la industria? Difícilmente. Además de sobrecargar la programación de las investigaciones de la Universidad, lo que los científicos que están detrás de este evidente negocio privado omiten mencionar es que la aparente "boca-libre" de combustible basado en plantaciones no puede satisfacer nuestra hambre de energía y que no será gratis, ni saludable desde el punto de vista ambiental.

Destinar toda la producción actual de maíz y soja de EE UU para la producción de biocombustibles sólo satisfaría el 12% de nuestra demanda de gasolina y el 6% de diesel. El total del área de EE UU para plantaciones alcanza 625.000 millas cuadradas. Para sustituir el consumo de petróleo de EE UU por biocombustible serían necesarias 1.4 millones de millas cuadradas para etanol de maíz y 8.8 millones de millas cuadradas de soja para biodiesel. Se estima que los biocombustibles van a transformar los estados de Iowa y Dakota del Sur en importadores de maíz hacia el 2008.

El equilibrio energético del biocombustible –la cantidad de energía fósil usada para producir las plantaciones de biomasa comparada con la que será producida– no es nada prometedor. Los investigadores Patzek y Pimentel identifican graves equilibrios negativos de la energía proveniente de biocombustibles. Otros investigadores encuentran un retorno de sólo 1.2 a 1.8 veces para el etanol, en el mejor de los casos, con dudas en relación a biocombustibles basados en celulosa.

Los métodos industriales de producción de maíz y granos de soja dependen de los monocultivos en gran escala. El maíz industrial exige altos niveles de fertilizante químico de nitrógeno (responsable en gran parte de la zona muerta en el Golfo de México) y el herbicida atrazine, un fragmentador endocrino. La soja exige cantidades masivas de herbicida no-selectivo Roundup, que desequilibra la ecología del suelo y produce "súper malezas dañinas". Ambos monocultivos producen una masiva erosión de la capa superficial del suelo y contaminación del agua superficial y subterránea debido a la evacuación de pesticidas y fertilizantes. Cada galón de etanol absorbe de 3 a 4 galones de agua en la producción de biomasa. La expansión de combustible "en espiga" para áreas más secas en el Centro-Oeste va a reducir el ya perjudicado acuífero Ogallala.

Uno de los motivos industriales más subrepticios del proyecto de los biocombustibles –y el motivo por el que Monsanto y compañía son actores clave– es la oportunidad de transformar irreversiblemente la agricultura en plantaciones genéticamente modificadas (GMOs en inglés). Actualmente, el 52% del maíz, el 89% de la soja y el 50% de la colza en EE UU son GMOs. La expansión de biocombustibles a través de "maíz programado", genéticamente adaptado para plantas especiales para el procesamiento de etanol, va a remover todas las barreras prácticas para la permanente contaminación de todas las plantaciones no genéticamente modificadas.

Obviamente, EE UU no puede satisfacer su apetito de energía con biocombustibles. En su reemplazo, los cultivos para combustibles estarán ubicados en los países en vías de desarrollo, sean estas plantaciones en gran escala de caña de azúcar, palmeras que producen aceite y granos de soja, que ya están sustituyendo bosques tropicales primarios y secundarios y pastos en Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador y Malasia.

La soja ya causó la destrucción de más de 91 millones de acres de bosques y pastos en Brasil, Argentina, Paraguay y Bolivia. Para satisfacer la demanda del mercado mundial, sólo Brasil tendrá que talar 148 millones más de acres de bosque. La reducción de gases que producen el efecto invernadero se pierde, cuando los bosques que captan carbono son talados para dar paso a las plantaciones que producen biocombustibles.

A más de esto, centenas de miles de pequeños productores campesinos están siendo desplazados por la expansión de la soja. Muchos más perderán sus tierras debido a los biocombustibles. La expansión de tierras cultivables con plantaciones de maíz amarillo para etanol ya redujo el suplemento del maíz blanco para tortillas en México, provocando un aumento de los precios en un 400%. Eso hizo que los líderes campesinos presentes en el reciente Foro Social Mundial en Nairobi exigieran: ¡"Nada de tanques llenos cuando todavía hay estómagos vacíos!".

Con la promoción en gran escala de monocultivos mecanizados, que exigen la introducción de agro-químicos y máquinas, y conforme los bosques que captan carbono sean destruidos para dar paso a las plantaciones para biocombustibles, las emisiones de CO2 aumentarán y no disminuirán. La única manera de parar el calentamiento global es promover la agricultura orgánica en pequeña escala y reducir el uso de todos los combustibles, lo que implica disminuir los patrones de consumo y el desarrollo de sistemas masivos de transporte público, áreas que la Universidad de California debería estar activamente investigando y en las cuales la BP y los otros asociados en función de los biocombustibles nunca invertirán uno solo centavo.

