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10 octubre, 2009

Las campanas están doblando por el dólar

(Tomado de CubaDebate)

El imperio dominó al mundo más por la economía y la mentira que por la fuerza. Había obtenido el privilegio de imprimir las divisas convertibles al finalizar la Segunda Guerra Mundial, monopolizaba el arma nuclear, disponía de casi todo el oro del mundo y era el único productor en gran escala de equipos productivos, bienes de consumo, alimentos y servicios a nivel mundial. Tenía, sin embargo, un límite a la impresión de papel moneda: el respaldo en oro, al precio constante de 35 dólares la onza troy. Así ocurrió durante más de 25 años, hasta que el 15 de agosto de 1971 mediante una orden presidencial de Richard Nixon, Estados Unidos rompió unilateralmente ese compromiso internacional estafando al mundo. No me cansaré de repetirlo. De esa forma lanzó sobre la economía mundial sus gastos del rearme y aventuras bélicas, en especial la guerra de Viet Nam que, según cálculos conservadores, costó no menos de 200 mil millones de dólares y la vida de más de 45 mil jóvenes norteamericanos.

Sobre ese pequeño país del Tercer Mundo fueron lanzadas más bombas que las utilizadas en la última guerra mundial. Millones de personas murieron o fueron mutiladas. Al suspender la conversión, el dólar pasó a ser una divisa que podía imprimirse a voluntad del Gobierno norteamericano sin el respaldo de un valor constante.

Los bonos y billetes de la Tesorería continuaron circulando como divisas convertibles; las reservas de los Estados continuaron nutriéndose de esos billetes que, por un lado, servían para adquirir materias primas, propiedades, bienes y servicios de cualquier parte del mundo y, por otro, privilegiaban las exportaciones de Estados Unidos frente a las demás economías del planeta. Los políticos y académicos mencionan una y otra vez el costo real de aquella guerra genocida, admirablemente descrita en la película de Oliver Stone. Las personas tienden a realizar cálculos como si los millones fuesen iguales. No suelen percatarse de que los millones de dólares de 1971 no son iguales a los millones del 2009.

Un millón de dólares hoy, cuando el oro —un metal cuyo valor ha sido el más estable a lo largo de siglos— tiene un precio que sobrepasa los mil dólares la onza troy, vale alrededor de 30 veces lo que valía cuando Nixon suspendió la conversión. Doscientos mil millones en 1971, equivalen a 6 millones de millones de dólares en el 2009. Si no se tiene en cuenta esto, las nuevas generaciones no tendrán una idea de la barbarie imperialista.

De igual modo, cuando se habla de los 20 mil millones invertidos en Europa al finalizar la Segunda Guerra Mundial —en virtud del Plan Marshall para reconstruir y controlar la economía de las principales potencias europeas, que poseían la fuerza de trabajo y la cultura técnica necesaria para el rápido desarrollo de la producción y los servicios— las personas suelen ignorar que el valor real de lo invertido entonces por el imperio equivale al valor internacional actual de 600 mil millones de dólares. No advierten que 20 mil millones apenas alcanzarían hoy para construir tres grandes refinerías de petróleo, capaces de suministrar 800 mil barriles diarios de gasolina, además de otros derivados del petróleo.

Las sociedades de consumo, el despilfarro absurdo y caprichoso de energía y de recursos naturales que hoy amenazan la supervivencia de la especie, no serían explicables en tan breve período histórico si no se conoce la forma irresponsable en que el capitalismo desarrollado, en su fase superior, ha regido los destinos del mundo.

Tan asombroso despilfarro explica por qué los dos países más industrializados del mundo, Estados Unidos y Japón, están endeudados en aproximadamente 20 millones de millones de dólares.

Desde luego que la economía de Estados Unidos se aproxima a un Producto Interno Bruto anual de 15 millones de millones de dólares. Las crisis del capitalismo son cíclicas, como lo demuestra irrebatiblemente la historia del sistema, pero esta vez se trata de algo más: una crisis estructural, como explicaba el Ministro de Planificación y Desarrollo de Venezuela, el profesor Jorge Giordani a Walter Martínez en su programa por Telesur en la noche de ayer.

Los despachos cablegráficos divulgados hoy, viernes 9 de octubre, añaden datos que son irrebatibles. Un despacho de AFP procedente de Washington precisa que el déficit presupuestal de Estados Unidos, en el año fiscal 2009, se eleva a 1,4 millones de millones de dólares, el 9,9% del PIB, "algo nunca visto desde 1945, al finalizar la Guerra Mundial", añade.

El déficit en el año 2007 había sido ya un tercio de esa cifra. Se esperan elevadas sumas de carácter deficitario los años 2010, 2011 y 2012. Ese enorme déficit está dictado, fundamentalmente, por el Congreso y el Gobierno de Estados Unidos para salvar los grandes bancos de ese país, impedir que el desempleo se eleve por encima del 10% y sacar a Estados Unidos de la recesión. Es lógico que si inundan la nación de dólares, las grandes cadenas comerciales venderán más mercancías, las industrias incrementarán la producción, menos ciudadanos perderán sus viviendas, la marea del desempleo dejará de crecer, y las acciones de Wall Street elevarán su valor. Fue la forma clásica de resolver la crisis. Sin embargo, el mundo no volverá ya a ser el mismo. Paul Krugman, prestigioso Premio Nobel de Economía, acaba de afirmar que el comercio internacional ha sufrido su mayor caída, peor todavía que la de la Gran Depresión y expresó dudas sobre la pronta recuperación.

No se puede inundar también el mundo de dólares y pensar que esos papeles sin respaldo en oro mantendrán su valor. Otras economías, hoy más sólidas, han surgido. El dólar dejó de ser ya la reserva en divisas de todos los Estados, más bien sus poseedores desean apartarse de él, aunque evitando en lo posible que se devalúe antes de que puedan desprenderse de ellos.

El euro de la Unión Europea, el yuan chino, el franco suizo, el yen japonés —a pesar de las deudas de ese país—, hasta la libra esterlina, junto a otras divisas, pasaron a ocupar el lugar del dólar en el comercio internacional. El oro metálico vuelve a convertirse en importante moneda de reserva internacional.

No se trata de una opinión personal caprichosa, ni deseo calumniar esa moneda.

Otro Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, expresó, según despacho cablegráfico: "'lo más probable es que el billete verde siga de capa caída. Los políticos no deciden los tipos de cambio y los discursos tampoco lo hacen'. Esto lo declaró el 6 de octubre en la Asamblea Anual Conjunta del FMI y el Banco Mundial que se celebró en Estambul". En esa ciudad se pudo apreciar una violenta represión. El evento fue saludado con vidrieras comerciales rotas e incendios producidos por cocteles molotov.

Otras noticias hablaban de que los países europeos temían el efecto negativo de la debilidad del dólar frente al euro y sus consecuencias sobre las exportaciones europeas. El Secretario del Tesoro de Estados Unidos declaró que a su país "le interesaba un dólar fuerte". Stiglitz se burló de la declaración oficial y expresó según EFE, que "en el caso de Estados Unidos el dinero se ha derrochado y la causa ha sido el rescate multimillonario de los bancos y sufragar guerras como Afganistán". Según la agencia, el Premio Nobel "insistió en que en vez de invertir 700 mil millones en ayuda a los banqueros, EE.UU. pudo haber destinado parte de ese dinero a ayudar a los países en desarrollo, lo que a su vez habría estimulado la demanda global".

Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, dio la voz de alarma días antes, y advirtió que el dólar no podía mantener indefinidamente su status como divisa de reserva.

Un eminente profesor de Economía de la Universidad de Harvard, Kenneth Rogoff, afirmó que la próxima gran crisis financiera será la de "los déficit públicos".

El Banco Mundial declaró que "el Fondo Monetario Internacional (FMI) mostró que los bancos centrales del mundo acumularon menos dólares durante el segundo semestre del 2009 que en ningún otro momento durante los últimos 10 años e incrementaron su tenencia de euros".

El propio 6 de octubre, la AFP publicó que el oro alcanzó la cifra récord de 1 045 dólares la onza, impulsado por el debilitamiento del dólar y el temor a la inflación.

El diario Independent, de Londres, publicó que un grupo de países petroleros estudiaban reemplazar el dólar en las transacciones comerciales por una cesta de divisas que incluirán el yen, el yuan, el euro, el oro y una futura moneda común.

La noticia filtrada o deducida con impresionante lógica fue desmentida por algunos de los países presuntamente interesados en esa medida de protección. No desean que colapse, pero tampoco seguir acumulando una moneda que ha perdido 30 veces su valor en menos de tres décadas.

No puedo dejar de consignar un despacho de la agencia EFE, la cual no puede ser acusada de antiimperialista y que en las actuales circunstancias transmite opiniones de especial interés:

"Expertos de economía y finanzas coincidieron hoy en Nueva York en afirmar que la peor crisis desde la Gran Depresión ha llevado a ese país a jugar un papel menos significativo en la economía mundial".

"'La recesión ha hecho que el mundo haya cambiado la forma en que se mira a EE.UU. Ahora nuestro país es menos significativo que antes y eso es algo que debemos reconocer', afirmó David Rubenstein, presidente y fundador de Carlyle Group, la mayor firma de capital de riesgo del mundo, en su intervención en el World Business Forum".

"'El mundo financiero va a estar menos centrado en EE.UU. (¼ ) Nueva York no va a ser nunca más la capital financiera mundial y ese papel se repartirá con Londres, Shanghai, Dubai, Sao Paulo y otras ciudades', aseveró".

 desgranó los problemas a los que se enfrentará EE.UU. cuando salga de 'una gran recesión' de la que aún quedan 'un par de meses por delante'".

 'el enorme endeudamiento' público, la inflación, el desempleo, la pérdida de valor del dólar como divisa de reserva, los precios de la energía¼ ".

"El Gobierno debe disminuir el gasto público para enfrentar el problema de la deuda y hacer algo que gusta poco: subir los impuestos".

"El economista de la Universidad de Columbia y asesor especial de la ONU, Jeffrey Sachs, coincidió con Rubenstein en que el predominio económico y financiero de EE.UU. 'se está apagando'."

"Hemos dejado un sistema centrado en EE.UU. por uno 'multilateral'¼ ".

 'veinte años de irresponsabilidad por parte primero de la administración de Bill Clinton y luego de la de George W. Bush', cedieron a las presiones de Wall Street¼ ".

 los bancos negociaban con 'activos tóxicos' para conseguir dinero fácil, explicó Sachs".

"'Lo importante ahora es reconocer el desafío sin precedentes que supone lograr un desarrollo económico sostenible y consecuente con las reglas básicas físicas y biológicas de este planeta'¼ ".

