03 febrero, 2008

MUJERES: Virtudes femeninas para líderes de ambos sexos

Por Miren Gutiérrez*

ROMA, ene (IPS) - ¿Existe una manera femenina de ejercer el liderazgo? La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, sugirió una respuesta posible al afirmar que no pretende gobernar mediante la imposición, sino por el consenso.

"No quiero generalizar, pero el estilo de liderazgo de muchas mujeres puede describirse como 'de delegación de poderes' o 'consensual': construyen estructuras en las que comparten responsabilidades lo mejor posible. Así crean, a menudo, otros nuevos tipos de conducción", dijo a IPS Ayesha Kajee, investigadora del Instituto Sudafricano de Asuntos Internacionales.

"Dado que las mujeres tienden, además, a discutir los problemas más abiertamente y a utilizar el 'pensamiento grupal' en la búsqueda de soluciones, con frecuencia esas soluciones son más aceptables para los equipos de trabajo", agregó Kajee, también integrante del consejo del capítulo sudafricano de Transparencia Internacional.

"Algunos describen esos estilos como maneras inherentemente femeninas de interactuar, pero tanto hombres como mujeres deberían aprender estos mecanismos de liderazgo", agregó.

Kajee recordó, en ese sentido, la intención declarada de la presidenta de Liberia, Ellen Johnson-Sirleaf, de "llevar al gobierno cualidades femeninas, lo cual constituye un elemento muy importante en un país devastado por horrendos crímenes y violaciones de derechos humanos".

"Pero esto no significa negar la necesidad de un líder fuerte en Liberia", consideró la experta, para quien la jefa de Estado liberiana "tiene las dos cosas".

Por un lado, explicó, esta ex funcionaria del Banco Mundial posee "la tradicional fuerza de voluntad, ambición y determinación asociada con (la imagen de) los líderes africanos", lo cual "le evitará sufrir abusos a manos del 'club de viejos muchachos'", pues le permite "librar la mayoría de las batallas" en un pie de igualdad.

Por otra parte, Johnson-Sirleaf también tiene "las cualidades de alimentar, reconciliar y sanar que su destrozada nación requiere para reconstruir el espíritu nacional y la dignidad humana colectiva", afirmó..

La sugerencia de que pueda existir un estilo de liderazgo específicamente femenino resulta, inevitablemente, controvertida.

Joanne Sandler, subdirectora ejecutiva de programas del Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (Unifem), se manifestó reticente a incurrir en el "argumento esencialista" según el cual las líderes tienen un modo diferente de ejercer el poder.

"Alguna evidencia tiende a ser verdadera, pero no se puede decir que todas las mujeres construyan el consenso y que los hombres no", dijo. "Pero creo que también es cierto que, en cierto grado, la negociación política probablemente sea vulnerable a las diferencias de género."

Sandler fundamenta esa suposición en que los países en que las legisladoras superan 30 por ciento de los escaños parlamentarios y las ciudadanas tienen un acceso más fácil a posiciones de liderazgo "tienden a tomar en cuenta con más frecuencia los derechos femeninos" en sus decisiones.

En esos países, agregó, "las políticas de atención a la infancia, de seguridad y de educación, asuntos a menudo asociados con las mujeres, comienzan a priorizarse. No quiero decir que a los hombres no les importen, pero pienso que hay evidencias de que la teoría de la masa crítica es válida".

Charlotte Bunch, directora ejecutiva del Centro para el Liderazgo Global de las Mujeres de la estadounidense Universidad de Rutgers, dijo a IPS que "existe un estilo de conducción más 'colaborativo' que a muchas les gusta más y les parece más cómodo".

"Esto es probable, aunque yo no lo llamaría 'estilo femenino', porque algunos hombres son así y algunas mujeres no. Pero se trata de una construcción cultural que el mundo cada vez necesita más", según Bunch.

Los hombres también pueden tomar las decisiones correctas para las mujeres. "El cambio se debe no sólo a quién es el presidente o la presidenta, sino también a quién él o ella designa", señaló Sandler.

"En Ruanda, un jefe de Estado hombre (Paul Kagame) apoya una política de equidad de género. Como consecuencia, Ruanda tiene la mayor proporción de mujeres en el parlamento. La combinación de un presidente que apoya y más puestos clave en manos femeninas transforma la estructura política. Entonces, empiezan los cambios", agregó.

Johnson-Sirleaf, la primera ministra de Nueva Zelanda, Helen Clark, y otras jefas de Estado y de gobierno son "líderes que no sólo llegaron al cargo, sino que mantuvieron su compromiso en materia de desarme nuclear, seguridad global, derechos femeninos", según Sandler.

"Una líder mujer no garantiza" cambios positivos "pero algunas de ellas cambiaron el statu quo", sostuvo.

En ese sentido, Bunch recordó que "los liberianos estaban desesperados por un cambio, así que Johnson-Sirleaf tuvo un impacto considerable". En cambio, la ex primera ministra británica Margaret Thatcher (1979-1990) "no fue electa para cambiar nada y su partido tampoco quería un cambio."

"Lo que determina el cambio es una base de poder político que lo quiere. Y Liberia es un buen ejemplo", dijo Bunch.

Sandler añadió que Liberia tiene una ministra para el Desarrollo de Género, a cargo de Varbah Gayflor, y mujeres en carteras clave como la de Relaciones Exteriores (Olubanke King-Akerele) y la de Finanzas (Antoinette Sayeh).

Eso se debe a que "hay una mujer fuerte como presidenta", sostuvo. Y liderazgo fuerte no significa liderazgo masculino.

Además, según Bunch, la presencia de mujeres en puestos de liderazgo puede resultar inspirador a otras mujeres.

"Ver a unas mujeres accediendo al poder no cambia las cosas para las otras. Hace que las niñas se vean en puestos de poder, que sepan que pueden ser poderosas. Que esto tenga fuerza transformadora dependerá de las líderes", opinó.

* Éste es el segundo de una serie de tres informes sobre mujeres y liderazgo político a cargo de la editora jefa de IPS, Miren Gutiérrez.

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