Las consecuencias potenciales para el medioambiente y la sociedad del financiamiento de la BP son profundamente perturbadoras. Después del informe de la revisión externa del acuerdo entre la Universidad de California y Novartis, que recomendó que la Universidad no realizase tales acuerdos en el futuro, ¿como se pudo anunciar un negocio tan grande sin un amplia consulta al cuerpo docente de la Universidad?

La universidad ha sido conducida a una asociación corporativa que puede transformar irreversiblemente los sistemas de alimentos y combustibles del planeta y concentrar un enorme poder en las manos de unos pocos socios corporativos.

Cabe a los ciudadanos de California exigir a la Universidad se responsabilice de investigaciones que verdaderamente apoyen alternativas sostenibles para la presente crisis energética. Un debate público serio sobre este nuevo programa ya debió haberse realizado hace tiempo.

(Traducción ALAI)

- Miguel A. Altieri, Profesor de la Universidad de California en Berkeley
- Eric Holt-Gimenez, Director Ejecutivo, "Food First", Oakland


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22 diciembre, 2006

Una receta orgánica para el desarrollo


Stephen Leahy
IPS/IFEJ

La agricultura orgánica es una potente herramienta para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, pero también para aliviar la pobreza y mejorar la seguridad alimentaria en los países pobres, señalan expertos internacionales.

El uso que esta práctica sustentable hace del abono orgánico y de la diversidad de cultivos significa que podrá soportar mejor temperaturas más elevadas y lluvias más variables ocasionadas por el calentamiento planetario.

"La agricultura orgánica tiene que ver con optimizar rendimientos de los cultivos en todas las condiciones", explicó Louise Luttikholt, gerenta de relaciones estratégicas en la Federación Internacional de los Movimientos de Agricultura Orgánica (Ifoam, por sus siglas en inglés) en la occidental ciudad alemana de Bonn.

"Por ejemplo, la aldea en la septentrional región etíope de Tigray, que se había convertido a la agricultura orgánica, continuó cosechando incluso durante una severa sequía, mientras que las aldeas vecinas que usaban fertilizantes químicos convencionales no lograron que sus cultivos prosperaran", señaló Luttikholt al ser entrevistada.

Como el abono orgánico es usado en vez de los fertilizantes químicos, los suelos orgánicos contienen mucho más humus y carbón orgánico, lo que a cambio retiene mucha más agua.

"También pueden absorber más agua más rápidamente, lo que significa que es menos probable que se inunden", agregó.

"Adoptar la agricultura orgánica en el país llevó más trabajo, pero dio sus resultados cuando la sequía llegó a su tercer año", según Tewolde Berhan Gebre Egziabher, director general de la Autoridad de Protección Ambiental de Etiopía.

Tewolde, quien fue pionero de la revolución orgánica en varias comunidades de Etiopía septentrional como modo de garantizar la seguridad alimentaria, informó que el temprano éxito alentó a los departamentos agrícolas del gobierno a adoptar técnicas orgánicas.

Esta y otras formas de agroecología sustentable no dependen de fertilizantes químicos, así que deben hallar otras maneras de enriquecer los suelos. Generalmente los rendimientos de sus cultivos son buenos y la calidad de los alimentos alta.

Y el beneficio agregado es que los suelos orgánicos retienen mucho más carbono que los cultivados con métodos convencionales.

Los elevados niveles de dióxido de carbono en la atmósfera a partir de la quema de combustibles fósiles constituyen la principal causa del calentamiento global. Las plantas absorben ese gas del aire y pueden hacer que se deposite en el suelo de modo más o menos permanente en las condiciones correctas.

En una comparación realizada a lo largo de 23 años, los valores de carbono de los suelos orgánicos aumentaron entre 15 y 28 por ciento, mientras que hubo poco cambio en los sistemas no orgánicos, según los experimentos de sistemas agrícolas del Instituto Rodale, realizados en el nororiental estado estadounidense de Pennsylvania.

"Si solamente 10.000 establecimientos agrícolas de tamaño medio en Estados Unidos se convirtieran a la producción orgánica, almacenarían tanto carbono en el suelo que sería equivalente a sacar de la carretera un millón 174.400 automóviles", informó el instituto en 2003.

Y hay más. Elaborar fertilizantes químicos como el nitrógeno requiere enormes cantidades de energía, y los tractores también consumen grandes cantidades de combustibles fósiles. "En Estados Unidos, los sistemas de cultivo orgánico usan apenas 63 por ciento de la energía requerida por los sistemas agrícolas convencionales", halló David Pimentel, de la Universidad de Cornell, en el estado de Nueva York.

La agricultura orgánica también ofrece otros varios beneficios ambientales. Entre ellos, hidrovías libres de contaminación química y una biodiversidad mejorada. En América del Norte y Europa se deben usar sistemas caros con el fin de eliminar del agua para beber los productos químicos de uso agrícola.