Por otro lado, las noticias que llegaban directamente de nuestra delegación en Bangkok, capital de Tailandia, no eran en absoluto alentadoras:

"Lo esencial que se discute —informó textualmente nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores— es la ratificación o no del concepto responsabilidades comunes pero diferenciadas entre los países industrializados y las llamadas economías emergentes, básicamente China, Brasil, India y Sudáfrica, y los países subdesarrollados.

"China, Brasil, India, Sudáfrica, Egipto, Bangladesh, Pakistán y el ALBA son los más activos. En general el Grupo de los 77, en su mayoría, se mantiene en posiciones firmes y correctas.

"Las cifras de reducción de emisiones de carbono que se están negociando no se corresponden con las que se calculan por los científicos para mantener el aumento de la temperatura a un nivel inferior a 2 grados Celsius, 25-40%. En este momento, la negociación se mueve en torno a una reducción del 11-18%.

"Estados Unidos no está haciendo ningún esfuerzo real. Sólo están aceptando un 4% de reducción con respecto al año 1990".

En horas de la mañana de hoy viernes 9, el mundo se despertó con la noticia de que "el Obama bueno" del enigma, explicado por el Presidente Bolivariano Hugo Chávez en las Naciones Unidas, recibió el Premio Nobel de la Paz. No siempre comparto las posiciones de esa institución, pero me veo obligado a reconocer que en estos instantes fue, a mi juicio, una medida positiva. Compensa el revés que sufrió Obama en Copenhague al ser designada Río de Janeiro y no Chicago como la sede de las Olimpiadas del 2016, lo cual provocó airados ataques de sus adversarios de extrema derecha.

Muchos opinarán que no se ha ganado todavía el derecho a recibir tal distinción. Deseamos ver en la decisión, más que un premio al Presidente de Estados Unidos, una crítica a la política genocida que han seguido no pocos presidentes de ese país, los cuales condujeron el mundo a la encrucijada donde hoy se encuentra; una exhortación a la paz y la búsqueda de soluciones que conduzcan a la supervivencia de la especie.

Fidel Castro Ruz
Octubre 9 de 2009
6 y 11 p.m.


03 octubre, 2009

Chomsky: guerra, drogas y política, elementos del mundo bipolar

Blanche Petrich.*

¿Qué lecciones nos han dejado dos décadas de una realidad mundial unipolar? Noam Chomsky disertó  largamente en Méxio sobre esta pregunta y dejó en oídos del auditorio ideas sorprendentes, en una conferencia magistral en la Sala Nezahualcóyotl, transmitida en vivo por TV Unam y 12 televisoras públicas y universitarias que se enlazaron para enviar la señal a Aguascalientes, Hidalgo, Michoacán, Morelos, Puebla, Quintana Roo, San Luis Potosí, Tlaxcala, Yucatán, Durango y Nuevo León, además de por La Jornada on line.

Ideas sorprendentes como la de Barack Obama, presidente de Estados Unidos, descrito como una mercancía con una mercadotecnia tan exitosa, que el año pasado mereció el primer lugar en campañas promocionales por parte de la industria de la publicidad. Más famoso que las computadoras Apple. Tan vendible como una pasta de dientes o un fármaco.

O la idea de que la invasión estadunidense a Panamá, en 1989, hoy apenas una nota a pie de página para muchos, fue en realidad la señal de que Wáshington iniciaba, a través de la ficción de la guerra contra las drogas, una nueva etapa de dominación, cuando apenas habían pasado algunas semanas de la caída del Muro de Berlín.

O bien, un dato puntual, asombroso: la preocupación manifestada en 1990, en un taller de desarrollo de estrategias para América Latina en el Pentágono, de que una eventual apertura democrática en México osara desafiar a Estados Unidos. La solución propuesta fue imponer a nuestro país un tratado que lo atara de manos con las reformas neoliberales. La propuesta se materializó en el Tratado de Libre Comercio (TLC), que entró en vigor en 1994.

Así, la reseña de Chomsky de las dos últimas dos décadas llegó al momento actual, al proceso de remilitarización de América Latina con siete nuevas bases en Colombia y la reactivación de la Cuarta Flota de su armada. Todo, para aterrizar en la visión de un continente, el nuestro, que pese a todo comienza a liberarse por sí solo de este yugo, con gobiernos que desafían las directrices de Washington, pero sobre todo con movimientos populares de masas de gran significación.

Congruente con esta importancia que Chomsky da a los procesos sociales y a su constante llamado a visibilizar a sus protagonistas, al concluir su conferencia magistral y una entrevista con TV Unam, el académico todavía tuvo fuerzas para encontrarse brevemente con Trinidad Ramírez, dirigente del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, de San Salvador Atenco, esposa del preso político Ignacio del Valle, la cual agradeció al conferencista que fuera firmante de la segunda campaña por la libertad de 11 presos, le regaló su paliacate rojo y, por supuesto, también su machete.
En La Jornada, México D.F.

Texto de la conferencia de Noam Chomsky

Al pensar en cuestiones internacionales, es útil tener presentes varios principios de generalidad e importancia considerables. El primero es la máxima de Tucídides: Los fuertes hacen lo que quieren, y los débiles sufren como es menester. Esto tiene un importante corolario: todo Estado poderoso descansa en especialistas en apologética, cuya tarea es mostrar que lo que hacen los fuertes es noble y justo y lo que sufren los débiles es su culpa.

En el Occidente contemporáneo a estos especialistas se les llama intelectuales y, con excepciones marginales, cumplen su tarea asignada con habilidad y sentimientos de superioridad moral, pese a lo disparatado de sus alegatos. Su práctica se remonta a los orígenes de la historia de la que tenemos registro.

Los principales arquitectos

Un segundo punto, que no hay que olvidar, lo expresó Adam Smith. Él se refería a Inglaterra, la potencia más grande de su tiempo, pero sus observaciones son generalizables. Smith observaba que los principales arquitectos de políticas públicas en Inglaterra eran los comerciantes y los fabricantes, quienes se aseguraban de que sus intereses fueran bien servidos por tales políticas, por gravoso que fuera el efecto en otros –incluido el pueblo de Inglaterra– y pese a la severidad que tuvieran para quienes sufren la salvaje injusticia de los europeos en otras partes.

Smith fue una de esas raras figuras que se apartaron de la práctica normal de retratar a Inglaterra como una potencia angelical, única en la historia del mundo, dedicada sin egoísmo al bienestar de los bárbaros. Un ejemplo revelador, en estos términos exactos, es un ensayo clásico de John Stuart Mill, uno de los más decentes e inteligentes intelectuales occidentales, en el que explicaba por qué Inglaterra tenía que culminar su conquista de la India en aras de los más puros fines humanitarios. Lo escribió justo en el momento de mayores atrocidades de Inglaterra en la India, cuando el verdadero fin de una mayor conquista era permitir a Inglaterra apoderarse del monopolio del opio y establecer la más extraordinaria empresa de narcotráfico en la historia mundial, y así obligar a China, con lanchas cañoneras y venenos, a aceptar las mercancías de fabricación británicas, que China no quería.

La plegaria de Mill es la norma cultural. La máxima de Smith es la norma histórica.

Hoy, los principales arquitectos de las políticas públicas no son los comerciantes y los fabricantes, sino las instituciones financieras y las corporaciones trasnacionales.

Una refinada versión actual de la máxima de Smith es la teoría de la inversión en política, desarrollada por el economista político Thomas Ferguson, la cual considera que las elecciones son la ocasión para que grupos de inversionistas se unan con el fin de controlar el Estado, en esencia comprando las elecciones.

Como muestra Ferguson, esta teoría es un mecanismo muy bueno para predecir políticas públicas durante un periodo largo.

Entonces, para lo ocurrido en 2008 debimos haber anticipado que los intereses de las industrias financieras tendrían prioridad para el gobierno de Obama. Fueron sus principales provedoras de fondos y se inclinaron mucho más por Obama que por McCain. Y así resultó ser. El semanario de negocios Business Week se ufana ahora de que la industria de las aseguradoras ganó la batalla por la atención a la salud, y de que las instituciones financieras que crearon la crisis actual emergen incólumes y aun fortalecidas, tras un enorme rescate público –lo que acomoda el escenario para la siguiente crisis–, apuntan los editores.

Y añaden que otras corporaciones aprendieron valiosas lecciones de estos triunfos y ahora organizan grandes campañas para frenar la aprobación de cualquier medida relacionada con energía y conservación (por suave que sea), con pleno conocimiento de que frenar esas medidas negará a sus nietos cualquier posibilidad de supervivencia decente.

Por supuesto, no es que sean malas personas, ni son ignorantes. Ocurre que las decisiones son imperativos institucionales. Quienes deciden no seguir las reglas son excluidos, a veces en formas muy notables.

Las elecciones en Estados Unidos son montajes espectaculares (extravaganzas), conducidos por la enorme industria de las relaciones públicas que floreció hace un siglo en los países más libres del mundo, Inglaterra y Estados Unidos, donde las luchas populares habían ganado la suficiente libertad para que el público ya no tan fácilmente fuera controlado por la fuerza. Entonces, los arquitectos de las políticas públicas se dieron cuenta de que iba a ser necesario controlar las actitudes y las opiniones. Uno de los elementos de la tarea era controlar las elecciones.

Estados Unidos no es una democracia guiada como Irán, donde los candidatos requieren la aprobación de los clérigos imperantes. En sociedades libres, como Estados Unidos, son las concentraciones de capital las que aprueban candidatos y, entre quienes pasan por el filtro, los resultados terminan casi siempre determinados por los gastos de campaña.

Los operadores políticos están siempre muy conscientes de que con frecuencia el público disiente profundamente, en algunos puntos, de los arquitectos de las políticas públicas. Entonces, las campañas electorales evitan ahondar en cualquier punto y favorecen las consignas, las florituras de oratoria, las personalidades y el chismorreo.

Cada año la industria de la publicidad otorga un premio a la mejor campaña promocional del año. En 2008 el premio se lo llevó la campaña de Obama, derrotando incluso a las computadoras Apple. Los ejecutivos estaban eufóricos. Se ufanaban abiertamente de que éste era su éxito más grande desde que comenzaron a promocionar candidatos cual si fueran pasta de dientes o fármacos que asocian con estilos de vida, técnicas que cobraron fuerza durante el periodo neoliberal, primero que nada con Reagan.

En los cursos de economía, uno aprende que los mercados se basan en consumidores informados que eligen racionalmente sus opciones. Pero quien mire un anuncio de televisión sabe que las empresas destinan enormes recursos a crear consumidores uniformados que eligen irracionalmente sus opciones.

Los mismos dispositivos utilizados para derruir mercados se adaptan al objetivo de socavar la democracia, creando votantes desinformados que tomarán decisiones irracionales a partir de una limitada serie de opciones compatibles con los intereses de los dos partidos, que a lo sumo son facciones competidoras de un solo partido empresarial.

Tanto en el mundo de los negocios como en el político, los arquitectos de las políticas públicas son constantemente hostiles con los mercados y con la democracia, excepto cuando buscan ventajas temporales. Por supuesto, la retórica puede decir otra cosa, pero los hechos son bastante claros.

La máxima de Adam Smith tiene algunas excepciones, que son muy instructivas. Un ejemplo contemporáneo importante son las políticas de Washington hacia Cuba desde que ésta obtuvo su independencia, hace 50 años. Estados Unidos es una sociedad que goza de una libertad poco común, así que contamos con buen acceso a los registros internos que revelan el pensamiento y los planes de los arquitectos de las políticas públicas.

A los pocos meses de la independencia de Cuba, el gobierno de Eisenhower formuló planes secretos para derrocar al régimen e inició programas de guerra económica y de terrorismo, cuya escala fue aumentada bruscamente por Kennedy, y que continúan en varias formas hasta nuestros días. Desde el inicio, la intención explícita fue castigar lo suficiente al pueblo cubano para que derrocara al régimen criminal.

Su crimen era haber logrado desafiar políticas estadunidenses que databan de la década de 1820, cuando la doctrina Monroe declaró la intención estadunidense de dominar el hemisferio occidental sin tolerar interferencia alguna de fuera ni de dentro.

Aunque las políticas bipartidistas hacia Cuba concuerdan con la máxima de Tucídides, entran en conflicto con el principio de Adam Smith, y como tales nos brindan una mirada especial sobre cómo se configuran las políticas. Durante décadas, el pueblo estadunidense ha favorecido la normalización de relaciones con Cuba. Desatender la voluntad de la población es normal, pero en este caso es más interesante que sectores poderosos del mundo de los negocios favorezcan también la normalización: las agroempresas, las corporaciones farmacéuticas y de energía, y otros que comúnmente fijan los marcos de trabajo básicos para la construcción de políticas.

En este caso sus intereses son atropellados por un principio de los asuntos internacionales que no recibe el reconocimiento apropiado en los tratados académicos en la materia: podríamos llamarlo el principio de la Mafia. El Padrino no tolera que nadie lo desafíe y se salga con la suya, ni siquiera el pequeño tendero que no puede pagarle protección. Es muy peligroso. Debe, por tanto, erradicarse brutalmente, de tal modo que otros entiendan que desobedecer no es opción. Que alguien logre desafiar al Amo puede volverse un virus que disemine el contagio, por tomar prestado el término usado por Kissinger cuando se preparaba a derrocar el gobierno de Allende.

Ésa ha sido una doctrina principal en la política exterior estadounidense durante el periodo de su dominio global y, por supuesto, tiene muchos precedentes. Otro ejemplo, que no tengo tiempo de revisar aquí, es la política estadunidense hacia Irán a partir de 1979.

Tomó su tiempo cumplir los objetivos plasmados en la doctrina Monroe, y algunos de éstos siguen topándose con muchos impedimentos. El fin último perdura y es incuestionable. Adquirió mucho mayor significación cuando, tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se convirtió en una potencia global dominante y desplazó a su rival británico. La justificación se ha analizado con lucidez.

Por ejemplo, cuando Wáshington se preparaba para derrocar al gobierno de Allende, el Consejo de Seguridad Nacional puntualizó que si Estados Unidos no lograba controlar América Latina, no podría esperar consolidar un orden en ninguna parte del mundo, es decir, imponer con eficacia su dominio sobre el planeta. La credibilidad de la Casa Blanca se vería socavada, como lo expresó Henry Kissinger. Otros también podrían intentar salirse con la suya en el desafío si el virus chileno no era destruido antes de que diseminara el contagio.

Por tanto, la democracia parlamentaria en Chile tuvo que irse, y así ocurrió el primer 11 de septiembre, en 1973, que está borrado de la historia en Occidente, aunque en términos de consecuencias para Chile y más allá sobrepase, por mucho, los terribles crímenes del 11 de septiembre de 2001.

Aunque las máximas de Tucídides y Smith, y el principio de la Mafia, no dan cuenta de todas las decisiones de política exterior, cubren una gama bastante amplia, como también lo hace el corolario referente al papel de los intelectuales. No son el final de la sabiduría, pero se encaminan a él.

Con el contexto proporcionado hasta el momento, miremos el momento unipolar, que es el tópico de gran cantidad de discusiones académicas y populares desde que se colapsó la Unión Soviética, hace 20 años, dejando a Estados Unidos como la única superpotencia global en vez de ser sólo la primera superpotencia, como antes.

Aprendemos mucho acerca de la naturaleza de la guerra fría, y del desarrollo de los acontecimientos desde entonces, mirando cómo reacciona Washington a la desaparición de su enemigo global, esa conspiración monolítica y despiadada para apoderarse del mundo, como la describía Kennedy.

Unas semanas después de la caída del Muro de Berlín, Estados Unidos invadió Panamá. El propósito era secuestrar a un delincuente menor, que fue llevado a Florida y sentenciado por crímenes que había cometido, en gran medida, mientras cobraba en la CIA. De valioso amigo se convirtió en demonio malvado por intentar adoptar una actitud desafiante y salirse con la suya, al andarse con pies de plomo en el apoyo a las guerras terroristas de Reagan en Nicaragua.

La invasión mató a varios miles de personas pobres en Panamá, según fuentes panameñas, y reinstauró el dominio de los banqueros y narcotraficantes ligados a Estados Unidos. Fue apenas algo más que una nota de pie de página en la historia, pero en algunos aspectos rompió la tendencia. Uno de ellos fue que se hizo necesario contar con un nuevo pretexto, y éste llegó rápido: la amenaza de narcotraficantes de origen latino que buscan destruir a Estados Unidos. Richard Nixon ya había declarado la guerra contra las drogas, pero ésta asumió un nuevo y significativo papel durante el momento unipolar.

Sofisticación tecnológica en el Tercer Mundo

La necesidad de un nuevo pretexto guió también la reacción oficial en Washington ante el colapso de la superpotencia enemiga.

El gobierno de Bush padre trazó el nuevo rumbo a los pocos meses: en resumidas cuentas, todo se mantendrá bastante igual, pero tendremos nuevos pretextos. Todavía requerimos de un enorme sistema militar, pero ahora hay un nuevo justificante: la sofisticación tecnológica de las potencias del tercer mundo. Tenemos que mantener la base industrial de defensa, eufemismo para describir la industria de alta tecnología apoyada por el Estado. Debemos mantener fuerzas de intervención dirigidas a las regiones ricas en energéticos de Medio Oriente, donde no haríamos responsable al Kremlin de las amenazas significativas a nuestros intereses, a diferencia de las décadas de engaño cuando eso ocurría.

Todo lo anterior pasó muy en silencio, apenas si se notó. Pero para quienes confían en entender el mundo, es bastante ilustrativo.

Como pretexto para una intervención, fue útil invocar una guerra a las drogas, pero como pretexto es muy estrecho. Se necesitaba uno de más arrastre. Rápidamente las elites se volcaron a la tarea y cumplieron su misión. Declararon una revolución normativa que confería a Estados Unidos el derecho a una intervención por razones humanitarias escogida por definición, por la más noble de las razones.

Para expresarlo con sutileza, ni las víctimas tradicionales se inmutaron. Las conferencias de alto nivel en el Sur global condenaron con amargura "el así llamado 'derecho' a una intervención humanitaria". Era necesario un refinamiento adicional, por lo que se diseñó el concepto de responsabilidad de proteger. Quienes prestan atención a la historia no se sorprenderán al descubrir que las potencias occidentales ejercen su responsabilidad de proteger de modo muy selectivo, en adherencia estricta a las tres máximas descritas. Los hechos perturban de tan obvios, y requieren considerable agilidad de las clases intelectuales: otra reveladora historia que debo dejar de lado.

Conforme el momento unipolar se iluminó, otra cuestión que se puso al frente fue el destino de la OTAN. La justificación tradicional para la organización era la defensa contra las agresiones soviéticas. Al desaparecer la Unión Soviética se evaporó el pretexto. Las almas ingenuas, que tienen fe en las doctrinas del momento, habrían esperado que la OTAN desapareciera también; por el contrario, se expandió con rapidez. Los detalles revelan mucho acerca de la guerra fría y de lo que siguió. A nivel más general revelan cómo se forman y ejecutan las políticas de los estados.

A medida que se colapsó la Unión Soviética, Mijail Gorbachov hizo una pasmosa concesión: permitió que una Alemania unificada se uniera a una alianza militar hostil encabezada por la superpotencia global, pese a que Alemania por sí sola casi había destruido Rusia en dos ocasiones durante el siglo XX. Sin embargo, fue un quid pro quo, un esto por aquello, una reciprocidad.

El gobierno de Bush prometió a Gorbachov que la OTAN no se extendería a Alemania oriental, y que desde luego no llegaría más al oriente. También le aseguró al mandatario soviético que la organización se transformaría en un ente más político. Gorbachov propuso también una zona libre de armas nucleares desde el Ártico al Mar Negro, un paso hacia una zona de paz que eliminara cualquier amenaza a Europa occidental u oriental. Tal propuesta se pasó por alto sin consideración alguna.

Poco después llegó Bill Clinton al cargo. Muy pronto se desvanecieron los compromisos de Washington. No es necesario abundar sobre la promesa de que la OTAN se convertiría en un ente más político. Clinton expandió la organización hacia el este, y Bush fue más allá. En apariencia Barack Obama intenta continuar la expansión.

Un día antes del primer viaje de Barack Obama a Rusia, su asistente especial en Seguridad Nacional y Asuntos Eurasiáticos informó a la prensa: No vamos a dar seguridades a los rusos, ni a darles ni intercambiar nada con ellos respecto de la expansión de la OTAN o la defensa con misiles.

Se refería a los programas de defensa con misiles estadunidenses en Europa oriental y a la posibilidad de convertir en miembros de la OTAN a dos vecinos de Rusia, Ucrania y Georgia. Ambos pasos eran vistos por los analistas occidentales como serias amenazas a la seguridad rusa, por lo que, de igual modo, podían inflamar las tensiones internacionales.

Ahora, la jurisdicción de la OTAN es todavía más amplia. El asesor de Seguridad Nacional de Obama, el comandante de Marina James Jones, hace llamados a que la organización se amplíe al sur y también al este, de modo que se refuerce el control estadunidense sobre las reservas energéticas de Medio Oriente. El general Jones también aboga por una fuerza de respuesta de OTAN, que confiera a la alianza militar encabezada por Estados Unidos mucho mayor capacidad y flexibilidad para efectuar acciones con rapidez y en distancias muy largas, objetivo que ahora Washington se empeña en lograr en Afganistán.

El secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, informó a la conferencia de la organización que las tropas de la alianza tienen que custodiar los ductos de crudo y gas que van directamente a Occidente y, de modo más general, proteger las rutas marinas utilizadas por los buques cisternas y otras cruciales infraestructuras del sistema energético.