"Alguien tiene que pagar esos costos externos de la agricultura convencional", afirmó Volkert Engelsman, presidente de Eosta BV, distribuidora europea de frutas y vegetales orgánicos.

"Lo orgánico brinda una amplia variedad de beneficios sociales y económicos, para países de ingresos bajos, eso significa más puestos laborales, porque la agricultura orgánica es intensiva desde el punto de vista de la mano de obra. También da valor a la pericia local y al conocimiento tradicional", dijo Engelsman en una entrevista desde la principal oficina de Eosta, en la localidad holandesa de Waddinxveen.

"Eso tiene más sentido económico que depender de la pericia técnica de las corporaciones occidentales", señaló Engelsman.

El empresario acaba de regresar de India, donde la agricultura orgánica está experimentando un "crecimiento explosivo". Enfrentado con suelos que se agotan rápidamente, el gobierno indio ahora apoya las técnicas orgánicas porque ninguna cantidad de fertilizante químico puede mejorar el suelo.

"Además, la escasez de agua, los mayores problemas sanitarios y los costos más elevados de los químicos y las semillas híbridas forzaron a India a repensar su estrategia agrícola. Es más económicamente sustentable invertir en los suelos que hacer más ricas a las compañías químicas", dijo.

Engelsman coincide con la destacada científica y ambientalista india Vandana Shiva en que la investigación en materia de agricultura amigable con el ambiente demostró que es altamente productiva y que constituye la única solución al hambre y la pobreza.

Ese punto de vista, otrora considerado radical, está comenzando a ganar más aceptación, dado que el hambre aumentó bajo el sistema globalizado de producción de alimentos.

Hoy, 10 años después de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación realizada en 1996 en Roma, donde los países se comprometieron a reducir a la mitad la cantidad de personas con hambre en el mundo para 2015, hay más personas hambrientas en los países en desarrollo.

"Lejos de disminuir, el número de personas hambrientas en el mundo actualmente está aumentando a un ritmo de cuatro millones por año", afirmó hace poco Jacques Diouf, director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

La FAO espera que lo orgánico juegue un rol en la reducción del hambre y el alivio de la pobreza, y realizará una importante conferencia en mayo de 2007 en Roma. "Muchos países requieren la asistencia de la FAO para desarrollar una agricultura sustentable, Hay una necesidad de arrojar luz sobre la contribución de la agricultura orgánica a la seguridad alimentaria", señaló en una declaración escrita Alexander Müller, director general adjunto de la entidad.

Muchos países ya se están moviendo en esa dirección.

El ministro de Agricultura de Brasil, Roberto Rodrigues, ha declarado que quiere que la agricultura orgánica crezca de tres a 20 por ciento de la producción del país en los próximos cinco a seis años.

El mes pasado, 308 delegados del sector agrícola de Filipinas acordaron optar por la producción orgánica, en parte porque puede ayudar a aliviar la pobreza en las comunidades rurales.

Estudios hechos por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), una agencia de las Naciones Unidas, mostraron que la agricultura orgánica reducía la pobreza. En casi todos los países donde se llevaron a cabo evaluaciones del FIDA, los pequeños cultivadores solamente necesitaron mejoras marginales a sus tecnologías para concretar el viraje a la producción libre de agrotóxicos.

"Ahora todos abrazan la agricultura orgánica. Y el cambio climático solamente estimulará ese interés", puntualizó Engelsman.

* Este artículo es parte de una serie sobre desarrollo sustentable producida en conjunto por IPS (Inter Press Service) e IFEJ (siglas en inglés de Federación Internacional de Periodistas Ambientales). Publicado originalmente el 16 de diciembre por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.

15 octubre, 2006

Somos lo que comemos, ¿o no?

 

Autor: LUIS ÚBEDA

Pastores de múltiples naciones han sufrido la llamada "ayuda negativa".

Un par de años atrás, en ocasión del Día Mundial de la Alimentación, que se conmemora cada 16 de octubre, el Director General de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el doctor Jacques Diouf (Senegal, 1938), expresó: "La biodiversidad mundial está en peligro y ello podría comprometer seriamente a la seguridad alimentaria mundial".

En aquel entonces el lema que presidía los festejos por la fecha, destacaba: "La biodiversidad al servicio de la seguridad alimentaria", elevando a los primeros planos la importancia de la biodiversidad para garantizar a todas las personas el acceso sostenible a una alimentación que favoreciera la vida activa y saludable.

No es festinada la preocupación. De acuerdo con análisis de la FAO, en los últimos 100 años se han perdido unas tres cuartas partes de la diversidad genética agrícola, y de 6 300 especies animales, 1 350 corren peligro de extinción o ya han desaparecido. Obviamente, la oferta de alimentos ha devenido peligrosamente vulnerable.