Dicha decisión expresa de forma más explícita las políticas posteriores a la guerra fría: remodelar la OTAN para volverla una fuerza de intervención global encabezada por Estados Unidos, cuya preocupación especial sea el control de los energéticos. Supuestamente, la tarea incluye la protección de un ducto de 7 mil 600 millones de dólares que conduciría gas natural de Turkmenistán a Pakistán e India, pasando por la provincia de Kandahar, en Afganistán, donde están desplegadas las tropas canadienses.

La meta es bloquear la posibilidad de que un ducto alterno brinde a Pakistán e India gas procedente de Irán, y disminuir la dominación rusa de las exportaciones energéticas de Asia central, según informó la prensa canadiense, bosquejando con realismo algunos de los contornos del nuevo gran juego en el que la fuerza de intervención internacional encabezada por Estados Unidos va a ser un jugador principal.

Desde los primeros días posteriores a la guerra fría, se entendía que Europa occidental podría optar por un curso independiente, tal vez con una visión gaullista de Europa, del Atlántico a los Urales. En este caso el problema no es un virus que pueda diseminar el contagio, sino una pandemia que podría desmantelar todo el sistema de control global. Se supone que, al menos en parte, la OTAN intenta contrarrestar esa seria amenaza. La expansión actual de la alianza, y los ambiciosos objetivos de la nueva organización, dan nuevo empuje a esos fines.

Los acontecimientos continúan atravesando el momento unipolar, adhiriéndose bien a los principios que rigen los asuntos internacionales. Más en específico, las políticas se conforman muy cerca de las doctrinas del orden mundial formuladas por los planificadores estadunidenses de alto nivel durante la Segunda Guerra Mundial.

A partir de 1939, reconocieron que, fuera cual fuese el resultado de la guerra, Estados Unidos se convertiría en una potencia global y desplazaría a Gran Bretaña. En concordancia, desarrollaron planes para que Estados Unidos ejerciera control sobre una porción sustancial del planeta. Esta gran área, como le llaman, habría de comprender por lo menos el hemisferio occidental, el antiguo imperio británico, el Lejano Oriente y los recursos energéticos de Asia occidental.

En esta gran área, Estados Unidos habría de mantener un poder incuestionable, una supremacía militar y económica, y actuaría para garantizar los límites de cualquier ejercicio de soberanía por parte de estados que pudieran interferir con sus designios globales. Al principio los planificadores pensaron que Alemania predominaría en Europa, pero conforme Rusia comenzó a demoler la Wermacht (las fuerzas armadas nazis), la visión se hizo más y más expansiva, y se buscó que la gran área incorporara la mayor extensión de Eurasia que fuera posible, por lo menos Europa occidental, el corazón económico de Eurasia.

Se desarrollaron planes detallados y racionales para la organización global, y a cada región se le asignó lo que se le llamó su función. Al Sur en general se le asignó un papel de servicio: proporcionar recursos, mano de obra barata, mercados, oportunidades de inversión y más tarde otros servicios, tales como recibir la exportación de desperdicios y contaminación.

En ese entonces, Estados Unidos no estaba tan interesado en África, así que la pasó a Europa para que explotara su reconstrucción a partir de la destrucción de la guerra. Uno podría imaginar relaciones diferentes entre África y Europa a la luz de la historia, pero no se tuvieron en cuenta. En contraste, se reconoció que las reservas de petróleo de Medio Oriente eran una estupenda fuente de poder estratégico y uno de los premios materiales más grandes en la historia del mundo: la más importante de las áreas estratégicas del mundo, para ponerlo en palabras de Eisenhower. Y los planificadores se daban cuenta de que el control del crudo de Medio Oriente proporcionaría a Estados Unidos el control sustancial del mundo.

Quienes consideran significativas las continuidades de la historia tal vez recuerden que los planificadores de Truman hacían eco de las doctrinas de los demócratas jacksonianos al momento de la anexión de Texas y de la conquista de medio México, un siglo antes. Tales predecesores anticiparon que las conquistas proporcionarían a Estados Unidos un virtual monopolio del algodón, el combustible de la primera revolución industrial: Ese monopolio, ahora asegurado, pone a todas las naciones a nuestros pies, declaró el presidente Tyler. En esa forma, Estados Unidos podría esquivar el disuasivo británico, el mayor problema de esa época, y ganar influencia internacional sin precedente.

Concepciones semejantes guiaron a Washington en su política petrolera. De acuerdo con ella –explicaba el Consejo de Seguridad Nacional de Eisenhower–, Estados Unidos debe respaldar regímenes rudos y brutales y bloquear la democracia y el desarrollo, aunque eso provoque una campaña de odio contra nosotros, como observó el presidente Eisenhower 50 años antes de que George W. Bush preguntara en tono plañidero por qué nos odian y concluyera que debía ser porque odiaban nuestra libertad.

Con respecto a América Latina, los planificadores posteriores a la Segunda Guerra Mundial concluyeron que la primera amenaza a los intereses estadunidenses la representan los regímenes radicales y nacionalistas que apelan a las masas de población y buscan satisfacer la demanda popular de mejoramiento inmediato de los bajos estándares de vida de las masas y el desarrollo a favor de las necesidades internas del país.

Estas tendencias entran en conflicto con las demanda de un clima económico y político que propicie la inversión privada, con la adecuada repatriación de las ganancias y la protección de nuestras materias primas. Gran parte de la historia subsiguiente fluye de estas concepciones que nadie cuestiona.

TLC, cura recomendada

En el caso especial de México, el taller de desarrollo de estrategias para América Latina, celebrado en el Pentágono en 1990, halló que las relaciones Estados Unidos-México eran extraordinariamente positivas, y que no las perturbaba ni el robo de elecciones, ni la violencia de Estado, ni la tortura o el escandaloso trato dado o obreros y campesinos, ni otros detalles menores.

Los participantes en el taller sí vieron una nube en el horizonte: la amenaza de "una 'apertura a la democracia' en México", la cual, temían, podría poner en el cargo a un gobierno más interesado en desafiar a Estados Unidos sobre bases económicas y nacionalistas. La cura recomendada fue un tratado Estados Unidos-México que encerrara al vecino en su interior y proponerle las reformas neoliberales de la década de 1980, que ataran de manos a los actuales y futuros gobiernos mexicanos en materia de políticas económicas.

En resumen, el TLCAN, impuesto puntualmente por el Poder Ejecutivo en oposición a la voluntad popular.

Y al momento en que el TLCAN entraba en vigor, en 1994, el presidente Clinton instituía también la Operación Guardián, que militarizó la frontera mexicana. Él la explicó así: no entregaremos nuestras fronteras a quienes desean explotar nuestra historia de compasión y justicia. No mencionó nada acerca de la compasión y la justicia que inspiraron la imposición de tales fronteras, ni explicó cómo el gran sacerdote de la globalización neoliberal entendía la observación de Adam Smith de que la libre circulación de mano de obra es la piedra fundacional del libre comercio.

La elección del tiempo para implantar la Operación Guardián no fue para nada accidental. Los analistas racionales anticiparon que abrir México a una avalancha de exportaciones agroindustriales altamente subsidiadas tarde o temprano socavaría la agricultura mexicana, y que las empresas mexicanas no aguantarían la competencia con las enormes corporaciones apoyadas por el Estado que, conforme al tratado, deberían operar libremente en México. Una consecuencia probable sería la huída de muchas personas a Estados Unidos junto con quienes huyen de los países de Centroamérica, arrasados por el terrorismo reaganita. La militarización de la frontera fue un remedio natural.

Las actitudes populares hacia quienes huyen de sus países –conocidos como extranjeros ilegales– son complejas. Prestan servicios valiosos en su calidad de mano de obra superbarata y fácilmente explotable. En Estados Unidos las agroempresas, la construcción y otras industrias descansan sustancialmente en ellos, y ellos contribuyen a la riqueza de las comunidades en que residen. Por otra parte, despiertan tradicionales sentimientos antimigrantes, persistente y extraño rasgo en esta sociedad de migrantes que arrastra una historia de vergonzoso trato hacia ellos.

Hace pocas semanas, los hermanos Kennedy fueron vitoreados como héroes estadunidenses. Pero a fines del siglo XIX los letreros de ni perros ni irlandeses no los habrían dejado entrar a los restaurantes de Boston. Hoy los emprendedores asiáticos son una fulgurante innovación en el sector de alta tecnología. Hace un siglo, acciones racistas de exclusión impedían el acceso de asiáticos, porque se les consideraba amenazas a la pureza de la sociedad estadunidense.

Sean cuales fueren la historia y las realidades económicas, los inmigrantes han sido siempre percibidos por los pobres y los trabajadores como una amenaza a sus empleos, sus modos de vida y su subsistencia.

Es importante tener en cuenta que la gente que hoy protesta con furia ha recibido agravios reales. Es víctima de los programas de manejo financiero de la economía y de globalización neoliberal, diseñados para transferir la producción hacia fuera y poner a los trabajadores a competir unos con otros a escala mundial, bajando los salarios y las prestaciones, mientras se protege de las fuerzas del mercado a los profesionales con estudios. Los efectos han sido severos desde los años de Reagan, y con frecuencia se manifiestan de modos feos y extremos, como muestran las primeras planas de los diarios en los días que corren. Los dos partidos políticos compiten por ver cuál de ellos puede proclamar en forma más ferviente su dedicación a la sádica doctrina de que se debe negar la atención a la salud a los extranjeros ilegales.

Su postura es consistente con el principio, establecido por la Suprema Corte, de que, de acuerdo con la ley, esas criaturas no son personas, y por tanto no son sujetos de los derechos concedidos a las personas. En este mismo momento la Suprema Corte considera la cuestión de si las corporaciones deben poder comprar elecciones abiertamente en lugar de hacerlo de modos más indirectos: asunto constitucional complejo, porque las cortes han determinado que, a diferencia de los inmigrantes indocumentados, las corporaciones son personas reales, de acuerdo con la ley, y así, de hecho, tienen derechos que rebasan los de las personas de carne y hueso, incluidos los derechos consagrados por los tan mal nombrados acuerdos de libre comercio.

Estas reveladoras coincidencias no me provocan comentario alguno. La ley es en verdad un asunto solemne y majestuoso.

El espectro de la planificación es estrecho, pero permite alguna variación. El gobierno de Bush II fue tan lejos, que llegó al extremo del militarismo agresivo y ejerció un arrogante desprecio, inclusive hacia sus aliados. Fue condenado duramente por estas prácticas, aun dentro de las corrientes principales de opinión. El segundo periodo de Bush fue más moderado. Algunas de sus figuras más extremistas fueron expulsadas: Rumsfeld, Wolfowitz, Douglas Feith y otros.

A Cheney no lo pudieron quitar porque él era la administración. Las políticas comenzaron a retornar más hacia la norma. Al llegar Obama al cargo, Condoleeza Rice predecía que seguiría las políticas del segundo periodo de Bush, y eso es en gran medida lo que ha ocurrido, más allá del estilo retórico diferente, que parece haber encantado a buena parte del mundo… tal vez por el descanso que significa que Bush se haya ido.

En el punto más candente de la crisis de los misiles cubanos, un asesor de alto rango del gobierno de Kennedy expresó muy bien algo que hoy es una diferencia básica entre George Bush y Barack Obama. Los planificadores de Kennedy tomaban decisiones que literalmente amenazaban a Gran Bretaña con la aniquilación, pero sin informar a los británicos.

En ese punto, el asesor definió la relación especial con el Reino Unido. "Gran Bretaña –dijo– es nuestro teniente"; el término más de moda hoy sería socio. Gran Bretaña, por supuesto, prefiere el término en boga. Bush y sus cohortes se dirigían al mundo tratando a todos como nuestros tenientes. Así, al anunciar la invasión de Irak, informaron a Naciones Unidas que podía obedecer las órdenes estadunidenses, o volverse irrelevante. Es natural que una desvergonzada arrogancia así levante hostilidades.

Obama adopta un curso de acción diferente. Con afabilidad saluda a los líderes y pueblos del mundo como socios y únicamente en privado continúa tratándolos como tenientes, como subordinados. Los líderes extranjeros prefieren con mucho esta postura, y el público en ocasiones queda hipnotizado por ella. Pero es sabio atender a los hechos, y no a la retórica o a las conductas agradables. Porque es común que los hechos cuenten una historia diferente. En este caso también.

Tecnología de la destrucción

El actual sistema mundial permanece unipolar en una sola dimensión: el ámbito de la fuerza. Estados Unidos gasta casi lo mismo que el resto del mundo junto en fuerza militar, y está mucho más avanzado en la tecnología de la destrucción. Está solo también en la posesión de cientos de bases militares por todo el mundo, y en la ocupación de dos países situados en cruciales regiones productoras de energéticos.

En estas regiones está estableciendo, además, enormes megaembajadas; cada una de ellas es en realidad es una ciudad dentro de otra: clara indicación de futuras intenciones. En Bagdad se calcula que los costos de la megaembajada asciendan de mil 500 millones de dólares este año a mil 800 millones en los años venideros. Se desconocen los costos de sus contrapartes en Pakistán y Afganistán, como también se desconoce el destino de las enormes bases militares que Estados Unidos instaló en Irak.

El sistema global de bases se comienza a extender ahora por América Latina. Estados Unidos ha sido expulsado de sus bases en Sudamérica; el caso más reciente es el de la base de Manta, en Ecuador, pero recientemente logró arreglos para utilizar siete nuevas bases militares en Colombia, y se supone que intenta mantener la base de Palmerola, en Honduras, que jugó un papel central en las guerras terroristas de Reagan. La Cuarta Flota estadunidense, desbandada en los años 50 del siglo XX, fue reactivada en 2008, poco después de la invasión colombiana a Ecuador.

Su responsabilidad cubre el Caribe, Centro y Sudamérica, y las aguas circundantes. La Marina incluye, entre sus variadas operaciones, acciones contra el tráfico ilícito, maniobras simuladas de cooperación en seguridad, interacciones ejército-ejército y entrenamiento bilateral y multilateral. Es entendible que la reactivación de la flota provoque protestas y preocupación de gobiernos como el de Brasil, el de Venezuela y otros.

La preocupación de los suramericanos se ha incrementado por un documento de abril de 2009, producido por el comando de movilidad aérea estadunidense (US Air Mobility Command), que propone que la base de Palanquero, en Colombia, pueda convertirse en el sitio de seguridad cooperativa desde el cual puedan ejecutarse operaciones de movilidad. El informe anota que, desde Palanquero, casi medio continente puede ser cubierto con un C-17 (un aerotransporte militar) sin recargar combustible.

Esto podría formar parte de una estrategia global en ruta, que ayude a lograr una estrategia regional de combate y con la movilidad de los trayectos hacia África. Por ahora, la estrategia para situar la base en Palanquero debe ser suficiente para fijar el alcance de la movilidad aérea en el continente sudamericano, concluye el documento, pero prosigue explorando opciones para extender el sistema a África con bases adicionales, todo como parte de un sistema global de vigilancia, control e intervención.

Estos planes forman parte de una política más general de militarización de América Latina. El entrenamiento de oficiales latinoamericanos se ha incrementado abruptamente en los últimos 10 años, mucho más allá de los niveles de la guerra fría.

La policía es entrenada en tácticas de infantería ligera. Su misión es combatir pandillas de jóvenes y populismo radical, término este último que debe de entenderse muy bien en América Latina.

El pretexto es la guerra contra las drogas, pero es difícil tomar eso muy en serio, aun si aceptáramos la extraordinaria suposición de que Estados Unidos tiene derecho a encabezar una guerra en tierras extranjeras. Las razones son bien conocidas, y fueron expresadas una vez más a fines de febrero por la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, encabezada por los ex presidentes Cardoso, Zedillo y Gaviria.

Su informe concluye que la guerra al narcotráfico ha sido un fracaso total y demanda un drástico cambio de política, que se aleje de las medidas de fuerza en los ámbitos interno y externo e intente medidas menos costosas y más efectivas.

Los estudios llevados a cabo por el gobierno estadunidense, y otras investigaciones, han mostrado que la forma más efectiva y menos costosa de controlar el uso de drogas es la prevención, el tratamiento y la educación. Han mostrado además que los métodos más costosos y menos eficaces son las operaciones fuera del propio país, tales como las fumigaciones y la persecución violenta.

El hecho de que se privilegien consistentemente los métodos menos eficaces y más costosos sobre los mejores es suficiente para mostrarnos que los objetivos de la guerra contra las drogas no son los que se anuncian.

Para determinar los objetivos reales, podemos adoptar el principio jurídico de que las consecuencias previsibles constituyen prueba de la intención. Y las consecuencias no son oscuras: subyace en los programas una contrainsurgencia en el extranjero y una forma de limpieza social en lo interno, enviando enormes números de personas superfluas, casi todas hombres negros, a las penitenciarías, fenómeno que condujo ya a la tasa de encarcelamiento más alta del mundo, por mucho, desde que se iniciaron los programas, hace 30 años.

Aunque el mundo es unipolar en la dimensión militar, no siempre ha sido así en la dimensión económica. A principios de la década de 1970, el mundo se había vuelto económicamente tripolar, con centros comparables en Norteamérica, Europa y el noreste asiático. Ahora la economía global se ha vuelto aún más diversa, en particular tras el rápido crecimiento de las economías asiáticas que desafiaron las reglas del neoliberal Consenso de Wáshington.

También América Latina comienza a liberarse por sí sola de este yugo. Los esfuerzos estadunidenses por militarizarla son una respuesta a estos procesos, particularmente en Suramérica, la cual por vez primera desde las conquistas europeas comienza a enfrentar los problemas fundamentales que han plagado el continente.

He ahí el inicio de movimientos encaminados a la integración de países que tradicionalmente se orientaban hacia Occidente, no uno hacia el otro, y también un impulso por diversificar las relaciones económicas y otras relaciones internacionales.

Están también, por último, algunos esfuerzos serios por dar respuesta a la patología latinoamericana de que son los estrechos sectores acaudalados los que gobiernan en medio de un mar de miseria, quedando los ricos libres de responsabilidades, excepto la de enriquecerse a sí mismos.

Esto último es muy diferente de Asia oriental, como se puede medir observando la fuga de capitales. En Asia oriental tales fugas se han controlado con mucha fuerza. En Corea del Sur, por ejemplo, durante su periodo de rápido crecimiento, la exportación de capitales podía acarrear la pena de muerte.

Estos procesos en América Latina, en ocasiones encabezados por impresionantes movimientos populares de masas, son de gran significación. No es sorpresivo que provoquen amargas reacciones entre las elites tradicionales, respaldadas por la superpotencia hemisférica. Las barreras son formidables, pero, si logran remontarse, los resultados van a cambiar en forma significativa el curso de la historia latinoamericana, y sus impactos más allá de ella no serán pequeños.

(Noam Chomsky, figura de la resistencia antiimperialista mundial, es profesor emérito de lingüística en el Instituto de Tecnología de Massachusetts en Cambridge).

* Periodista.
Texto de Chomsky traducido para La Jornada por Ramón Vera Herrera
En:
www.sinpermiso.info


18 julio, 2009

ESTAMPAS DE HONDURAS

Por Fernando Ramón Bossi
 
LA RESISTENCIA INDÍGENA CONTINÚA
 
Como en todo rincón de América la población indígena del actual territorio hondureño resistió a la conquista europea. Socremba, Cicumba, Lempira y otros tantos más, son los nombres que hoy figuran en la lista de caciques que se enfrentaron al colonialismo español. Pero todos, de una u otra forma, fueron derrotados.
 
Durante la colonia la mayoría de la población indígena fue esclavizada para trabajar en las plantaciones y en las minas. El exterminio fue enorme; los menos pudieron huir hacia las montañas y las selvas. Pero la persecución aún sigue.
 
Los tolupanes se aislaron lo más que pudieron. En sitios prácticamente inaccesibles se instalaron; la Montaña de la Flor es uno de ellos. Pero desde 1991 unos 40 miembros de la etnia, entre ellos varios dirigentes, han sido asesinados por defender sus tierras. Las empresas madereras y los terratenientes han ocupado una buena parte de las tierras otorgadas por el Estado a los tolupanes. 
 
"Tenemos muchos problemas con la tierra, hay unos hombres que han venido a nuestras tierras y no se quieren ir. Me tienen azorado, pero yo voy a defender mi tierra. Me voy a quedar aquí", dijo Julio Soto, cacique de la tribu de La Ceiba.
 
 
LOS CARIBES NEGROS
 
Dos barcos negreros, repletos de esclavos provenientes de la costa occidental de África, naufragan frente a la isla de San Vicente. Los africanos sobrevivientes son acogidos fraternalmente por los indios caribes. Era el año 1635. Los nuevos pobladores, mezclados con los caribes, dieron origen a la población garífuna.
 
En San Vicente, franceses e ingleses explotaban plantaciones de caña de azúcar con mano de obra esclava negra. La presencia de "negros libres", como eran los garífunas, representaba un mal ejemplo para los esclavistas europeos. Tras cruentas batallas contra el ejército británico, donde se destacaría al líder Joseph Satuyé, los garífunas son derrotados.
 