Por ejemplo, el maíz (en náhuatl teocinte, alimento de dioses) es desde tiempos prehispánicos ingrediente básico entre los indoamericanos. Formaba parte del culto ceremonial y religioso, y antes de cocerlo lo calentaban con el aliento para que no sufriese con los cambios de temperatura; si encontraban algún grano en el suelo lo recogían y oraban para pedir disculpas por el desperdicio e impedir que los dioses se vengaran produciendo sequías y hambre.

Semejante respeto difiere mucho del trato que damos hoy a muchos recursos alimenticios, que terminan incinerados en los tantos basureros del orbe como sobra de privilegiadas mesas, o más lamentable aún, con el fin de mantener o elevar los precios en el mercado.

Hay grandes regiones y culturas cuya alimentación se basa en el maíz, el trigo, el arroz, la papa, el cacao o la yuca. Sus tradiciones, actividades y cosechas, sus sagas y expresiones artísticas, tienen presente ese elemento esencial. Tanto el europeo o el asiático, pongamos por caso, se preguntan cómo pueden vivir las gentes comiendo arroz, frijoles o viandas todos los días. Y es que para su mentalidad, acostumbrados a ver la cocina provista de alimentos diversos (frescos, enlatados o congelados y repletos de conservantes), resulta sorprendente la forma de alimentarse de otros pueblos.

OJO CON LOS PATRONES

Un patrón de dieta no siempre es adecuado para todos. De facto, la irrupción de nuevos modos y costumbres alimenticios resulta a veces perjudicial para los pueblos. El organismo se acomoda a digerir los elementos nutritivos y las proteínas vegetales de una nutrición habitual, y sufre trastornos digestivos si le incorporan "cosas" extrañas como salsas muy condimentadas o comestibles refinados y precocinados. Los pueblos que incursionan en esos negativos hábitos son proclives a la obesidad, las enfermedades crónicas, vasculares, el cáncer o la diabetes, entre otras.

Pero hay más. Se ha dado el caso de la llamada "ayuda negativa", o sea, cuando ante desastres naturales o hambrunas, se abastece, por ejemplo, de leche en polvo a comunidades campesinas que ancestralmente consumen leche de cabra. En breve lapso, no hallan tan necesario madrugar para ordeñar los animales, y van perdiendo este hábito. Y mucho peor aún: una vez agotada la ayuda humanitaria del preciado alimento, con frecuencia demora recuperar la tradicional costumbre, como ha sido comprobado en muchas partes del mundo.

Alimentarse no es solo comer: precisa de un entorno, un equilibrio, un ritual, pues no es lo mismo hacerlo parado y aprisa, como suele suceder hoy entre los ejecutivos de las grandes capitales, que sentarse junto al fuego en cualquier aldea o a la mesa de una familia urbana común, donde todos comparten el alimento y la palabra.

ALIMENTOS PARA 10 000 MILLONES

En la actualidad, el 90% de los alimentos consumidos en los países industrializados procede de unas 14 especies de aves y mamíferos, mientras que el 50% de la fibra de origen vegetal proviene del trigo, el maíz, el arroz y la papa. Sin embargo, para que esta realidad sea sostenible, resulta vital proteger los océanos, los bosques y demás ecosistemas que acogen a la diversidad biológica mediante prácticas agrícolas razonables, como la rotación de cultivos, la agricultura orgánica y un menor uso de plaguicidas.

Los especialistas coinciden en que nuestro planeta produce alimentos para una población mundial de 10 000 millones de habitantes, cuando somos algo más de 6 200 millones. La paradoja es que sobra comida para todos, pero se distribuye de una forma desigual e injusta.

Desde hace tiempo, la FAO insiste en que más de 840 millones de personas siguen padeciendo hambre en todo el mundo y muchos más sufren carencias nutricionales. O lo que es igual: no bastan los informes ni las denuncias para lograr uno de los objetivos del Milenio: reducir a la mitad, para el año 2025, el número de seres humanos literalmente hambrientos.

Empero, mientras las naciones más desarrolladas, y en especial los Estados Unidos, indiscutible líder en la absurda y muy letal carrera armamentista, no destinen parte de los recursos que invierten en esa dirección, los informes de la FAO, de numerosas organizaciones gubernamentales y no gubernamentales y de países como Cuba, Venezuela y otros, denunciadores de tal flagelo en cada foro mundial, continuarán siendo letra muerta, y por consiguiente, se incrementará la cifra de necesitados y desnutridos. Y peor aún: más cruces en los cementerios del Tercer Mundo.

No es ocioso reiterarlo. Una alimentación saludable es semilla de un futuro sin enfermedades, y la biodiversidad deviene ahora palabra clave en la lucha contra la malnutrición.