Los colonialistas ingleses no dudaron en arrasar casas y poblaciones enteras. Menos de 4.000 sobrevivientes son deportados a la isla Balliceaux en Las Granadinas. Allí, más de la mitad de la población muere por hambre y enfermedad. Los 1.600 que quedaron vivos fueron trasladados lejos de la región, a las islas de la Bahía, frente a las costas de Honduras. De allí, muchos fueron trasladados a tierra firme.
 
Los garífunas representan hoy una pequeña pero significativa franja de la población de Honduras.
 
 
CECILIO DEL VALLE
 
Se lo conoce como el "sabio Valle", y realmente lo era. Fue redactor del Acta de Independencia de Centroamérica y ferviente luchador por la unidad de nuestra América.
 
Sus escritos al respecto conciben un plan para la realización de la unidad promoviendo un congreso donde "se crearía un Poder que, uniendo las fuerzas de 14 ó 15 millones de individuos, haría a la América superior a toda agresión; daría a los Estados débiles la potencia de los fuertes; y prevendría las divisiones intestinas de los pueblos sabiendo éstos que existía una federación calculada para sofocarlas. Se formaría un foco de luz que, iluminando la causa general de la América, enseñaría a sostenerla con todos los conocimientos que exigen sus grandes intereses".
 
El tucumano Bernardo Monteagudo, representante de Bolívar en Centroamérica, intentó entrevistarse con Cecilio del Valle, pero la reunión nunca se efectuó porque éste se encontraba en México. A su retorno de Guatemala, Monteagudo le escribe a del Valle, con quien intercambiaba correspondencia, diciéndole que el Libertador Bolívar estaba muy complacido en autorizar la publicación de sus escritos: "con razón, él cree que usted es uno de los grandes defensores de la libertad que el Nuevo Mundo tiene en el sur".
 
El coronel Monteagudo, colaborador directo del Libertador en lo concerniente a la convocatoria del Congreso Anfictiónico, escribió el "Ensayo sobre la necesidad de una Federación general entre Estados Hispanoamericanos". Esta importante obra, dice el autor en su introducción, recoge el espíritu de los trabajos de Cecilio del Valle.
 
José Cecilio del Valle fue electo Presidente de Centro América, pero no pudo desempeñar tal cargo debido a su muerte el 2 de marzo de 1833. Su pasión por contribuir a la unidad de nuestra América, lo llevó a decir: "América no caminará un siglo atrás de Europa: marchará a la par primero; la avanzará después; y será al fin la parte más ilustrada por las ciencias, como es la más iluminada por el Sol".
 
 
BANDERA DE HONDURAS
 
La bandera de Honduras, al igual que la de El Salvador, Nicaragua y Guatemalatoma sus colores de la bandera de las Provincias Unidas Centroamericanas: azul, blanco y azul. Pero, ¿de donde vienen estos colores?
 
La historia nos cuenta que durante esos años, toda Centroamérica, que estaba gobernada por los españoles, fue atacada por mar, tanto desde el Pacífico como desde el Atlántico por medio de buques que desplegaban la bandera azul, blanca y azul. La explicación es simple: la bandera en cuestión era la bandera de las Provincias Unidas del Río de la Plata, que desde 1816 se habían declarado independientes de "España y cualquier potencia extranjera".
 
Con patente de corso, Luis Aury desde el Caribe e Hipólito Bouchard desde el Pacífico, sin ningún tipo de coordinación entre ambos, incursionaron por las costas centroamericanas. El primero atacó la Fortaleza de San Fernando de Omoa y la de Santa Bárbara de Trujillo en Honduras, la segunda El Realejo (Nicaragua) y Sonsonete (El Salvador). Por oriente y occidente llegaba la imagen de la bandera azul y blanca que combatía contra los colonialistas españoles.
 
Los independentistas centroamericanos, se inspiraron en esa bandera a la hora de crear su pabellón nacional. De ahí viene la bandera hondureña con cinco estrellas en su centro que representa la unión centroamericana.
 
 
FRANCISCO MORAZÁN
 
El 3 de octubre de 1792, en Tegucigalpa, nació José Francisco Morazán Quesada. Fue fusilado en San José de Costa Rica 18 días antes de cumplir sus 50 años y 21 años después de la declaración de independencia de Centroamérica.
 
Morazán había combatido por la Federación Centroamericana y contra los opositores a ésta: el partido conservador que nucleaba en su seno al alto clero, los grandes terratenientes y los comerciantes ricos.
 
En más de veinte batallas, sus tropas lo habían visto combatir en primera fila. Fue general conocedor de tácticas y estrategias, pero también de combate cuerpo a cuerpo. Fue conductor de pueblos y gobernante de ideas liberales y democráticas.
 
La aristocracia clerical y terrateniente centroamericana nunca le perdonó el haber suprimido el diezmo, como tampoco el haber confiscado la tierra de la Iglesia, principal latifundista de la región. La oligarquía, con la ayuda de las potencias de turno, recuperaron espacio y desgarraron Centroamérica en cinco pequeños y débiles países. "Mi amor a Centroamérica muere conmigo", escribió Morazán en su testamento pocas horas antes de ser fusilado.  
 
Dicen que después de la primera descarga del escuadrón de fusilamiento, Morazán, tendido en el suelo, levantó su cabeza y dijo: "Aún estoy vivo". Dicen también que una segunda descarga terminó con su vida. Mas el pueblo centroamericano con su lucha parece desmentir la última versión.
 
 
CATRACHOS
 
Cuando William Walker se apoderó del gobierno de Nicaragua y restableció la esclavitud, los centroamericanos dejaron de lado, al menos por un momento, sus luchas intestinas y se unieron para combatir al aventurero yanqui.
 
El general Florencio Xatruch, con tropas hondureñas, derrotó la invasión filibustera financiada por los esclavistas del sur de Estados Unidos y con beneplácito del gobierno de ese país, que pretendía anexionarse toda Centroamérica.
 
"Ahí vienen los catrachos", decían los nicaragüenses cuando veían pasar victoriosas a las tropas de hondureños comandadas por Xatruch. El apellido del general era difícil de pronunciar. De "Catruch" pasó a "catrachos", refiriéndose a sus soldados. De ahí quedó el apodo de catrachos para todos los hondureños.
 
El general Florencio Xatruch había combatido como sargento en el ejército de Francisco Morazán. Luego del fusilamiento del prócer unionista, Xatruch quedó inmerso en las luchas permanentes entre conservadores y liberales.
 
 
"LA AHORACADINA DE OLANCHO"
 
Era 1868. Con gran satisfacción, observó el Presidente José María Medina las calaveras enjauladas de Bernabé Antúnez y Francisco Zabala. Los "trofeos", colgaban de un árbol en el cerro El Vigía, situado en la parte norte de Juticalpa. "Medinón", como apodaban al presidente por su gran contextura física, visitaba la región tras haber derrotado a los "comunistas de hecho" –así los llamaba-, que se habían insurreccionado tres años antes contra su gobierno.
 
Antúnez y Zabala habían liderado un levantamiento de campesinos y pequeños ganaderos del lugar, descontentos por la voracidad de los grandes hacendados que, cada vez más, se apoderaban de grandes extensiones de tierra. El presidente Medina, ultra conservador y respaldado por la Iglesia, no dudó en enviar a su militar preferido para aplacar la rebelión: el general Juan Antonio Medina, más conocido como "Medinita".
 
"Medinita" y sus hombres se trasladaron de inmediato al teatro de operaciones. Allí, desplegando una política de "tierra arrasada", pusieron fin a la insurrección. El saldo fue de 600 campesinos ahorcados y más de 200 fusilados. De ahí en más, a "Medinita" lo apodaron "el General Bejuco". El horror causado en la población al ver tantos cuerpos colgados de los árboles, hizo que se produjera una migración en masa hacia otras regiones del país, aparte de las 600 familias de campesinos que fueron deportadas.
 
Los hacendados y sus familias recibieron con algarabía al Presidente Medina, hubo arcos de palmas y resonar de campanas, discursos y banquetes, algarabía y bailes. Olancho no era la misma, se había despoblado.
 
 
EL "CINCHONERO"
 
En 1868, Serapio Romero, conocido como el "Cinchonero" mata a machetazos, en duelo a muerte, a Nazario Garay, mayor de la plaza de Juticalpa. Comenzaba otra insurrección en Olancho contra el Presidente José María Medina. El viejo general Florencia Xatruch aparecía como instigador de la revuelta, desde su exilio en El Salvador.
 
Para esa época, el gobierno de Medina había solicitado un empréstito a Inglaterra con el fin de  construir un ferrocarril que uniera el Atlántico con el Pacífico. Todo fue una gran estafa y, para colmo, el presidente se había comprometido con entregar tierras a los ingleses a cambio de nada. El levantamiento de Serapio Romero fue contra esa entrega y por las justas demandas de los campesinos pobres del lugar.
 
Una de las primeras medidas que adopta el "Cinchonero" al tomar Juticalpa fue la de rescatar las cabezas aún expuestas en el cerro El Vigía de Antúnez y Zabala, y proceder a darle cristiana sepultura. Poco tiempo después, el "Cinchonero" es derrotado y decapitado por las fuerzas represivas.
 
El Movimiento Popular de Liberación "Cinchonero", MPL-C, que actuó en la lucha armada por los años 80, llevó su nombre en homenaje a Serapio Romero.
 
 
ACUERDO DE CABALLEROS
 
En un barco estadounidense, anclado en Puerto Cortés, el general Miguel Dávila y el general Manuel Bonilla acuerdan hacer la paz. Uno liberal, el otro conservador.
 
El general Manuel Bonilla había desembarcado en La Ceiba, financiado por Samuel Zemurray, dueño de la Cuyamel Fruit Company, junto a dos aventureros norteamericanos. Lee Christmas y su socio y amigo Guy "Ametralladora" Maloney.
 
Los "matones" yanquis comandaron las operaciones. Con muchas municiones y armamentos que recibieron de los Estados Unidos, fácilmente derrotaron a las fuerzas de Dávila.
 
A bordo del "Tacoma", los dos hondureños se ponen de acuerdo, bajo la supervisión del cónsul estadounidense Thomas G. Dawson. Cinco meses después Manuel Bonilla asume la presidencia y a los pocos días, mediante decreto número 78, se ceden en arrendamiento, al señor Samuel Zemurray, diez mil hectáreas de tierras.
 
Con razón afirmaba Zemurray: "En Honduras un diputado es más barato que una mula".
 
 
LAS BANANERAS
 
Ferrocarril a cambio de tierras, era el gran negocio de los políticos hondureños, y también de los dueños de las bananeras. "Ustedes construyen una cantidad determinada de kilómetros de vías férreas y se le otorgan, en concesión, tierras para sus plantaciones". El promedio era de 50 hectáreas por cada kilómetro de vía férrea.
 
Los empresarios no podían creer la oferta: "construimos líneas férreas, que las necesitamos para el transporte del banano desde nuestras plantaciones a los puertos de exportación, y encima, nos ofrecen las mejores tierras del país".
 
"Okey", contestaban los hermanos Vaccaro (Standard Fruit Company), Samuel Zemurray (Cuyamel Fruit Company) y los representantes de la United Fruit Company.
 
Cada empresa amparaba a sus políticos, los promovía, financiaba y… en muchos casos los empleaba en sus firmas. La cuestión era que esos políticos tenían que alcanzar niveles de decisión para favorecer con su influencia a la empresa tutora.
 
A raíz de esto, las disputas entre las bananeras y "sus" políticos provocarían sangrientas guerras civiles. Así, durante más de treinta años los hondureños se desangraron en luchas intestinas. Lo común era que la United Fruit Company financiara al Partido Liberal, y la Cuyamel Fruit Company al Partido Nacional (conservadores), pero esto podía cambiar.
 
En 1929 la United Fruit se unificó con la Cuyamel. Mágicamente acabaron las guerras civiles, una sola empresa empezaba a monopolizar la producción bananera de Honduras.
 
 
DE "POCHO" MORALES A MISTER MORALES
 
Allá por 1920 un joven estadounidense, residente en Honduras, Franklin "Pocho" Morales salva a una joven mujer que se estaba ahogando. Resulta que la muchacha era hija de un influyente senador norteamericano. Este señor, sumamente agradecido del gesto solidario del joven, quiere recompensarlo de alguna manera. Franklin trabajaba como barman en un distinguido hotel de Tegucigalpa y estaba en Estados Unidos de visita. Tomándose su tiempo, pensó y le pidió al senador que lo promoviera como cónsul en Honduras, argumentando que, por su trabajo, conocía a todos los políticos de importancia de ese país. El senador analizó la solicitud y le comentó a Franklin que esos cargos estaban destinados únicamente al personal de carrera, pero que tuviera paciencia dado que estaba haciendo las consultas pertinentes.
 
Franklin Morales no pudo ser cónsul de Estados Unidos en Honduras, las leyes norteamericanas se lo impedían. Pero como bien había prometido el senador, el "Pocho" Morales fue recompensado, y en enero de 1924 fue designado embajador de los Estados Unidos en Honduras.
 
Más tarde Mister Morales se haría famoso al llamar, sin autorización del Congreso de Estados Unidos, a 200 marines para proteger su legación en Tegucigalpa.
 
DICTADURAS
 
Era la vuelta a la "Edad de Piedra" en Centroamérica. Jorge Ubico gobernaba en Guatemala y coleccionaba estatuas y estatuillas de Napoleón con la misma pasión con que asesinaba a sus opositores; Maximiliano Hernández Martínez "El Brujo", mandaba matar campesinos en El Salvador con la conciencia tranquila, porque sostenía firmemente que "es un crimen mayor matar a una hormiga que a un ser humano, ya que el hombre vuelve a nacer después de muerto mientras que la hormiga muere para siempre"; Anastasio Somoza se adueñaba de Nicaragua luego de asesinar a Sandino y, en Honduras, llegaba al poder Tiburcio Carías Andino.
 
De la mano de la United Fruit Company, Tiburcio, jefe del Partido Nacional (conservadores), gobernará despóticamente el país durante 16 años. Corrupción, represiones sangrientas, persecuciones y demás arbitrariedades caracterizaron al gobierno dictatorial; siempre con la complacencia de los Estados Unidos y en particular de las bananeras.
 
"Magno gobernante", "caudillo laborioso", "paisano destacado", "máximo hombrón", "preclaro estadista", "gobernante modelo" y "conspicuo político", eran las formas en que sus acólitos se dirigían a él.  Estos mismos aduladores decretaron el día 14 de marzo, fecha del  nacimiento de dictador, como "Día de la Paz y de dar Gracias a Dios".
 
CARÍAS Y GÁLVEZ
 
La caída de los regímenes de Hernández Martínez y Jorge Ubico envalentonaron a los opositores del dictador Carías Andino.
 
En San Pedro Sula una importante manifestación irrumpía para pedir la renuncia del presidente y la realización de elecciones libres y democráticas. La marcha fue pacífica y sin ningún incidente. Horas antes el Ministro de Guerra, Juan Manuel Gálvez había dado plenas garantías a los manifestantes.
 
Patrullas de soldados y policías vigilaban la marcha. El propio presidente Carías había trasladado de Olancho al mayor Ángel Funes para que se hiciese cargo del operativo.
 
La marcha duró una hora, y al finalizar un manifestante, el doctor Antonio Peraza, solicitó a Funes permiso para dirigir unas palabras. Pero Funes no aceptó. El periodista Alejandro Irías se acercó al mayor para tratar de convencerlo, mientras tanto Peraza se dirigió al público diciendo: "Pueblo sampedrano, habéis dado una muestra más de verdadero civismo; la patria os lo agradece, ¡viva Honduras!". Cuando escuchó Funes la voz del orador desenfundó su pistola y le asestó un balazo mortal al periodista Alejandro Irías. "Sigan la movilización, hijos de puta", gritó otro militar. Y como si esa fuera la señal, comenzaron los policías a disparar sus ametralladoras de mano, fusiles y pistolas.
 
Más de cien personas murieron en lo que se llamó la "Masacre del 6 de julio". Tiburcio Carías Andino gobernaría cinco años más. Lo sucedería su Ministro de Guerra, Juan Manuel Gálvez, hombre también de la United Fruit.
 
 
JUAN PABLO WAINWRIGHT
 
En las mazmorras del dictador Jorge Ubico, un hombre era torturado salvajemente. Tras recobrar el conocimiento, la víctima alcanza a decirles a los torturadores que puede ofrecerles revelaciones extraordinarias, pero que sólo lo hará frente al presidente guatemalteco.
 
-¿Qué tiene usted que revelarme?, pregunta el General Ubico apersonándose en el Penal.
 
-Lo he llamado para decirle que Usted es un miserable, un verdugo y una bestia humana-. Acto seguido le escupe la cara al dictador.
 
Ubico tiembla de rabia y le cruza un latigazos en la cara.
 
Juan Pablo Wainwright había nacido en Santa Bárbara, Honduras, en 1894. A los 16 años partió de su casa para unir su destino a los pobres de la tierra. Trabajó de obrero, pescador, mozo, campesino y marinero. Recorrió Estados Unidos, Alaska, África, el lejano Oriente y se alistó como soldado en la Primera Guerra Mundial. En 1920 regresa a Honduras y ya es dirigente de las primeras huelgas contra las empresas bananeras del país.
 
Wainwright es uno de los fundadores de la Federación Obrera Hondureña (FOH) y del Partido Comunista Hondureño (PCH). Acusado de sedición, es encarcelado durante el gobierno de Mejías Colindres, pero logra fugarse del Castillo de Omoa. Huye a Guatemala y reinicia sus actividades políticas y sindicales.
 
La dictadura de Ubico lo encarcela junto a otros militantes comunistas. Todos son absueltos menos él. En febrero de 1932, luego del incidente con el dictador, sufre la pena capital. Frente al pelotón de fusilamiento grita a viva voz: "¡Viva la internacional comunista! ¡Viva la clase obrera! ¡Abajo el capitalismo y sus lacayos!".
 
 
SONETOS Y ANTIIMPERIALISMO
 

 
Froylán Turcios, escritor, poeta y periodista, ponía su pluma al servicio de la causa nacionalista latinoamericana. Y más aún, unos pocos años después funge como representante internacional del General de Hombres Libres, Augusto Sandino. Más allá de las desavenencias que se produjeron entre ellos, Sandino supo estimarlo como un hombre valiente y honesto.
 
En "Oración al Hondureño", el literato escribe: "Y no olvidaré jamás que mi primer deber será, en todo tiempo, defender con valor su soberanía, su integridad territorial, su dignidad de nación independiente; prefiriendo morir mil veces antes que ver profanado su suelo, roto su escudo, vencido su brillante pabellón".
 
Sobre el escritor Turcios, diría Rubén Darío: "Es un caso típico de nuestra zona: produce libros, escribe periódicos y hace revoluciones".
 
 
LORENZO ZELAYA
 
De jovencito trabajó para la Tela Rail Road Company, empresa subsidiaria de la United Fruit Company. Allí conoció en carne propia la explotación a que eran sometidos los trabajadores del banano.
 
Su lucha sindical lo lleva a la presidencia de la Federación Nacional de Campesinos de Honduras, FENACH. Ferviente luchador por la Reforma Agraria, sufrió cárceles y persecuciones.
 
Lorenzo Zelaya se preparó políticamente pero murió asesinado junto a otros seis hombres, cuando se iba a  incorporar a la guerrilla, el 30 de abril de 1965 en la Montaña de El Jute.
 
Cuenta Doña María, viuda de Lorenzo Zelaya, que antes de partir le había dicho:
 
- Me voy porque quiero ayudar al pueblo-.
 
- ¿Pero usted no piensa en sus hijos?, ¿no piensa usted que puede fracasar?, ¿me ama a mí?, le pregunté.
 
-Cierto, la amo, pero yo tengo que luchar. Yo amo al pueblo y los amo a ustedes. Yo quiero ver crecer a mis hijos con usted, pero la lucha así es, y yo he nacido para defender al pueblo. Yo amo al pueblo y los amo a ustedes-, contestó Lorenzo.
 
 
GOLPE, GUERRA Y BANANAGATE  
 
El general Oswaldo López Arellana deja el poder inmediatamente después que el gobierno de Estados Unidos le baja el pulgar. Se había descubierto que, para frenar un alza de impuesto a las exportaciones, la United Brands había sobornado al primer mandatario y a altos funcionarios del gobierno.  
 
En 1963, López Arellana había dado un Golpe de Estado. Desde el gobierno disolvió el Congreso, prohibió la actividad política, declaró el estado de excepción y justificó su accionar por la "amenaza comunista".
 
Seis años después, a causa de la expulsión de salvadoreños, que a su vez habían sido expulsados de su propia tierra por la voracidad de los terratenientes, y, con la excusa de la rivalidad surgida entre ambos países por la disputa en las clasificatorias al mundial de fútbol del '70, se desata una guerra fratricida que fue conocida con el frívolo nombre de "La Guerra del Fútbol".
 
Cien horas duró el conflicto. Más de cuatro mil muertos fue el saldo.  
 
 
NEGROPONTE
 
Tras el triunfo del sandinismo en Nicaragua los norteamericanos reforzaron su presencia militar en Honduras. Con el presidente Carter se incrementó la ayuda militar a 3.5 millones de dólares. Apenas cuatro años después, en 1984, la llamada ayuda militar estadounidense ascendía a 77.5 millones de dólares.
 
Pero más allá de esa "ayuda", tanto el ejército, como los "contras" y  los escuadrones de la muerte también recibían financiamiento a través del narcotráfico. Ya ha quedado demostrado cómo, con el dinero de la droga, la CIA y la embajada de Estados Unidos adquirían armas, las cuales eran transportadas a Honduras para armar a las fuerzas represivas.
 
Todo esto fue gracias a la gestión de John Demetri Negroponte, quien fue embajador entre 1981 y 1985. Su tarea ahí era lograr la caída del gobierno sandinista de Nicaragua y para eso se crearon, armaron y entrenaron los "contras", mercenarios que debían enfrentar y derrocar al ejército sandinista. Estos mercenarios, se hicieron famosos por haber cometido toda clase de abusos y crímenes contra la población civil nicaragüense, salvadoreña y hondureña.
 
Negroponte sigue ocupando altos cargos en el Departamento de Estado, como también sigue  afirmando que: "es simplemente falso que existían escuadrones de la muerte en Honduras".
 
 
"MI BIBLIA ES MI PROTECCIÓN"
 
En 1982 el general Gustavo Álvarez Martínez, entrenado en los Estados Unidos e íntimamente vinculado a la CIA y a la Castle & Cooke (antigua Standard Fruit Company), pasó a ser el "hombre fuerte" de Honduras. Como Jefe del Consejo Superior de las Fuerzas Armadas, uno de sus primeros actos fue desmantelar las cooperativas bananeras.
 
Con instructores argentinos –a quienes admiraba por la forma en que estaban combatiendo la "subversión" en su país- y la CIA, creó el siniestro Batallón 3-16.  La cantidad de crímenes cometidos por los miembros del Batallón, a las órdenes de Álvarez, se desconoce aun, pero se estima en cientos. Torturas, asesinatos y desapariciones fueron los métodos utilizados por este cuerpo de militares bajo la anuencia del gobierno estadounidense y del embajador Negroponte.
 
En 1983, el gobierno de Reagan lo condecoró con la Legión de Mérito por "promover el éxito del proceso democrático en Honduras". Su amistad con Donald Winters, jefe de la CIA en Honduras, era tan estrecha que cuando Winters adoptó una niña le pidió a Álvarez que fuera su padrino.
 
En marzo de 1984 Álvarez cayó en desgracia. Por un tema vinculado a la malversación de fondos fue deportado a Costa Rica. De allí se fue a vivir, junto a su familia, a Miami.
 
A los años, convertido en un fanático predicador decidió regresar a Honduras. "Mi Biblia es mi protección", contestaba ante la pregunta si no tenía miedo en regresar a su país después de lo ocurrido.
 
Pero la Biblia es sabia. En enero de 1989 un comando del Movimiento Popular de Liberación "Cinchonero", MPL-CH concretó un acto de justicia popular y llenó su cuerpo de plomo.
 
 
HONDURAS: CENTRO DEL MUNDO
 
Para los Estados Unidos, durante la década del '80, Honduras era una pieza clave del rompecabezas centroamericano. En Nicaragua había triunfado el Frente Sandinista, en El Salvador la guerrilla avanzaba peligrosamente, en Panamá el General Omar Torrijos había encendido la tea del nacionalismo militar y en Guatemala la insurgencia también actuaba.
 
Al imperialismo yanqui le quedaba acudir a Honduras y Costa Rica, mas este último no tenía fuerzas armadas. La opción entonces era reforzar, en todo lo posible a los militares catrachos, como también desplegar fuerzas propias en territorio hondureño. 
 
De enero a agosto 1983 se llevaron a cabo las maniobras denominadas Ahuas Tara I, realizada en la zona fronteriza con Nicaragua Allí participaron 1660 efectivos norteamericanos que, con 4 mil hondureños, establecieron amplias infraestructuras militares en Honduras. 
 
Desde agosto de 1983 a febrero de 1984, en el Ahuas Tara II, 10 mil efectivos norteamericanos y 5 mil hondureños simularon una invasión naval a la región.
 
Entre abril a junio de 1984, las maniobras Granadero I incluyeron mil efectivos norteamericanos más un batallón de ingeniería, sumados a tres mil hondureños y un número no determinado de salvadoreños. En dicho operativo, se construyeron pistas militares en la frontera hondureña, como también ejercicios militares de contrainsurgencia y rápido despliegue.
 
Michael Sheehan, capitán de las operaciones de fuerzas especiales del ejército yanqui, resumió la perspectiva estadounidense sobre Honduras: "Este basurero es el centro del mundo ahora".
 
MADE IN USA 1
 
Mano de obra barata y leyes de "flexibilización" laboral tentaron a las grandes empresas capitalistas para afincar maquilas en todo el sur del planeta. En Honduras actualmente funcionan cerca de 230 de ellas, que ocupan alrededor de 130.000 trabajadores.
 
Una empresa maquiladora puede operar en Honduras de tres maneras; por medio de la Zona Libre (ZOLI), por medio de las Zonas Industriales de Procesamiento (ZIP) y como empresa de Régimen de Importación Temporal (RIT). Con cualquiera de estas modalidades están exentas de impuestos. De las que operan, 95 son estadounidenses, 63 asiáticas, 58 hondureñas y 14 de otros países.
 
Los sueldos en una maquiladora oscilan entre 130 y 150 dólares por mes, con jornadas laborales que van entre 10 y 12 horas. SETISA, una de las maquiladoras radicadas en Honduras y de capital estadounidense, por ejemplo, paga 0.90 dólares por una hora de trabajo, durante la cual se confecciona una camiseta marca Sean John, que en cualquier tienda de Nueva York se vende a 40 dólares.
 
Cuenta una trabajadora de esta empresa: "Cuando Bárbara y Charlie me mostraron el precio de una camisa Sean John, no pude creerlo. Sabíamos que eran caras. Pero qué sorpresa darnos cuenta que valen 40 dólares. Las trabajadoras en Honduras nunca imaginamos que podría costar tanto. Nosotras producimos más de mil de estas camisas por día, y una sola camisa pagaría más que mi salario de una semana".
 
MADE IN USA 2
 
Un poco más de 500 jóvenes asesinados fue el saldo del accionar de las bandas delictivas en Honduras durante el 2007.
 
La Pandilla 18 y la Mara Salvatrucha nacieron en Los Ángeles, Estados Unidos allá por los años 80. Muchos jóvenes de ambas organizaciones fueron deportados por el gobierno estadounidense por diferentes razones, otros regresaron por su propia cuenta.
 
A la delincuencia juvenil ya existente en Honduras, como en otros países de Centroamérica, se le sumó este nuevo artículo de importación. Cerca de 100 mil jóvenes están involucrados, de una u otra manera a estos grupos armados. Sus edades oscilan entre 12 y 25 años.
 
Los candidatos del bipartidismo propusieron varias ideas para solucionar el tema de la delincuencia. Unos sostuvieron que había que, previo democrático referendo, implantar la pena de muerte; los menos duros hablaron de represión, duplicar las fuerzas policiales y aumentar las condenas.  
 
Las maras y pandillas viven, fundamentalmente, del tráfico de estupefacientes y del sicariato, están vinculadas a los grandes cárteles mexicanos y colombianos y son, sin duda, un subproducto del capitalismo de Estados Unidos, principal país del mundo en el consumo de drogas. 
 
 
MADE IN USA 3
 
Allá por la "Era Reagan", cuando los Estados Unidos y toda la oligarquía centroamericana luchaban contra el sandinismo, se instala en Honduras la Base Enrique Soto Cano.
 
Esta base militar fue utilizada como centro de operaciones de los mercenarios contratados por los Estados Unidos para derrocar al gobierno sandinista en Nicaragua. Conocidos como la "contra", esta fuerza paramilitar fue instruida por funcionarios de la CIA y militares estadounidenses, contando entre otros al tristemente célebre Oliver North. Desde la Base, se planificaban y lanzaban los operativos que costaron la vida de miles de nicaragüenses, hondureños y salvadoreños.
 
Soto Cano cuenta con una pista capaz de recibir grandes aviones destinados al transporte de tropas. Actualmente residen cerca de 600 militares estadounidenses y es sede de Fuerza de Tarea Conjunta Bravo.
 
Según ellos, la misión de la Fuerza de Tarea Conjunta Bravo es "incentivar la unión y llevar a cabo ejercicios de inter agencia en el Área de Operaciones Conjunta, para realizar seguridad y cooperación regional y apoyar el desarrollo democrático". Entre otros actos de "acción humanitaria", en su página web, destacan la donación de 700 mochilas para niños y niñas hondureñas, como la de 320 pares de zapatos destinados a tres orfanatos.
 
Aunque la Constitución de Honduras no permite legalmente la presencia militar extranjera en el país, nada indica que existan planes de desalojo.  
 
 
POLÍTICA Y DINERO
 
"La alianza con el ALBA es como regresar al pasado en donde los izquierdistas, comunistas manejaban la economía de los países", señaló el empresario Miguel Facussé ante la iniciativa del presidente Zelaya de incorporarse a esa organización.
 
El "Club de Coyolito" o el "Club de la Americana" son los espacios donde se reúnen los ricos y famosos de Honduras. Por allí desfilan los Rosenthal, los Ferrari, los Canahuati Larach y los Facussé, los Nasser, los Lamas, los Kafie… los dueños de Honduras.
 
Según un medio periodístico, un funcionario del gobierno de Zelaya, que no quiso identificarse, señaló que estos empresarios fueron claros cuando hablaron con el primer mandatario: "Ustedes son temporales, en cambio nosotros somos permanentes. Queremos que se nos consulte en las decisiones, queremos contratos y participar de las licitaciones, opinar sobre algunos nombramientos de funcionarios públicos y contratos de publicidad con el Estado".
 
 
EL CLUB DE COYOLITO
 
Coyolito es un lugar paradisíaco ubicado en la isla de Zacate Grande, en el Golfo de Fonseca. Allí han levantado suntuosas residencias los poderosos empresarios hondureños. Es el paraíso de los ricos y famosos de Honduras.
 
Dado que el lugar es demasiado bello para que lo disfruten los pobres, los capitalistas catrachos no han dudado en comprar las tierras del lugar a precios irrisorios, cuando no han apelado al desalojo directo de sus pobladores.
 
Tras despojar a punta de pistola a varias familias del lugar, los Facussé y los Nasser, se han adueñado de importantes terrenos que no eran de ellos. Los lugareños, desde hace ya unos años se han organizado para defender sus derechos, mas la justicia no llega, y últimamente han sido víctimas de intimidación, persecución y amenazas por parte de personal armado que actúa al servicio de los empresarios.
 
Club de Coyolito es el nombre con que se denomina al grupo de oligarcas que ahora mantiene lujosas residencias de veraneo en ese lugar. Desde allí, las familias prominentes de Honduras organizan bodas, fiestas, agasajos, reciben a visitantes extranjeros y también, parece ser, previa escala por la Base de Soto Cano, organizan golpes de Estado.  
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